
Palacio de las Lágrimas, un edificio con historia en Durango
En la esquina de 5 de Febrero y Juárez, justo en el corazón del Centro Histórico de Durango, hay un edificio que forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Miles de personas pasan frente a él todos los días y lo reconocen como un punto más del centro. Pero pocos saben que detrás de esa fachada se encuentra el Palacio de las Lágrimas, un inmueble construido en 1894 que ha visto pasar más de 130 años de historia.
Mucho antes de convertirse en el lugar que hoy ocupa McDonald’s, esta esquina tuvo otros negocios y otras historias. Rebocería, paletería y hasta una nevería, un espacio para distintos comercios. Su actividad ha cambiado con el tiempo, pero el edificio permanece como uno de los ejemplos de la arquitectura de finales del siglo XIX que todavía pueden encontrarse en la capital, incluso, la Secretaría de Cultura lo tiene registrado dentro del catálogo de monumentos e inmuebles coloniales, artísticos e históricos de México.
TESTIGO DEL CAMBIO EN DURANGO
La esquina de 5 de Febrero y Juárez no es cualquier punto de la ciudad. Se encuentra dentro del entorno del primer trazo urbano de Durango, establecido después de su fundación en 1563. Con el paso de los siglos, esta zona se convirtió en uno de los espacios más importantes de la vida urbana y comercial de la ciudad.
Fue ahí, a finales del siglo XIX, cuando comenzó la historia del inmueble que hoy se conoce como Palacio de las Lágrimas. Construido en 1894, el edificio nació en una época en la que Durango experimentaba importantes transformaciones urbanas y comerciales.
Durante sus primeros años albergó la Rebocería de Loweree Hermanos, un negocio que alcanzó notoriedad y que permaneció en el inmueble durante varios años, hasta desaparecer durante los convulsos años de la Revolución Mexicana.
Desde entonces, la historia del edificio ha estado ligada a la actividad comercial de la ciudad.

UNA FACHADA QUE NO PASA DESAPERCIBIDA
Parte de la importancia del Palacio de las Lágrimas está en lo que todavía puede verse desde la calle. Su característica esquina en pancoupé, o chaflán, hace que el edificio tenga una presencia particular dentro de la manzana. A esto se suma el trabajo de cantera, los balcones de hierro forjado y los detalles arquitectónicos que corresponden al gusto de finales del siglo XIX.
La fachada incorpora columnas dóricas, ventanales con cartelas y cornisas curvas, además de un frontón triangular que remata el conjunto. Uno de sus elementos más llamativos es la herrería de los balcones, cuyo diseño ha sido descrito como semejante a una caligrafía.
Son detalles que quizá pasan inadvertidos entre el movimiento cotidiano del centro, pero que permiten reconocer la intención arquitectónica con la que fue construido el inmueble.
¿POR QUÉ ES EL PALACIO DE LAS LÁGRIMAS?
Como ocurre con muchos edificios antiguos, alrededor del Palacio de las Lágrimas también se construyó una historia que mezcla memoria, tradición y leyenda.

Una de las versiones señala que el nombre surgió a partir de la muerte de tres trabajadores durante la construcción del edificio. Otra cuenta que fueron las propietarias quienes derramaron lágrimas al verse obligadas a vender la propiedad.
Ambas versiones forman parte de la tradición oral alrededor del inmueble, leyendas que pasan y pasan con las generaciones.
DE LOS REBOZOS A LAS NIEVES
Uno de los primeros establecimientos asociados con el inmueble fue la Rebocería de Loweree Hermanos, dedicada al comercio de rebozos y otros artículos. Décadas más tarde, la esquina tendría uno de sus capítulos más recordados con la llegada de la Paletería y Nevería Excélsior, relacionada con Aurelio de la Parra.
El establecimiento se convirtió en un negocio tradicional para los duranguenses y permaneció activo hasta 1974.

UNA NUEVA ETAPA
Actualmente, el edificio alberga una sucursal de McDonald’s y para quien lo visita hoy, puede ser simplemente un establecimiento de comida rápida en el Centro Histórico. Sin embargo, basta mirar hacia arriba para encontrar una historia muy distinta a la del negocio actual, balcones de hierro, cantera, ventanas y detalles arquitectónicos que pertenecen a otra época.