
Pudor
Pudor es hoy una palabra en desuso, demodé. Pero su origen es bastante más profundo. Pudor remite a honestidad, modestia, recato. Llevamos dos años de un régimen sin pudor, desde los relojes, los viajes, los aviones privados, la designación de familiares, los hoteles con cuentas que ofenden, las licitaciones a modo o las asignaciones directas, hasta borracheras grupales, engaños fallidos a la prensa, nuestro único verdadero contrapeso hoy en día. Pero la opinión pública en México existe y pesa. El video de Latinus con el hijo de la señora Taddei brindando ante una hermosa vista de París desde una de las habitaciones más caras del mundo, pasando por las compritas de gobernadores y otros funcionarios en tiendas de superlujo, son un desfile que ya troqueló a la gestión. La renuncia de Taddei no fue por un tardío decoro, sino porque ella era inviable.
Defenderé a muerte su derecho a gastar sus centavos en lo que les venga en gana. Pero con los sueldos oficiales, las cuentas no dan. Además, está la supuesta ideología que sustenta su movimiento los acorrala. Ellos condenaron esos excesos y con razón y ahora son protagonistas de los mismos. Es como encontrar a un famoso ambientalista matando un elefante. Modestia, dice la Academia “cualidad de su persona que no presume sus logros, capacidades o posesiones” ¿Logros? ¿De quién? De hi- jos, sobrinos, allegados, amigo(tes). ¿Capacidades? ¿Posesiones? Seguramente. Este es el contexto general de un régimen que ni sospecha la exigencia de pudor, de su poder. Y, aún peor, supone que sus gobernados son manadas de ovejas lanzando beee. Pero hay más.
Decoro, “Respeto a uno mismo y a los demás; honor, dignidad y recato que se manifiestan en la compostura…”. Escándalo por el uso de la sala VIP del AICM por parte de legisladores. Y allí estamos discutiendo el incidente en un país donde el 50% de los alumnos (OCDE) van a escuelas en mal estado y el 29% de los directores de los planteles reportan dificultades por falta de maestros. Es en este ambiente donde aparecen los múltiples escándalos de la presidenta del INE, que son tan amplios y diversos y de complicidades múltiples que requieren de la investigación de varias instancias. Es el inicio, debiera serlo, para reponer a un INE con credibilidad. Pero la reacción de la servidora pública que iba a encabezar el mayor proceso electoral de nuestra historia a realizarse en 220 días, fue la negación. Como en muchos otros casos. Taddei era la antítesis del servicio público, primero yo y los míos; fuera los de carrera, vengan los amigotes. No importa que se sepa.
Los servidores públicos son respetados o no, por la congruencia entre sus palabras y sus actos. Taddei ya estaba muerta políticamente como otros que siguen en escena. Su mayor responsabilidad era con la Institución que vive del prestigio que tanto trabajo costó construir, para con el país, que no debe ser manchado por sus contratos, licitaciones, colocaciones familiares y amistades muy bien pagadas. Este desfile de anomalías, por denominarlas de alguna forma, mina el respeto, la persona que limpia su oficina, las secretarias, los cuidadores de las sedes, ya no digamos el servicio civil de carrera de la Institución o los consejeros, tenían todo el derecho a sospechar y no acatar decisiones que podrían estar en el entramado del enorme atraco. Si realmente se desea, que la estructura de mando se conserve y el respeto mínimo a las decisiones del Consejo prevalezcan, más vale que el proceso de selección sea totalmente pulcro. Es un primer paso.
A Sheinbaum la renuncia le da un mayor margen de maniobra, pues las anomalías podrían ser parte de la campaña opositora. Tienen alrededor de 220 días para reparar uno de los pilares de la República. Ese es el reto.
Quien entra a la vida pública debe tener muy claras las restricciones que ella supone en la vida privada. Si el pudor no está allí, el futuro será corto.
El pudor es un bien republicano. No lo han entendido. Les costará.