
Provocación
La decisión del senador Enrique Inzunza, -el segundo de la lista de los diez extra- ditables solicitados por Estados Unidos- de deslindarse de Morena y retornar a sus actividades en el Senado exactamente cuando a Rubén Rocha Moya se le presionó para que volviese a pedir licencia como gobernador, tiene todo el sello de una provocación en contra de la colaboración que se está dando entre los gobiernos de México y Estados Unidos.
La duda que asoma es si el senador Inzunza lo hizo como una decisión personal o cuenta con el respaldo de algún -o algunos- poderes fácticos lo suficientemente fuertes como para confrontar a la Presidenta de la República.
Enfrentar abiertamente y de modo personal a un presidente no parece ser una opción sensata para un político experimentado y con larga trayectoria como lo es Inzunza. Por tanto, la pregunta que queda en el aire es… ¿cuál de los poderes fácticos que hoy juegan en el entorno político de México le respalda de modo tan contundente?
¿Será el señor de Palenque? … ¿O los duros de Morena constituidos ya en grupo de poder dentro del partido? … ¿O será un poderoso grupo de la delincuencia organizada? O quizá la mezcla de todos estos, unidos por un mismo objetivo que sería tomar el control absoluto.
Quien sea el actor político que con actitud beligerante respalda a Inzunza, representa un riesgo de gobernabilidad para la Presidenta y para México, pues parece ser que la apuesta está orientada a provocar una ruptura definitiva con Estados Unidos.
La carta de “Andy” dirigida al presidente Trump evidentemente llevaba ese objetivo… detonar el conflicto y evitar la colaboración entre los dos gobiernos. Sin embargo, esto fue desactivado por el equipo de la presidenta Sheinbaum. El secretario García Harfuch participó en la reunión de la DEA, en Argentina, del 18 al 20 de agosto pasado, y el canciller mexicano Roberto Velasco se reunió con Marco Rubio -el canciller norteamericano- el pasado martes 25, en Washington. Sin embargo, podría considerarse el regreso del gobernador Rocha Moya como la segunda provocación, que ameritó un ejercicio de autoridad presidencial.
Es precisamente el Congreso el terreno “pantanoso” donde aún no se puede asegurar a ciencia cierta hacia dónde se inclinan las lealtades de la bancada morenista: ya sea hacia el expresidente López Obrador, o hacia la presidenta Sheinbaum. Eso no se sabrá hasta que la Presidenta ponga a prueba a cada uno de los legisladores de su partido. Sin embargo, es muy evidente que salvo un pequeño grupo de legisladores morenistas del denominado Grupo Tabasco -que son incondicionales del expresidente López Obrador-, el resto de ellos responderá al pragmatismo realista propio de nuestra idiosincrasia, -y frente a un contexto de definición de lealtades-, estos optarán por alinearse con la presidenta Sheinbaum.
Es la tibieza con la que se respondió a aquella frase provocadora del gobernador Rocha Moya, cuando al difundirse públicamente la lista de políticos vinculados con la delincuencia organizada -que envió el gobierno norteamericano-, amenazó: “Si caigo yo caemos todos”-, lo que provocó públicamente la percepción de vulnerabilidad, o hasta de complicidad gubernamental.
La “falta de pruebas” y la protección a “nuestra soberanía” se convirtieron -ante la opinión pública- en los indicadores de complicidad. Se interpretó públicamente como el temor de que estando en poder de la justicia norteamericana, Rocha Moya comprometiese a figuras destacadas de la 4T para lograr beneficios en su condena. Parece ser que los tiempos por venir serán de definiciones y quizá ello libere a la Presidenta de la “camisa de fuerza” que parece estar limitando sus decisiones de gobierno. ¿A usted qué le parece?
@homsricardo