
¿Está en riesgo la permanencia del Estado mexicano como tal?
El debate público en México suele reducir la crisis nacional a una suma de problemas sectoriales: inseguridad, corrupción, debilidad institucional o estancamiento económico. Ese enfoque fragmentado es cómodo, pero profundamente engañoso. La situación actual no es una falla administrativa ni una coyuntura política adversa: es la expresión de una "crisis estructural de poder del gobierno mexicano", inscrita en un reordenamiento global que penaliza con severidad a los Estados incapaces de ejercer control, autonomía y viabilidad estratégica. "Bajo esta lógica, la pregunta central ya no es si el Estado enfrenta dificultades, -sino si puede sostenerse como tal- en las condiciones actuales".
La permanencia del Estado-Nación no depende de su continuidad legal ni de la estabilidad del gobierno, sino de su capacidad real para imponer reglas, decidir con independencia y sostenerse en el tiempo. Volviendo el panorama preocupante: la Administración Pública mexicana ha perdido control en territorio, instituciones y funciones. En muchas regiones, actores ajenos regulan economías locales, movilidad, justicia informal y normas sociales, creando sistemas de autoridad paralela que reemplazan al gobierno.
"El Estado mexicano pierde terreno frente a poderes paralelos".
Este fenómeno no es casual ni reciente: son décadas de desgaste institucional, hoy agravadas por un entorno internacional más exigente. Estamos en una zona de fuerte fricción geopolítica: integrados económicamente a EUA, sometidos a la securitización de la migración y convertidos en espacio clave contra el crimen transnacional. "La debilidad interna limita la acción estatal y reduce la capacidad de negociación externa".
La autonomía estratégica también se deteriora. La falta de capacidad para garantizar seguridad, frenar flujos ilícitos y ordenar el territorio obliga al gobierno mexicano a seguir agendas externas, sobre todo en seguridad y migración. No es una pérdida formal de soberanía, sino una autonomía condicionada: la ausencia de resultados internos abre espacio a la presión y a la tutela indirecta.
"El gobierno de México opera con una autonomía subordinada".
Nuestra viabilidad estratégica sufre un desgaste silencioso pero profundo. La violencia normalizada, la impunidad persistente y la expansión de economías criminales debilitan la legitimidad del Estado como proyecto común. Un Estado puede sobrevivir largos periodos con bajo crecimiento; lo que no resiste es la pérdida constante de autoridad y la incertidumbre sobre el futuro.
"La coexistencia con el crimen se vuelve práctica aceptada, dejando de ser el gobierno el eje ordenador del poder, comprometiendo la viabilidad estratégica y permanencia como Estado Nación." La fragmentación institucional y la ausencia de una conducción estratégica unificada presenta un gobierno disperso, incapaz de concretar decisiones, sin recursos y coerción, sin imponer reglas: negociándolas, tolerando o evadiéndolas.
La presión estadounidense en seguridad, migración y crimen organizado se intensifica sin lograr producir resultados propios, transformándonos en amortiguador de riesgos ajenos, absorbiendo costos políticos, sociales y de seguridad crecientes.
El desgaste de legitimidad social, la percepción de impunidad y abandono empuja a la población hacia la informalidad, la migración o la resignación, debilitando progresivamente la capacidad para ordenar, recaudar y gobernar. El riesgo más subestimado es la no-decisión estratégica. Administrar la crisis sin enfrentarla redistribuye poder a favor de actores no estatales.
"La inercia no conserva al Estado: lo está vaciando paulatinamente".
Si seguimos igual, el escenario más probable es la "indolencia controlada": conservar la estructura institucional, evitar rupturas graves y administrar la crisis. Aceptando que el gobierno seguirá existiendo, pero sin mando real.
Otro escenario es el "deterioro acelerado", provocado por choques externos-internos, crisis fiscales, escaladas de violencia o presiones internacionales más duras. La fractura-interna del gobierno y su limitada capacidad de respuesta aumentarían la pérdida de regiones clave.
El único escenario de recuperación es la "reconfiguración estratégica". Esto exige decisiones políticas costosas para el régimen y partido en el poder; recuperar efectivamente el control territorial, reconstruir de manera real las instituciones, romper la convivencia con poderes criminales y redefinir la relación con EUA de forma corresponsable y no subordinada.
"México enfrenta tres caminos: sobrevivir sin mando, desmoronarse con rapidez o reconstruirse con decisión." La permanencia del Estado mexicano no está asegurada por su historia ni por su Constitución, sino por su capacidad de reconstruir poder real y contener su progresiva debilidad. Persistir en una transformación distorsionada solo conduce a la irrelevancia y acelera el deterioro.
En el nuevo orden mundial, los Estados que renuncian a ejercer un poder sensato y congruente no desaparecen de inmediato: se convierten en estructuras formales que otros actores, internos o externos, utilizan, condicionan o sustituyen.
"México aún puede evitar ese destino, pero el tiempo para hacerlo se reduce cada día, sin que existan señales claras de cambio".* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.