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Orgullo sepultado

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GERARDO HERNÁNDEZ

La polémica por el Sistema Metropolitano de Movilidad regresó al centro del debate luego de que el alcalde sustituto, Miguel Riquelme, afirmara que el Metrobús «fue un esfuerzo cancelado y castigado por la Federación». El edil anticipó un plan alternativo de modernización que aprovechará la infraestructura ociosa del proyecto original. Aunque la reestructuración del transporte es urgente, reciclar obras deterioradas por el abandono amenaza con disparar los costos de rehabilitación. El factor tiempo juega en contra de la administración municipal, a la cual le restan apenas 17 meses para consolidar el nuevo modelo antes de concluir el periodo constitucional.

La ruta institucional idónea exige elaborar un peritaje técnico, aclarar la situación jurídica del Metrobús y deslindar responsabilidades por el abandono de una obra que debió entregarse desde 2018. Los antecedentes de irregularidades están documentados: la Auditoría Superior de la Federación (ASF), en su Informe Individual de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública, advirtió formalmente que «en términos generales, el Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza no cumplió las disposiciones legales y normativas aplicables en la materia». Retomar el proyecto sin resolver este pasivo legal y físico resultaría financieramente irresponsable.

La Unidad de Control y Auditoría revisó 49 de los 373 conceptos del Metrobús (BRT); este paquete sumó 149.2 millones de pesos, representando casi el 80 % del gasto ejercido en 2018. Tras la inspección, la dependencia reportó obras de mala calidad y pagos indebidos por más de 16 millones de pesos. El desglose de los 19 resultados obtenidos es contundente: cinco no arrojaron anomalías, seis fueron solventados y los ocho restantes derivaron en promociones de responsabilidad administrativa sancionatoria, las cuales incluyeron siete pliegos de observaciones.

Originalmente, la obra se planeó para «mejorar el bienestar de los usuarios del transporte público en la Zona Metropolitana de La Laguna» a través de un sistema masivo tipo BRT. Entre las metas prometidas destacaban la reducción de los tiempos de traslado y de los costos de operación vehicular. No obstante, el rigor técnico sepultó las promesas: «en la revisión del análisis costo-beneficio del proyecto BRT Corredor Troncal de La Laguna, elaborado en noviembre de 2014, se observó (…) una deficiente planeación debido a que no cumplió con el plazo de dos años programado para la ejecución del proyecto de inversión, el cual debió concluir y entrar en operación en 2016».

Bajo esas condiciones, resultaba imposible «incrementar el bienestar de los usuarios del transporte público de la Zona Metropolitana de La Laguna». Durante las verificaciones físicas realizadas en mayo y octubre de 2019, una inspección conjunta de la ASF y autoridades estatales constató que la construcción de la terminal Nazas estaba completamente suspendida, mientras que las obras en los tramos 1, 2 y 3 continuaban rezagadas en proceso de ejecución.

El informe de 35 páginas detalla cada una de las nueve revisiones practicadas, las observaciones detectadas y las aclaraciones presentadas por el Gobierno del Estado, de las cuales unas fueron aceptadas y otras refutadas. Convertido en una obra inútil y plagada de irregularidades, el Metrobús Laguna quedó reducido a ruinas. Pese a la evidencia física y contable, el presidente Enrique Peña Nieto archivó el proyecto como un compromiso presidencial cumplido. El elefante blanco está en la sala: todos lo ven, pero las autoridades lo ignoran. El orgullo lagunero quedó sepultado bajo el peso de la incuria y la impunidad.

Escrito en: OPINIÓN proyecto, Metrobús, obra, obras

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