
Otra guerra criminal se cierne contra el Líbano
Hace seis semanas Netanyahu y Trump desataron una guerra de agresión contra Irán, cuyas desastrosas consecuencias se extenderán por largo tiempo en toda la región.
Megalómanos, no calcularon la preparación y capacidad de respuesta del régimen teocrático iraní, ni sopesaron bien las repercusiones locales y globales que sobrevendrían más allá de apostar a su descabezamiento. Israel y Estados Unidos mantienen objetivos y estrategias muy distintas.
Las secuelas alcanzarán a varias generaciones, aun si el conflicto bélico concluyera mañana. No se vislumbra el fin próximo, como tampoco una pronta salida diplomática; hay mucha desconfianza después de tantos engaños.
Persisten las amenazas de “devolver [a Irán] a la edad de piedra”, mientras prosiguen ataques contra plantas de desalinización, puertos de embarque, depósitos y almacenes de hidrocarburos, fábricas de manufacturas, plantas siderúrgicas y petroquímicas, de electricidad y gas, incluso contra instalaciones nucleares. Irán sigue siendo capaz de realizar ataques letales contra objetivos civiles, militares y estratégicos en Israel y de golpear instalaciones estratégicas en el Golfo, vinculadas con los intereses y empresas estadunidenses en la región.
La Guardia Revolucionaria aun controla y cobra el paso de buques por el estrecho de Ormuz.
Nada en el Medio Oriente será como antes del 28 de febrero. Los países vecinos, particularmente las monarquías del Golfo, arrastrados a un conflicto que no imaginaron y vieron venir demasiado tarde, resentirán por años los ataques de Irán, siendo sus principales víctimas.
Solos en su defensa, se sienten traicionados por Estados Unidos. Todo como consecuencia de aquellaotra guerra prolongada e ilegal, que persiste después de 555 días y más de 72 mil palestinos muertos víctimas de un genocidio. Palestina podría quedar atrapada en el olvido, entre los escombros en la franja de Gaza y la violenta reocupación de Cisjordania.
Sin embargo, la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, cuyos demenciales desenlaces amenazan en un segundo frente con arrasar al Líbano, en otra guerra impuesta. Una que el pueblo ni el gobierno libanés eligieron, una guerra ajena y criminal que podría poner en grave riesgo la delicada convivencia confesional.
Empecinado en una recurrente confrontación con Hezbollah, el gobierno de Netanyahu estáaplicando en el sur del Líbano el método de aniquilación incremental, de tierra arrasada, seguido en Gaza.
Por ello ha ordenado la evacuación de una franja de 45 kilómetros sin ocultar sus objetivos: volver a invadir y ocupar en forma prolongada el 10% del territorio del pequeño país vecino, en crisisperene, para establecer una zona tampón.
Como en Irán, a pesar de la urgencia, una desescalada parece muy difícil y distante. Lo que el Líbano está viviendo es la intensificación y ampliación de la guerra desatada en 2024 con bombardeos israelíes diarios contra población civil en los suburbios de Beirut, el desplazamiento forzadode más de un millón de personas, obligadas a abandonar sus hogares.
Cientos de miles de refugiados, atemorizados, han acatado las órdenes de evacuación inmediata, antela imposibilidad de afrontar la destrucción sistemática de edificaciones y viviendas, incluyendo la inutilización de la infraestructura civil, de carácter vital, como hospitales, escuelas y puentes. Israel busca con ello impedir cualquier intento de retorno para avanzar y controlar hasta el río Litani, establecer de facto una nueva demarcación fronteriza, incomunicar a la ciudad de Tiro, presionar y esperar la salida de la Fuerza interina de Naciones Unidas para el Líbano (FINUL) cuyo mandato podríaterminar en diciembre.
Mientras tanto, las situaciones de emergencia se multiplican y el país entero requiere ayuda humanitaria y financiera con extrema urgencia.
Los esfuerzos de las Naciones Unidas no han cejado. Tres cascos azules de la FINUL han resultado muertos a consecuencia de la ofensiva terrestre lanzada por las fuerzas israelíes en medio de combates directos con milicianos chiitas de Hezbollah.
Este, no fue derrotado, consiguió recomponerse en la retaguardia, resistir y ser capaz de lanzarcohetes, drones y misiles contra objetivos dentro de Israel.
El gobierno del primer ministro Nawaf Salam, junto con el presidente Joseph Aoun se han deslinado de las decisiones de Hezbollah, proscribiendo sus operaciones militares. Incluso han reiterado junto con el líder parlamentario Nabih Berri su disposición para iniciar y sostener conversaciones directas con el gobierno de Israel, las cuales podrían eventualmente conducir al cese de hostilidades y sentar lasbases de una solución política negociada, sostenible, dificilísima hoy de alcanzar, dados los negativos antecedentes históricos y las continuas violaciones.
Se cuentan por miles los heridos y muertos libaneses registrados desde principios de marzo.
En el Consejo de Seguridad la coordinadora especial para el Líbano señaló que a pesar de que Israel ha declarado que sus intenciones no son atacar al ejército libanés ni tampoco ir contra los ciudadanoslibaneses, el hecho es que “las acciones militares en curso no aportarán soluciones duraderas … apostar por un acuerdo regional para resolver los problemas del Líbano sería un grave error.
La prioridad debe ser abordar el futuro de Hezbollah contemplar posibles vías para conseguirsu desarme, cortar sus redes de financiamiento y fortalecer al Estado libanés para garantizar la seguridad y estabilidad.”
La valiente denuncia de un joven diplomático libanés, funcionario de Naciones Unidas, Mohamad Safa, ha prendido las alarmas: “La posibilidad del uso de armas nucleares [en el Medio Oriente] debetomarse muy en serio. Es peligroso. Actúen ahora. Difundan este mensaje por todo el mundo.
Salgan a las calles. Protesten por nuestra humanidad y nuestro futuro. Sólo la gente puede detenerlo. Lahistoria nos recordará”.
@JAlvarezFuentes