
Prepotencia y sumisión
Lamentable resultó el video que se viralizó el pasado 5 de febrero, en el marco de un aniversario más de la promulgación de nuestra Carta Magna y que tuvo como protagonista al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar. La imagen lo muestra a él altivo, orondo, con las manos en los bolsillos del pantalón, mientras escudriña el esfuerzo vergonzante de su asistente quien se esmera, agachada, en limpiar los zapatos del ministro. Acto seguido, le mostró el talón a su chofer para que le terminara de lustrar su calzado. Una postal que muestra la prepotencia y el servilismo con el que se conduce la 4T.
Se sabe que en política la forma es fondo. La imagen, captada por un camarógrafo del canal N+, da para el análisis semiótico del acto en sí. En principio, la actitud asumida por el Presidente de la Corte, que no muestra reacciones de sorpresa o de incomodidad de ver a su empleada postrada ante él y limpiándole sus zapatos. Al contrario, proyecta la figura de un tipo, pagado de sí mismo, merecedor de la genuflexa reacción de su asistenta.
Por otro lado, los trabajadores (o mejor dicho, los chalanes) de Aguilar, con su proceder, han denigrado y ridiculizado la imagen del servidor público promedio. Se han mostrado cómo lamesuelas, barberos, lambiscones, zalameros.
“Gutierritos” era el adjetivo para describir el desempeño de un oficinista de perfil sumiso, agachón y lamebotas con su jefe inmediato, esto por una telenovela mexicana de finales de los años cincuenta, que por su éxito fue también llevada a la pantalla grande con el mismo protagonista, Rafael Banquells.
Desde hace algunos años la forma para hacer mofa de burócratas es llamarlos “Godínez”, palabra que en el imaginario colectivo describe el modo de conducirse del oficinista, pero estos dos empleados de la Corte se pusieron un escalón más abajo. Son chalanes. Además, la postura de Hugo Aguilar va en contra a la imagen que pretenden difundir de ser ministros del pueblo y de ir en contra de la imagen de los anteriores ministros de ser personajes elitistas, privilegiados y cuyo sueldo era superior al del presidente de la república. La imagen que deja el ministro de la Corte en el video que se volvió tendencia lo perseguirá siempre. Ha sido tan poderosa esa postal que opacó el discurso de la presidenta Sheinbaum aquel día de la conmemoración de un aniversario más de nuestra Constitución. La nota fue la exhibición de prepotencia de Aguilar y el grado de sobajamiento de sus achichincles.
Queda claro que la nueva Corte, la Corte del acordeón, con las camionetas de lujo blindadas (mismas que tuvieron que devolver al ser descubiertos) y con las expresiones exultantes de superioridad de su ministro presidente, quien, eso sí, suele agregar a sus togas detalles textiles indígenas como para no olvidar su origen mixteco, no hacen sino ir en contra corriente de la línea oficialista de la austeridad republicana y de ser una Corte del y para el pueblo.
Lejos de eso, se han mostrado como unos aspiracionistas, unos wannabes, unos fifís cualquiera. En muy poco tiempo se han convertido en todo lo que denunciaron.
Por lo pronto esperemos que don Hugo adicione a su abultado equipo de asistentes a un bolero de cabecera y que se abstenga de hacer en público sus desplantes a lo Luis XIV.