
¡Perdidos en Ventanas!
Esta semana, me permito hacer un paréntesis en la agenda electoral para poner el foco en un suceso que llamó la atención de la sociedad duranguense: el extravío de dos personas en el paraje conocido como Ventanas, mientras realizaban una caminata con un grupo de senderistas. Afortunadamente, tras horas de angustia y un despliegue de búsqueda, ambas personas pudieron regresar. Desde estas líneas, envío mi solidaridad a ellos y sus familias; nadie desea pasar una noche a merced de la naturaleza, enfrentando el frío y la incertidumbre de la oscuridad. Sin embargo, como alguien que ha recorrido varios senderos, considero que este incidente no debe quedarse solo en la anécdota, sino debe servir como una reflexión sobre la corresponsabilidad en las actividades al aire libre.
El senderismo vive un auge sin precedentes en Durango. Es una gran noticia que más personas busquen conectar con la naturaleza y aprovechar la riqueza natural de nuestro estado. Pero esta democratización del deporte implica un riesgo invisible: la falsa creencia de que caminar por el cerro es una actividad exenta de técnica o peligro. Para quienes no conocen la ruta, Ventanas (ubicada a unos 30 kilómetros de la capital por la carretera a La Flor) no es un simple paseo. Aunque el sendero está señalizado, requiere interpretación; implica un descenso pronunciado hasta el arroyo y un ascenso de regreso que exige capacidad aeróbica. Hablamos de aproximadamente 11 kilómetros con un desnivel acumulado de 400 metros, que incluye pasos técnicos donde un resbalón puede transformar una mañana de diversión en una situación de emergencia.
La montaña no perdona el exceso de confianza. En el senderismo, el equipo no es un lujo, es una herramienta de supervivencia. Todo practicante, por recreativo que sea, debería contar con calzado con buen agarre, la ropa adecuada, hidratación y comida de reserva, iluminación, una aplicación de celular de navegación y lo más importante: dejar aviso a un contacto externo sobre la ruta y hora estimada de retorno.Aquí es donde debemos trazar la línea de la responsabilidad compartida. Por un lado, el participante debe tener la humildad de reconocer su nivel físico y técnico. No basta con las ganas; hay que preguntar, investigar la ruta y no sobreestimar las propias capacidades.
Por otro lado, el organizador (sea una empresa formal, un club o un grupo de amigos) asume una responsabilidad moral y de cuidado sobre el grupo. El liderazgo en la montaña implica establecer protocolos claros: contar a los asistentes de manera constante, no permitir que el grupo se fragmente, verificar que todos lleven el equipo mínimo y contar con conocimientos básicos de primeros auxilios y gestión de crisis.
Hoy vemos grupos muy heterogéneos donde coinciden expertos con personas en su primera salida. Ojalá que este caso en Ventanas motive a los grupos de senderistas en Durango a profesionalizar sus protocolos y a los ciudadanos a ser más críticos y precavidos al elegir con quién y a dónde salen. El senderismo es libertad, pero esa libertad solo se disfruta plenamente cuando va acompañada de seguridad y respeto absoluto por la naturaleza.
X: @omarortegasoria