
Pernicioso
La palabra Pernicioso es en verdad paradójica, pues su hermosura fonética contraría a su significación de algo terrible, es música y ponzoña al mismo tiempo.
Cuando la pronunciamos, empezamos con la oclusiva P, que nos connota fuerza, seguimos con la suavidad de la nasal N y terminamos con el siseo de la S y la apertura de la O. Esta armonía fonológica es contraria a su significación, tal vez por eso Cervantes no la incluyó, en absoluto, en su novela Don Quijote de la Mancha.
Lo pernicioso es lo abominable —palabra también muy musical y paradójica en relación con su significado—, lo dañino y lo perjudicial. Es también lo insidioso; suele usarse para ideas, hábitos o influencias morales que parecen inofensivos al principio, pero terminan siendo letales.
Desde un punto de vista gramatical y semántico, pernicioso está en grado positivo.
Sin embargo, su significado es tan intenso que funciona como un adjetivo fuerte o absoluto, cercano al superlativo.
Pernicioso proviene de la lengua latina, en la que el prefijo per- da la noción de algo llevado al extremo o que tiene grave intensidad, indica una acción realizada hasta su fin, con fuerza o de manera minuciosa (totalidad) y funciona frecuentemente como intensificador de la raíz a la que se une. Luego sigue la raíz de nex, necis (muerte violenta o matanza), y termina con el sufijo -osus (abundancia). Por tanto, desde su estructura podemos ver que se trata de algo que se realiza con el fin de dar muerte, pero no cualquier asesinato, sino uno muy intenso.
Sor Juana Inés de la Cruz utiliza el término en su obra más compleja y célebre, el poema filosófico Primero sueño, para referirse a la figura mitológica de Faetón, quien murió al intentar conducir el carro del sol. Para ella, Faetón no es solo un ejemplo de fracaso, sino un modelo pernicioso que inspira a otros a intentar hazañas imposibles a pesar del peligro. Quien emprende este tipo de acciones está influenciado por la soberbia, de ahí que lo tache de pernicioso.
En el siglo XIX fue la palabra estrella en los informes de censura de la época para prohibir periódicos o novelas que los moralistas consideraban una perniciosa influencia para el orden social.
En el ámbito médico, este adjetivo se utilizaba para designar enfermedades que necesariamente llevaban a la muerte, como cuando se hablaba de la anemia perniciosa, la que no tenía remedio y, cuando se diagnosticaba, se hacía el pronóstico de muerte inminente. Lo mismo sucedía antes de que se entendiera el paludismo, enfermedad que en los inicios del siglo XIX se conocía como la fiebre perniciosa. Las enfermedades perniciosas no constituían un daño súbito como una herida, sino un mal que minaba la salud desde dentro y se ocultaba tras síntomas comunes hasta que era irreversible.
Pero en otros ambientes la palabra fue aligerando su carga de mortalidad y designó lo maligno y abominable de cualquier naturaleza, aunque no llevara necesariamente al deceso.
Esta palabra fue favorita del erudito humanista español Marcelino Menéndez Pelayo en su magnífica obra Historia de los heterodoxos españoles. Ahí el autor tilda de perniciosos a quienes han difundido doctrinas contrarias a la fe católica dentro de España, tanto como a las doctrinas mismas. Según don Marcelino, son perniciosas las ideas que difieren del dogma católico. El libro es muy ilustrativo en diversos sentidos y recomendable por su excelente redacción y otros valores, aunque usted no esté de acuerdo con la fiel ortodoxia de su doctrina.
Otro autor que se complacía con esta palabra al hablar de ideas fue Jorge Luis Borges, quien usó este término con frecuencia en sus reseñas literarias para denunciar el “pernicioso historicismo” o ciertas modas intelectuales que, a su juicio, arruinaban el estudio del arte. Él, como gran lector de los clásicos, conocía la ausencia de esta palabra en el Quijote y jugaba con las lagunas léxicas para demostrar que el estilo de un autor se define tanto por las palabras que usa como por las que evita, aunque no explica por qué Cervantes no utiliza Pernicioso en su famosa novela.
Hemos visto que Pernicioso es una palabra que, a través del tiempo, viajó de la moral a la medicina, y de la medicina a la crítica intelectual.