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¿Por qué está regresando la tuberculosis en México? Lo que debes saber y cómo cuidarte

Alertan por repunte de tuberculosis en México: síntomas y qué hacer a tiempo.

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JORGE LUIS CANDELAS

La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa que muchos ubican como “de antes”, pero la realidad es que nunca se fue del todo. Hoy vuelve a colocarse en la conversación por el aumento de casos detectados y porque, en medio de tantas enfermedades respiratorias, es fácil confundirla con “una tos que no se quita”.

La buena noticia: es prevenible y curable, siempre que se diagnostique a tiempo y se complete el tratamiento.

¿Qué es la tuberculosis y cómo se contagia?

La tuberculosis es una infección causada por una bacteria que, con mayor frecuencia, afecta los pulmones. Se transmite por el aire, cuando una persona con tuberculosis pulmonar activa tose, habla o estornuda, especialmente en lugares cerrados, con poca ventilación y donde hay contacto cercano.

No se contagia por compartir cubiertos ni por un saludo. El riesgo aumenta cuando se convive durante horas en espacios reducidos y sin circulación de aire.

¿Por qué se habla de un “regreso” en México?

Más que una reaparición, lo que está pasando es que la tuberculosis se está detectando más y, al mismo tiempo, existen condiciones que facilitan su propagación.

Entre los factores que suelen empujar los repuntes están los diagnósticos tardíos, el hacinamiento, la mala ventilación en viviendas o sitios de trabajo, y enfermedades o condiciones que bajan defensas. También influye algo clave: cuando una persona deja el tratamiento antes de tiempo, porque ya “se siente mejor”, la enfermedad puede regresar con fuerza y complicarse.

Dicho de otra forma: la tuberculosis se vuelve noticia cuando se junta una mezcla de contagios activos, atención tardía y tratamientos interrumpidos.

Señales de alerta: la tos persistente no se normaliza

La tuberculosis suele avanzar sin hacer demasiado ruido al inicio. Por eso, el síntoma que más debe prender focos es una tos que dura semanas.

Pon atención si, además de la tos, aparece:

  • flema constante (en algunos casos puede haber sangre),

  • dolor en el pecho,

  • fiebre, sobre todo por las tardes o noches,

  • sudoración nocturna,

  • cansancio que no se explica,

  • pérdida de peso o de apetito.

No se trata de entrar en pánico, sino de entender algo simple: si la tos no cede, no se aguanta; se revisa.

Tuberculosis latente y tuberculosis activa: no es lo mismo

Hay personas que tienen la bacteria “dormida” en el cuerpo y no presentan síntomas: a eso se le conoce como tuberculosis latente. En ese estado no contagian, pero sí pueden enfermar más adelante si bajan defensas.

En cambio, la tuberculosis activa sí causa síntomas y puede contagiar, sobre todo cuando afecta los pulmones. Por eso es tan importante detectar a tiempo, no solo por quien se enferma, sino por quienes conviven cerca.

Qué hacer si sospechas

Si llevas semanas con tos o te identificas con los síntomas, el paso más importante es buscar valoración médica y mencionar desde el inicio cuánto tiempo llevas así. Eso ayuda a que te orienten más rápido.

Mientras te revisan:

  • Prioriza espacios ventilados.

  • Evita permanecer en lugares cerrados si tienes tos.

  • Usa cubrebocas si estás tosiendo o convives con más personas.

  • No te automediques antibióticos “a ver si pega”: eso puede retrasar el diagnóstico.

Tratamiento: la regla de oro es terminarlo

La tuberculosis se cura, pero el tratamiento requiere constancia. Hay personas que abandonan el medicamento cuando sienten mejoría y ahí se abren dos riesgos: que la enfermedad regrese y que el tratamiento sea más complicado después.

Por eso, si se confirma el diagnóstico, lo más importante es seguir el esquema completo tal como lo indiquen los profesionales de salud.

Lo que sí ayuda a frenar contagios

Aquí no hay “remedios milagro”: lo que realmente corta la cadena de contagios es lo básico bien hecho. Primero, ventilar. Abrir ventanas, permitir que circule el aire y evitar pasar horas en espacios cerrados hace una diferencia enorme cuando hablamos de enfermedades que se transmiten por el aire.

Lo segundo es no normalizar la señal más común: una tos que se alarga. Si no se quita en semanas, no es algo para “aguantar” ni para taparlo con jarabes; es una razón para revisarse y, si hace falta, iniciar tratamiento cuanto antes.

También ayuda mirar el contexto de salud de cada persona. Cuando hay condiciones que pueden bajar defensas —o enfermedades crónicas mal controladas—, el riesgo sube, así que mantener seguimiento médico y no dejar tratamientos a medias es parte de la prevención.

Y quizá lo más importante: quitarle el estigma. La tuberculosis no se frena con silencios ni con vergüenza; se frena cuando se habla con claridad, se detecta a tiempo y se completa el tratamiento. Eso protege a quien se enferma y a quienes están cerca.

Escrito en: Vacunación Tuberculosis Salud tuberculosis, enfermedades, tratamiento, espacios

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