
Plan B o surrealismo electoral
Tras el fracaso legislativo que significó el intento de sacar adelante la reforma electoral, la presidenta Sheinbaum volvió a la carga para proponer un "Plan B" que resulta descafeinado, aunque con el preocupante agregado de incluir la figura de revocación de mandato, lo que le daría a la titular del Ejecutivo la posibilidad de aparecer en la boleta electoral del 2027 y de poder hacer proselitismo abiertamente por los candidatos de su partido. Lo que sería un despropósito.
La derrota presidencial de la iniciativa de reforma electoral tiene más de una lectura. En principio, evidenció la falta de operadores políticos eficaces que buscaran consensos y que construyeran puentes con todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso.
Quedó en claro, además, que la elección de un personaje torvo, radical y cercano a AMLO, como Pablo Gómez, en poco ayudó a que prosperara la iniciativa.
También cabe la hipótesis de que esta reforma hoy frustrada era una herencia de López Obrador y que el poco involucramiento presidencial era motivado por esta situación.
De ser así se habría sacado de encima, además de la herencia, a una figura cercana al expresidente. La Presidenta, al ver días antes de la votación en el Congreso que el tema estaba en cuesta arriba, comenzó con la narrativa de que a ella no le importaba el resultado.
Que a ella solo le importaba el mandar la iniciativa al Legislativo porque era una demanda del pueblo.
Lo cierto que de todo este episodio se desprende que, al menos por ese día de la votación de la iniciativa, se regresó a la época de la división de poderes y se volvió el Legislativo un contrapeso efectivo contra la voluntad del Ejecutivo.
No en vano, hace unos días, uno de los sistemas de medición de democracia más amplios del mundo, V-Dem, mostró una tendencia preocupante para nuestro país, que descendió gradualmente en los índices de calidad democrática hasta ubicarse en la categoría de "autocracia electoral".
La autocracia electoral es un régimen donde existen elecciones multipartidistas formales, pero las condiciones institucionales -libertad de prensa, independencia judicial, equilibrio de poderes o competencia política efectiva- son insuficientes para garantizar que el poder pueda cambiar de manos en condiciones realmente equitativas.
Luego del revés legislativo la mandataria vuelve a la carga con un "Plan B" que en síntesis constituye un puñado de medidas populistas y recortes financieros insignificantes con los que se promoverá la austeridad (limitando a un número de 15 regidores por cabildo, por mencionar alguna).
El tema preocupante de esta nueva iniciativa es la posibilidad de empatar la consulta de revocación de mandato con las elecciones intermedias, lo que implicaría que Sheinbaum pudiera hacer proselitismo a favor de Morena, con recursos públicos y con todo el aparato del Estado.
La revocación de mandato debe de ser una facultad de los ciudadanos que quieran remover de sus funciones al mandatario (a) en turno, no una herramienta del oficialismo o del partido en el poder para sacar ventaja electoral.
Con esta medida, en caso de prosperar, se estaría violando el precepto básico del piso parejo a partidos políticos en una contienda electoral.
Por eso resulta surrealista esta medida. La Presidenta en funciones, con el porcentaje tan alto de niveles de popularidad, no debe de aparecer en las boletas electorales.
Quienes juegan al ajedrez llaman gambito a la estrategia de sacrificar un peón para conseguir una posición de mayor ventaja. Todo apunta a que esa fue la movida de la Presidenta con estas dos iniciativas electorales.