
Perdió su patrimonio y a sus perritos en la tromba, pero no la esperanza
La tarde del miércoles 5 de agosto, Laisha se encontraba de visita en casa de su mamá, en la colonia Maderera, pero nunca se imaginó que la lluvia que comenzó a registrarse en la ciudad se convertiría en una tromba que lograría derribar la barda de su nuevo hogar, junto con sus muebles y sus perritos, en la colonia La Virgen.
Laisha Marlenne, de 23 años, junto con su esposo y su hijastro de 10 años, acababan de mudarse al domicilio ubicado en la calle Las Margaritas, en la colonia La Virgen. Apenas iban a cumplir un mes en esa casa y habían comprado muebles para comenzar a formar su hogar; también era su espacio de trabajo para aplicar uñas.
Ella y su familia se suman a las personas que ese día perdieron su patrimonio a causa de la tromba que cayó en Durango capital y que, en cuestión de minutos, dejó bajo el agua vehículos, muebles y comercios, además de calles sin luz e intransitables.
A cinco días de lo ocurrido, recuerda con un poco de tranquilidad, pero aún con sorpresa y sentimiento, que estaba en la casa de su mamá cuando todo pasó. Fue su esposo quien le llamó para decirle que ya iba a la casa y preguntarle si estaba ahí, pues le habían avisado que la barda había caído y que el agua salía de su domicilio.
“Él me marca y me dice: ‘Oye, ahí voy’. Y yo dije: ‘¿A dónde?’. Y me dice: ‘¿No estás en la casa?’. Y le digo: ‘No’. Y me dice: ‘Es que me avisaron que cayó la barda’. Entonces empecé a frustrarme y lloré con mi mamá, porque lo que le contaron sonó muy extremo”, recuerda.
Como pudo, debido a que la lluvia continuaba en la ciudad y había calles por las que todavía no se podía pasar, se dirigió al domicilio a ver qué es lo que estaba pasando. Al mismo tiempo, la gente comenzó a mandarle videos y fotografías de su casa. Ella se desesperó al llegar por lo que vio e hizo una transmisión en Facebook entre sus amigos para pedir ayuda.
“Al llegar y ver que estaba saliendo todo, no, es una impresión increíble. Cuando empezaron a salir mis muebles, los muebles, mis perros, todo... O sea, algo que no lo crees, la verdad. En la casa estaba el esposo de mi suegra, nada más. Él es el único que estaba. Él dice que estaba comiendo. Escuchó que cayó la barda. Vio que venía el agua, entonces lo que hizo fue agarrarse de una ventana. Él pedía ayuda porque, de principio, el agua salía por las ventanas”.
Laisha justo ese día cumplía un mes rentando la vivienda, después los vecinos le comentaron que ya era la tercera vez que ocurría algo similar en esa casa, pues siempre se inundaba.

VECINOS AUXILIARON
Vecinos ayudaron a vencer la puerta de la entrada para que el agua que había alcanzado más de un metro y medio dentro del domicilio pudiera salir más rápido. Al darse cuenta de que la vivienda se había inundado, llamaron al 911 porque pensaban que Laisha y el niño se encontraban adentro.
“Ellos sí hablaron para pedir apoyo, pero pues nunca llegaron, hasta que yo empecé a transmitir en vivo. Ocupaba camionetas que me ayudaran a llevarme lo poco que había recuperado. Pero ya no había sala, área de trabajo, mesa de uñas, ni mis electrodomésticos, mi comedor, mi estufa, microondas, licuadora, cafeteras, teclas con vales eléctricos, mi refrigerador, una alacena con mandado, todos mis trastes”.
Entre el patrimonio perdido de la cocina, sala, área de trabajo, dos lavadoras aún con ropa, los muebles del baño y todo lo del interior. Sin embargo, lo que más le dolió fue la pérdida de dos de sus mascotas.
“Tenía tres mascotas ahí en el patio, que es donde cayó la barda. La barda cayó arriba de una de mis perritas y en ese instante perdió la vida. Era la barda de atrás de la casa que yo estaba rentando. Atrás hay un terreno solo y ahí es donde se juntó el agua, que no encontró salida y por eso es que cayó la barda y entró a la casa”.

Stacy era la perrita husky que murió; tenía seis meses. Tyson, otro husky, quedó herido; lo llevaron a recibir atención veterinaria y tuvieron que amputarle una patita. Duró tres días, pero después también murió.
Le queda Manchas, un perrito que, asegura, todavía se encuentra asustado. No quiere comer y duerme mucho.
Sus mascotas, después de que el agua las sacó de la casa, no se fueron, sino que se quedaron al frente, como esperando a que llegara.
Otra de las pérdidas fue el material que utilizaba para su trabajo de aplicación de uñas, actividad a la que se dedica desde hace dos años y con la que comenzó a reunir su equipo y todo lo necesario.
De ahí generaba el ingreso para su hogar, pero ahora solo cuentan con el salario de su esposo, quien es camionero en la ruta de Los Amarillos.

SOLIDARIDAD CIUDADANA
Aunque ese día Laisha no podía creer todo lo que había ocurrido, al ver que toda su familia se encontraba bien y que familiares, amigos y personas desconocidas comenzaron a enviarle mensajes de ánimo y apoyo, encontró esperanza para volver a empezar con su hogar, sobre todo porque ellos se encontraban bien.
Ese mismo día dejó el domicilio con lo poco que pudo rescatar. Ahora se encuentra en casa de su mamá, pero no abandona la idea de encontrar otra opción para vivir con su familia.
Hasta el momento, han sido personas de la sociedad civil y medios de comunicación quienes se han acercado para conocer su historia y buscar la empatía de la sociedad ante una pérdida como esta, en la que de un minuto a otro se quedó sin patrimonio.
“Lo que puedo decirles es que hay que valorar lo que tenemos porque de un día para otro lo perdemos, nunca sabemos qué pueda pasar. Y pues también cuidar nuestras calles, nuestras alcantarillas, que no se tapen, que no se junte la basura. Al gobierno, que debe estar más pendiente, que pueda evitar que situaciones así generen pérdidas, además de que acudan cuando se les pide la ayuda”.

Reconoce que mucha gente la ha contactado para ofrecerle ropa, zapatos, muebles y despensa, y ante la pérdida de su patrimonio dice que todo se agradece, aunque también permanece el sentimiento de que no hay marcha atrás.
Pese a que todavía atraviesa momentos en los que no puede creer lo que pasó, Laisha es una joven muy resiliente que, a su corta edad, ya se ha enfrentado a otras situaciones difíciles en su salud, pero siempre con una actitud positiva. Con el apoyo de su mamá, sus hermanas y las personas que la quieren, ha logrado seguir adelante.
“No te queda de otra más que seguir adelante, aun con todo el dolor en tu corazón. Espero que a las personas que me han ayudado, que Dios les multiplique todo lo que me han ayudado. Gracias a Dios, mi familia y yo estamos bien”.
Para las personas que quieran brindar cualquier ayuda a ella y su familia, pueden comunicarse al número 618 236 28 02.