
Preludio a la persecución antirreligiosa en México
Para abordar las circunstancias que dieron pie a la persecución antirreligiosa en México y el estallido de la Resistencia popular armada suele omitirse el sitio preciso en que el conflicto habría de iniciarse a partir del impacto popular que detonó el asesinato artero de un pequeño grupo de creyentes en el antiguo fundo minero y Villa de San Pedro de los Chalchihuites; Zacatecas, en el año de 1926.
Sin embargo, el caldo de cultivo para el estallido de la persecución antirreligiosa encontrará su excusa a partir de un acontecimiento trágico como consecuencia del famoso terremoto de 1925; un macro sismo asociado a la provincia tectónica de cuencas y sierras que azotó al antiguo Real de Minas, provocando muertes, heridos y la mitad del pueblo destruido en Abril del mismo año.
Este sacudimiento hizo que la mitad de los sobrevivientes migraran lejos del antiguo fundo minero a lugares como Zacatecas, Durango, Canatlán y Torreón en tanto la mitad de los damnificados obtuvieron refugio en el Templo parroquial de San Pedro Apóstol donde fueron atendidos, curados, alimentados y hospedados por el Párroco José Natividad Campos, oriundo de la Comarca Lagunera (Lerdo, Durango).
Las noticias sobre la magnitud del sismo junto con su efecto devastador trascendieron de tal forma que originó incluso una colecta nacional para los damnificados a iniciativa del legislador Ezequiel Montes como presidente de la Cámara de Diputados bajo el régimen callista, de la Confederación Revolucionaria Obrero Mexicana (CROM) al mando de Luis N. Morones y otra por parte del mismo Plutarco Elías Calles.
Fue entonces que Calles tuvo la idea de ir a visitar a los damnificados para entregar la ayuda recabada personalmente, tomando el tren a la capital zacatecana y de ahí hasta la Estación de Canutillo-en los límites de Sombrerete-para de ahí tomar un lujoso automóvil en el Rancho de Berlín que lo llevaría directamente al pueblo. Sin embargo, la recepción cayó como balde de agua fría debido a las acciones anticatólicas emprendidas por Álvaro Obregón y recrudecidas por el futuro "Jefe Máximo", encontrando un ambiente de repudio popular que en ese entonces fue canalizado por el Padre Campos, quien de manera directa y en persona increpó todo esto a Calles cuando este visitó el Templo para ver a los damnificados.
Ciertamente la acción anticristiana por parte del Estado revolucionario contra los creyentes se oficializó desde el gobierno de Obregón. Sin embargo, sería su sucesor-Calles- quien habría de recrudecer la persecución antirreligiosa en el país, llevándola hasta los extremos más violentos y absurdos, en corto y mediano plazo.
Como resultado de este desencuentro personal se obtuvo una amenaza directa por parte de Calles antes de retirarse de la Parroquia convertida en refugio: "Así agradecen la ayuda que se les da, así le va a ir".
El enojo de Calles ante este episodio trascendió en la región y quedó estampado primero por el silencio antes que por la acción represora, según se infiere al leer la transcripción de su Informe Presidencial de 1925-a partir de la compilación de documentos pertenecientes al General Raúl Madero-en el que se omite por completo hacer cualquier mención sobre su visita a Chalchihuites ni a la colecta nacional organizada por él tampoco.
Tras este desaguisado el Arzobispo de Durango, Monseñor José María González y Valencia, optó por proteger al Padre Natividad Campos de cualquier tipo de represalia inmediata contra su persona, mandándolo con sus familiares en la Villa de Lerdo mientras llamaba al Sacerdote Luis Batis Sáinz desde San Miguel del Mezquital (Miguel Auza, Zacatecas)-hombre ejemplar y respetado en la región por su labor pastoral y social con los más pobres-para ocupar su lugar como Cura Párroco del Templo Basílica Menor de San Pedro de los Chalchihuites el 1 de Agosto del mismo año, sin anticipar la tormenta que como consecuencia sobrevendría en 1926.