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¿Pasa o no pasa la reforma electoral?

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¿Pasa o no pasa la reforma electoral?

¿Pasa o no pasa la reforma electoral?

OMAR ORTEGA SORIA

Después de meses de gran incertidumbre, muchas especulaciones y, sobre todo, muchos rumores, ya tenemos una iniciativa de reforma electoral presentada por la presidenta Sheinbaum que actualmente se está discutiendo en la Cámara de Diputados. Si bien es cierto, su contenido no sorprendió a nadie, ya que los principales puntos ya habían sido hechos públicos, sí era muy importante conocer el articulado.

Una de las propuestas más destacadas es transformar el sistema de representación proporcional tal como lo conocemos, obligando a que cada legislador gane su espacio directamente en las urnas; en el caso del Senado, pasaría de 128 a 96 escaños; mientras que, en la Cámara de Diputados, los 200 de representación proporcional tendrían una nueva forma de asignarse con los "mejores segundos lugares", evitando que las cúpulas partidistas designen a estos legisladores.

Además, la iniciativa propone disminuir el presupuesto y el tiempo en radio y televisión asignado a los partidos políticos; es más estricto con la fiscalización del dinero de campañas; incluye la mención a las acciones afirmativas; obliga a que los cómputos inicien la misma noche de la jornada electoral; contempla un etiquetado para el material generado por inteligencia artificial y propone un piso mínimo para los mecanismos de participación ciudadana, incluyendo reglas para que las consultas populares tengan una mejor difusión y que se utilicen mecanismos tecnológicos.

Cada uno de estos temas merece una mayor explicación, e indudablemente hay aspectos buenos y otros que merecen una mayor reflexión; sin embargo, todo parece indicar que la agenda pública, más allá de concentrarse en el contenido de las propuestas, se ha volcado a los cálculos sobre si dicha reforma tendrá los votos necesarios para ser aprobada.

Como se sabe, al ser de tipo constitucional, ningún partido por sí mismo cuenta con los votos necesarios para aprobarla, por lo que parece cuesta arriba que se pueda concretar, dando lugar a una especie de déjà vu de lo que vimos durante el sexenio pasado, abriendo la posibilidad de que esta reforma constitucional sea rechazada y se presenten solo reformas secundarias, que si bien es cierto no podrían, por ejemplo, disminuir el financiamiento a los partidos, su espacio en radio y televisión, ni eliminar 28 senadores, sí podrían tener un interesante margen de operación.

Por ejemplo, sería posible en leyes secundarias abordar la inteligencia artificial, la fiscalización, grupos vulnerables, medidas de austeridad, los cómputos inmediatos, por lo que una negativa de reforma constitucional no necesariamente implica que ya no se tengan cambios.

En última instancia, la iniciativa de la presidenta Sheinbaum es un intento de consolidar un nuevo modelo que elimine la mediación de las cúpulas partidistas en la integración del Congreso. El reto no es menor: transitar hacia un nuevo sistema de representación directa y aplicar principios de austeridad requiere una voluntad política que hoy parece chocar con la realidad aritmética. Si el debate se queda únicamente en el cálculo de votos, y no en la profundidad del articulado, México podría perder la oportunidad de perfeccionar sus instituciones, dejando nuevamente en el aire las demandas de la ciudadanía.

X @omarortegasoria

Escrito en: Pulso Electoral reforma, iniciativa, representación, parece

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