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¿Está en riesgo la permanencia del Estado mexicano como tal?

Con México en la mente

¿Está en riesgo la permanencia del Estado mexicano como tal?

¿Está en riesgo la permanencia del Estado mexicano como tal?

HÉCTOR SÁNCHEZ GUTIÉRREZ

El debate público en México suele reducir la crisis nacional a una suma de problemas sectoriales: inseguridad, corrupción, debilidad institucional o estancamiento económico. Ese enfoque fragmentado es cómodo, pero profundamente engañoso. La situación actual no es una falla administrativa ni una coyuntura política adversa: es la expresión de una "crisis estructural de poder del gobierno mexicano", inscrita en un reordenamiento global que penaliza con severidad a los Estados incapaces de ejercer control, autonomía y viabilidad estratégica. "Bajo esta lógica, la pregunta central ya no es si el Estado enfrenta dificultades, -sino si puede sostenerse como tal- en las condiciones actuales".

La permanencia del Estado-Nación no depende de su continuidad legal ni de la estabilidad del gobierno, sino de su capacidad real para imponer reglas, decidir con independencia y sostenerse en el tiempo. Volviendo el panorama preocupante: la Administración Pública mexicana ha perdido control en territorio, instituciones y funciones. En muchas regiones, actores ajenos regulan economías locales, movilidad, justicia informal y normas sociales, creando sistemas de autoridad paralela que reemplazan al gobierno.

"El Estado mexicano pierde terreno frente a poderes paralelos".

Este fenómeno no es casual ni reciente: son décadas de desgaste institucional, hoy agravadas por un entorno internacional más exigente. Estamos en una zona de fuerte fricción geopolítica: integrados económicamente a EUA, sometidos a la securitización de la migración y convertidos en espacio clave contra el crimen transnacional. "La debilidad interna limita la acción estatal y reduce la capacidad de negociación externa".

La autonomía estratégica también se deteriora. La falta de capacidad para garantizar seguridad, frenar flujos ilícitos y ordenar el territorio obliga al gobierno mexicano a seguir agendas externas, sobre todo en seguridad y migración. No es una pérdida formal de soberanía, sino una autonomía condicionada: la ausencia de resultados internos abre espacio a la presión y a la tutela indirecta.

"El gobierno de México opera con una autonomía subordinada".

Nuestra viabilidad estratégica sufre un desgaste silencioso pero profundo. La violencia normalizada, la impunidad persistente y la expansión de economías criminales debilitan la legitimidad del Estado como proyecto común. Un Estado puede sobrevivir largos periodos con bajo crecimiento; lo que no resiste es la pérdida constante de autoridad y la incertidumbre sobre el futuro.

"La coexistencia con el crimen se vuelve práctica aceptada, dejando de ser el gobierno el eje ordenador del poder, comprometiendo la viabilidad estratégica y permanencia como Estado Nación." La fragmentación institucional y la ausencia de una conducción estratégica unificada presenta un gobierno disperso, incapaz de concretar decisiones, sin recursos y coerción, sin imponer reglas: negociándolas, tolerando o evadiéndolas.

La presión estadounidense en seguridad, migración y crimen organizado se intensifica sin lograr producir resultados propios, transformándonos en amortiguador de riesgos ajenos, absorbiendo costos políticos, sociales y de seguridad crecientes.

El desgaste de legitimidad social, la percepción de impunidad y abandono empuja a la población hacia la informalidad, la migración o la resignación, debilitando progresivamente la capacidad para ordenar, recaudar y gobernar. El riesgo más subestimado es la no-decisión estratégica. Administrar la crisis sin enfrentarla redistribuye poder a favor de actores no estatales.

"La inercia no conserva al Estado: lo está vaciando paulatinamente".

Si seguimos igual, el escenario más probable es la "indolencia controlada": conservar la estructura institucional, evitar rupturas graves y administrar la crisis. Aceptando que el gobierno seguirá existiendo, pero sin mando real.

Otro escenario es el "deterioro acelerado", provocado por choques externos-internos, crisis fiscales, escaladas de violencia o presiones internacionales más duras. La fractura-interna del gobierno y su limitada capacidad de respuesta aumentarían la pérdida de regiones clave.

El único escenario de recuperación es la "reconfiguración estratégica". Esto exige decisiones políticas costosas para el régimen y partido en el poder; recuperar efectivamente el control territorial, reconstruir de manera real las instituciones, romper la convivencia con poderes criminales y redefinir la relación con EUA de forma corresponsable y no subordinada.

"México enfrenta tres caminos: sobrevivir sin mando, desmoronarse con rapidez o reconstruirse con decisión." La permanencia del Estado mexicano no está asegurada por su historia ni por su Constitución, sino por su capacidad de reconstruir poder real y contener su progresiva debilidad. Persistir en una transformación distorsionada solo conduce a la irrelevancia y acelera el deterioro.

En el nuevo orden mundial, los Estados que renuncian a ejercer un poder sensato y congruente no desaparecen de inmediato: se convierten en estructuras formales que otros actores, internos o externos, utilizan, condicionan o sustituyen.

"México aún puede evitar ese destino, pero el tiempo para hacerlo se reduce cada día, sin que existan señales claras de cambio".* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.

Escrito en: Editoriales Con México en la mente Estado, gobierno, capacidad, estratégica

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