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Padre, adulto y niño: la trilogía que vive en ti

Padre, adulto y niño: la trilogía que vive en ti

Padre, adulto y niño: la trilogía que vive en ti

VANESSA BARDÁN PUENTE

Todos llevamos dentro un trío dinámico que maneja nuestra vida: el Padre, el Adulto y el Niño, que influye en nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

El Padre es ese sabelotodo interno, es la voz interna de la guía y las reglas. Nos da estructura, nos protege y nos recuerda lo que está bien o mal. Puede ser nutritivo (apoyo, consejos) o crítico (juicioso y controlador). Siempre tiene algo que decir. “¿Ya comiste? ¿Te abrigaste? ¿De verdad vas a salir así?” Es útil, sí, porque nos guía y nos da reglas. Pero a veces es como ese amigo que te llama a las 8 a.m. un domingo para recordarte que tienes que ser responsable. Sin él, probablemente comeríamos helado para el desayuno y pensaríamos que los lunes no existen.

El Adulto es el CEO de tu cerebro, es la parte que analiza, evalúa y toma decisiones racionales. Es la parte racional, lógica y consciente. Analiza situaciones, toma decisiones basadas en hechos y no en emociones ni hábitos. Permite responder en vez de reaccionar impulsivamente. Es como tú “yo versión ejecutiva”: revisa los pros y contras, calcula riesgos y hasta agenda tu café de la tarde. Es el héroe silencioso que te salva de mandar mensajes de furia a tu ex o evita realizar esa compra inútil que viste en Amazon.

El Niño es la chispa que hace la vida divertida. Es la fuente de emoción, creatividad y espontaneidad. Contiene nuestras alegrías, miedos, deseos y recuerdos de la infancia. Nos conecta con la diversión, la intuición y la capacidad de soñar. Ah, el Niño… esa chispa traviesa y creativa que grita: ‘¡Quiero saltar en los charcos y comer chocolate antes de cenar en medio de una reunión con tu jefe. Nos conecta con la alegría y la imaginación. Sin él, la vida sería tan predecible que hasta los atardeceres perderían su sorpresa.

Todos tenemos un Padre que sermonea, un Adulto que planifica y un Niño que quiere helado a las 3 a.m. La clave es escucharlos, pero no dejar que peleen demasiado entre ellos, aunque, admitámoslo, a veces verlos pelear es lo más entretenido de tu vida interna.

La gran lección es saber convivir con los tres, la vida es equilibrar la guía, la lógica y la diversión… y aceptar que, a veces, tu Niño termina ganando… y eso está bien. La armonía entre estos tres estados del yo nos permite tomar decisiones conscientes, relacionarnos mejor con los demás y vivir de forma más auténtica.

Tu Padre puede estar sermoneando, tu Adulto planeando y tu Niño bailando arriba de la mesa de la cocina… tu Padre sigue dando órdenes, tu Adulto hace cuentas y tu Niño come galletas a escondidas… Padre, Adulto y Niño conviven dentro de ti, uno regaña, otro planifica, y el último ríe a carcajadas y todo está bien... Porque la vida sería demasiado aburrida si todos fueran Adultos todo el tiempo… Si todos fueran Adultos todo el tiempo, la vida sería gris, la vida sería un manual de reglas. Gracias a mi Niño, aún hay helado y travesuras a deshoras, que le dan sabor a los días. Y gracias a mi Adulto, puedo sostener, elegir y construir lo que quiero.

Aprendo a no callar a ninguno, sino a dejarlos convivir. Porque en ese equilibrio, la vida no solo se entiende, también se disfruta Y sí… a veces mi Adulto hace presupuesto…mientras mi Niño ya se gastó todo en zapatos. Pero bueno… para eso voy a terapia, ¿no?

Escrito en: Cariñoterapia vida, Adulto, Niño, Padre

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