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No tengo fuerza de voluntad… mejor inyécteme algo

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No tengo fuerza de voluntad… mejor inyécteme algo

VANESSA BARDÁN PUENTE

Si pudiéramos asomarnos al buscador de internet, descubriríamos que millones de personas hacen prácticamente la misma pregunta todos los días. ¿Cómo bajar de peso? El sobrepeso y la obesidad se han convertido en una de las mayores preocupaciones de salud del siglo XXI. Cada vez más personas buscan cómo bajar de peso, no solo por estética, sino por los riesgos que representa para su salud.

Qué paradoja vivimos, una parte del mundo lucha por perder peso y otra lucha por no morir de hambre. Mientras unos buscan la dieta perfecta, otros simplemente buscan un plato de comida.

Vivimos en la era de la inmediatez. Queremos bajar diez kilos en un mes, dormir ocho horas con una pastilla, eliminar la ansiedad con una aplicación y resolver años de malos hábitos con una inyección. Nos hemos acostumbrado a buscar resultados rápidos sin detenernos a pensar si realmente estamos cambiando la causa del problema o solo maquillando sus consecuencias. Antes la pregunta era: ¿Cómo bajo de peso? ahora es: ¿Dónde consigo la pluma?

De pronto aparecieron palabras que hace unos años nadie conocía: Ozempic, Wegovy, Mounjaro… y pareciera que todos conocemos a alguien que bajó 18 kilos casi sin darse cuenta. Y entonces nace una peligrosa conclusión: El problema nunca fue mi alimentación… era que me faltaba una inyección…

Los medicamentos pueden ser una herramienta extraordinaria y, para muchas personas con obesidad o diabetes, representan un tratamiento que mejora su salud y calidad de vida. Pero ningún medicamento puede reemplazar hábitos que nunca aprendimos. El verdadero problema muchas veces no empieza en el estómago. Empieza aquí: “Hoy fue un día pesado… me merezco un helado de vainilla.” “Estoy triste… voy por una pizza.” “Estoy aburrido… ¿qué habrá en el refrigerador?” “El lunes empiezo.”… y ese lunes lleva esperando desde 2017.

La fuerza de voluntad tiene muy mala fama. Todos dicen: Yo no tengo. Pero la realidad es que sí la usamos, solo que a veces en otras cosas. Tenemos fuerza de voluntad para ver seis capítulos seguidos de una serie o para contestar mensajes a las once de la noche. Lo difícil no es tener voluntad, lo difícil es construir hábitos cuando la recompensa tarda en llegar.

La alimentación es mucho más que el acto de comer, es la forma en que proporcionamos a nuestro cuerpo la energía y los nutrientes necesarios para que cada órgano funcione correctamente. Una alimentación equilibrada favorece la salud física, el estado de ánimo, la calidad del sueño y el adecuado funcionamiento del cerebro.

El estómago tiene la capacidad para “digerir” no solo los alimentos, sino también las experiencias de la vida, los malestares estomacales refleja dificultades para aceptar situaciones, manejar preocupaciones o procesar emociones. Así como cuidamos lo que ponemos en nuestro plato, también vale la pena cuidar aquello que alimenta nuestra mente y nuestras emociones.

La meta no es comer perfecto. La meta tampoco es vivir a dieta. La meta es construir una vida donde la comida deje de ser la respuesta para todo.

Si un médico indica un medicamento para bajar de peso, maravilloso, pero incluso con la mejor pluma del mundo, todavía habrá que aprender algo que ninguna farmacia vende: Comer cuando hay hambre y no solo cuando hay emociones. Descansar lo suficiente. Manejar el estrés. Ser paciente. Tratarse con respeto.

Los medicamentos pueden abrir una puerta, pero quien aprende a caminar es la persona. La mejor herramienta no es una pluma; es un cerebro que aprende nuevos hábitos y un corazón que deja de pelearse consigo mismo.

Porque bajar de peso puede cambiar el cuerpo. Pero cambiar los hábitos… ¡transforma la vida!. La salud no depende únicamente de una inyección ni únicamente de la voluntad; depende de un tratamiento integral, hábitos sostenibles y, cuando corresponde, del apoyo médico adecuado.

Entonces la pregunta no debería ser: “¿Qué me hará bajar de peso más rápido?”, sino: “¿Qué hábitos puedo mantener durante los próximos diez años?” Porque lo rápido suele ser motivador... pero lo constante es lo que realmente cambia una vida.

Escrito en: Cariñoterapia hábitos, bajar, solo, salud

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