Kiosko

CARIÑOTERAPIA

Nos quejamos de los hombres... pero se las ponemos fácil

Nos quejamos de los hombres... pero se las ponemos fácil

Nos quejamos de los hombres... pero se las ponemos fácil

VANESSA BARDÁN PUENTE

Hay que decirlo sin azúcar ni filtro: muchas mujeres nos quejamos de que los hombres no se comprometen, no maduran, no escuchan, no respetan tiempos, límites ni emociones... y mientras tanto, ¿qué hacemos nosotras? Les contestamos el mensaje a los dos minutos, les cocinamos aunque ni nos hayan invitado a cenar, les explicamos con diagramas lo que deberían ya saber por sentido común, y les damos una y otra y otra oportunidad como si fueran cupones del súper.

Sí, nos quejamos... pero a veces también les damos clase gratuita, cariño premium y cero consecuencias. Y lo peor: ¡agradecidos no están!

No se trata de odiarlos ni de jugar al “todos son iguales”, pero sí de dejar de regalar tanto poder emocional, atención ilimitada y pedagogía amorosa a quien apenas y sabe qué quiere desayunar. Ellos hacen lo que nosotros permitimos. Y muchas veces permitimos de más, por miedo, por esperanza, o por el famoso “pero es que conmigo es diferente”.

¿Será que llegó la hora de ponerle precio al boleto emocional? ¿De que el amor se gane, no se regale?

Porque, seamos sinceras, nosotras hemos armado relaciones tipo buffet: todo incluido, sin condiciones. Cariño, paciencia, segunda oportunidad, terapia express, “no pasa nada”, “yo te entiendo”, “debe ser su infancia”, y hasta rezamos para que “ahora sí” cambien. ¿Y ellos? A veces ni se lavan bien los dientes antes de verte.

¿Será que ya va siendo hora de dejar de jugar a las rescatadoras emocionales, terapeutas no tituladas y mujeres con posgrado en comprensión?

Quizá llegó la hora de ponerle precio al boleto emocional. No económico, claro. Pero sí de valor. Que si quieren subirse al tren de nuestra vida, mínimo se presenten con boleto en mano, intención clara, y pasaporte emocional vigente. ¡Y sin escalas en ex tóxicas! Ya basta de dar pase VIP a quien ni siquiera hizo fila.

El boleto emocional no es una cortesía, es un derecho que se gana. No lo otorgan las hormonas, ni el hambre de amor, ni las fantasías que nos hacemos cuando alguien nos contesta rápido un WhatsApp.

El boleto emocional se entrega a quien sabe sostener una conversación sin desaparecer. Tiene la madurez de verse a sí mismo y no huir de la incomodidad. Se hace cargo de sus heridas, en vez de convertirlas en dagas envenenadas para otros. Se presenta con coherencia, lo que dice, lo que hace, lo que vibra.

Porque ¿sabes qué pasa cuando no pedimos ese boleto? Que terminamos con polizontes emocionales. Gente que se sube a nuestro corazón sin pagar ni con presencia, ni con reciprocidad, ni con responsabilidad afectiva. ¡Y ahí vamos nosotras, sirviéndoles café, mientras ellos ni saben a dónde va el tren!

El merecimiento no es soberbia, es autoestima con raíces, es una vibración interna que te impide conformarte con menos. Merecer es, saber que no tienes que mendigar migajas cuando tú estás hecha para banquetes. No abrir tu energía a quien no tiene intención de quedarse, construir o cuidar. Comprender que tu amor es medicina, y quien lo reciba debe saber recibirla con respeto.

Merecer es dejar de invertir en amores que llegan en modo prueba gratuita y luego se quejan del contrato.

Si tú eres una mujer que ama con profundidad, cuida con ternura y tiene el alma despierta... ¡hazte responsable de quién entra a tu mundo! Porque tu corazón no es albergue de paso. Es templo. Y a los templos no se entra con zapatos sucios ni sin intención de arrodillarse ante lo sagrado.

Porque el amor verdadero no se ruega, se honra. Y si alguien no sabe cómo... que se quede en la estación viendo cómo brilla el tren desde lejos.

Escrito en: CARIÑOTERAPIA hombres mujeres salud mental quien, boleto, intención, veces

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Kiosko

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas