
Piden trato digno para estudiantes indígenas en el albergue de El Mezquital
La difusión y denuncia de videos donde elementos de la Policía Municipal de El Mezquital, Durango, presuntamente violentan y hostigan a estudiantes dentro de las instalaciones del albergue durante la noche, no se ha investigado a fondo, de acuerdo con familiares de los jóvenes y los propios estudiantes.
Pese a que la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) reportó que ya se emitieron medidas precautorias y se determinó que los más afectados son estudiantes del Colegio de Bachilleres 17, Plantel Mezquital, estudiantes reportan que no hubo tal acercamiento ni revisión de las condiciones en que viven.
Familiares que prefieren mantener el anonimato por temor a represalias platicaron a El Siglo de Durango que, luego de la difusión de los videos, los estudiantes fueron llamados uno a uno por los directivos de la institución para decirles que no hablaran sobre el tema de los videos y las agresiones. Ahora nadie quiere decir nada por temor a ser violentado o expulsado.
De acuerdo con la información que proporcionaron familiares, los videos que se viralizaron, donde los jóvenes presuntamente están obligados a realizar actividad física en medio de la noche y reciben otros castigos físicos, son de junio de 2026, por lo que algunos de los que aparecen en el video ya no están en el albergue. A pesar de eso, esperan que no quede impune lo que sufrieron.
Otros jóvenes sí se encuentran todavía estudiando y dentro del albergue, y recuerdan que, tras las agresiones, debieron ayudar a sus compañeros hasta a comer, porque presentaban lesiones en las manos y mucho dolor en el cuerpo; no recibieron atención médica. Hubo otros más pequeños que se asomaron o querían ir al baño esa noche y fueron sumados a los castigos.
Expresaron que en el albergue aún se encuentra uno de los prefectos que recurría a esas prácticas con ayuda de policías municipales.
NECESITAN EL ALBERGUE
El albergue de San Francisco de El Mezquital da asilo a jóvenes indígenas que llegan a la cabecera municipal desde sus comunidades para estudiar. Depende directamente de la administración de la Presidencia Municipal y recibe apoyo para la alimentación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
Al lugar asisten más de 200 estudiantes de secundaria, bachillerato y licenciatura en situación vulnerable, por lo que, para continuar sus estudios, su única opción es permanecer en el albergue.
La cuestión económica es la principal razón por la que la mayoría de los estudiantes llegan ahí. Hay hermanos, primos o vecinos, y muchos que llegan solos sin conocer a nadie y sin poder expresarse en español completamente porque hablan su lengua O´dam.
Las familias esperan que los estudiantes reciban un trato digno y con calidez, ya que se encuentran fuera de casa, en algunos casos por primera vez, y lamentablemente con lo que se han encontrado son malos tratos, discriminación, entre otras dificultades que deben enfrentar.
La realidad que comentan los familiares es que los estudiantes pasan muchas situaciones dentro del albergue. No hay un tutor o tutora que realmente tenga la vocación para atenderlos, no reciben atención a la salud mental, a pesar de que ya se han presentado situaciones donde jóvenes expresan pensamientos suicidas y depresión.
En cuanto a sus estudios, no hay alguien que pueda orientarlos si presentan dificultad en alguna materia; tampoco tienen un área para realizar sus trabajos o tareas ni computadoras.

PÉSIMAS CONDICIONES
El problema es que los estudiantes no solo están en riesgo de recibir el tipo de castigos que fue denunciado, sino que aseguran viven en condiciones casi inhumanas. No cuentan siquiera con lo básico en artículos de higiene personal ni con lo necesario para mantener limpias las diferentes áreas.
Continuamente, en el caso de las jóvenes, se enfrentan a no tener en ocasiones ni una toalla sanitaria o papel higiénico.
Dependen de ese albergue, porque es muy difícil para los padres de familia darles dinero para buscar un lugar de renta o para que compren lo necesario, pues apenas les alcanza para mandarlos a estudiar.
Los dormitorios de los jóvenes, tanto de hombres como de mujeres, señalan que están en muy malas condiciones y es donde tienen que pasar la mayor parte del tiempo. Por ejemplo, en temporada de calor tienen que soportar las altas temperaturas sin ninguna ventilación adecuada y deben pasar así toda la noche, además de que los encierran con llave para que no se salgan.
Además de que no pueden salir al baño al estar encerrados, han pasado situaciones en las que necesitan atención médica por alguna picadura de insecto y deben esperar hasta las 6 de la mañana, cuando les quitan el seguro.
ALIMENTACIÓN
Los estudiantes deben recibir tres comidas al día, pero en este caso mencionan que no hay un plan de alimentación ni una persona responsable con experiencia en esa área, les mezclan los alimentos, cosas caldosas con huevo, que al final no saben ni que platillo es.
Reportan que constantemente los alimentos están “rancios”, como echados a perder, y pocas veces les dan fruta.
La alimentación, que debería ser balanceada y para la que hay un recurso destinado, no se les proporciona como los estudiantes o jóvenes en desarrollo requieren.
Tienen horarios para recibir la alimentación, pero algunos estudiantes que salen después de la hora de comida, o que por realizar trabajos u otras actividades ya no tienen tiempo de llegar en ese horario, se pierden de esa comida.
Si llegan más tarde, aunque el comedor se encuentre abierto o aún queden alimentos, ya no les dan y deben esperar hasta la cena.
Denuncian que el personal sabe que son estudiantes en condiciones vulnerables que no pueden comprar comida afuera ni tienen posibilidades de conseguir alimentación, pero ni una segunda ración de agua les dan.