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No es si quiere entregar Durango; es ver si lo dejan conservarlo

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No es si quiere entregar Durango; es ver si lo dejan conservarlo

No es si quiere entregar Durango; es ver si lo dejan conservarlo

VÍCTOR MONTENEGRO

El gobernador de Durango decidió iniciar públicamente el año adelantado su reloj político. Quizás no lo haya hecho mediante un destape explícito, sino con un mensaje cargado de símbolos, advertencias y posicionamientos que, en el fondo, marcan el arranque real de la sucesión gubernamental de 2028.

Lo cierto es que a Esteban Villegas se le ha venido el tiempo encima, sin haber alcanzado prácticamente nada, justo cuando su administración entra a la segunda mitad del sexenio en un contexto que, más que de consolidación y de la construcción de un "gigante", huele a desgaste de balatas a punto de tomar el inevitable tramo de declive.

En un encuentro a inicios de semana con la prensa afín a su gobierno, el mandatario dijo que no entregaría el estado a Morena; no obstante, lo afirma con una vehemencia que podría revelar más nerviosismo que seguridad, o como una reacción defensiva frente a un escenario político cada vez más complejo para él.

Y es que señalamientos por la inseguridad, presiones desde la federación, una detención incómoda -la de 'El Limones'- y la inclusión de su nombre en plataformas digitales que documentan presuntos vínculos entre políticos y crimen organizado, colocan a Esteban Villegas bajo la lupa de la Cuarta Transformación, le guste o no.

La narrativa del gobernador -además del gigantismo- busca construir una imagen de resistencia: un mandatario que, pese a declararse "claudista" y mantener una relación cordial con la presidenta Claudia Sheinbaum, no está dispuesto a ceder el control político del estado. Sin embargo, el discurso contrasta con la realidad.

En los hechos, fue el gobierno federal el que terminó actuando en La Laguna, ante la inacción estatal frente a extorsiones que empresarios y productores denunciaron públicamente. La captura de 'El Limones' no sólo exhibió un vacío de autoridad local, sino que abrió una caja de Pandora cuyos alcances aún se desconocen. Es ahí, donde está el verdadero nudo.

No se trata de si Esteban quiere o no "entregar" Durango, sino si podrá sostener un relevo controlado bajo la presión de la federación, especialmente si de las investigaciones federales surgen datos que comprometan a actores de su administración. En ese contexto, la sucesión deja de ser un ejercicio de fuerza electoral y se convierte en un delicado equilibrio de supervivencia política.

Los anuncios de inversiones que no llegan y las promesas de estabilidad, fluyen en un ambiente político enrarecido que está pesando más que las cuentas alegres. La sucesión gubernamental ya comenzó y no será tersa. Durango se dirige a un proceso donde el relevo del poder estará condicionado no sólo por las urnas, sino por lo que ocurra en los escritorios de la federación.

EN LA BALANZA.- Todas las señales apuntan a que Toño Ochoa, presidente municipal de Durango, sea el delfín del gobernador rumbo al 2028. Un panista que ha construido una plataforma política nada ortodoxa o de circo, como lo llaman algunos, pero con evidentes fines electorales. Esteban Villegas ya le dio el espaldarazo; sin embargo, será el bueno a menos que se convierta al priismo, porque su líder nacional, el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Jorge Romero, ya se las cantó desde octubre pasado que no habrá alianza o coalición alguna con el Revolucionario Institucional, una decisión que le asiste tomar al CEN de Acción Nacional, no al Bicentenario.

X: @Vic_Montenegro

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