
Puentes políticos
La actitud del Gobierno del estado hacia La Laguna cambió a partir de la administración de Eliseo Mendoza Berrueto, debido auna serie de factores. El sampetrino fue el primer gobernador con un perfil técnico-político. Asumió el cargo el 1 de diciembre de 1988 en medio de una profunda crisis económica nacional, la cual provocó mayor pobreza. Esa circunstancia le impidió desarrollar los planes y programas ideados durante su trayectoria como subsecretario en tres gabinetes presidenciales, senador y líder de la Cámara de Diputados. Para encarar la situación y atender la demanda de obras y servicios en las comunidades deprimidas, organizó comités de colonos y campesinos. Las autopistas promovidas en su sexenio ampliaron la infraestructura y prepararon al estado para la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio.
El desafío inicial del Gobierno mendocista consistió en aplacar los ánimos y retomar el control político de La Laguna. El descontento por el abandono de la federación y el Estado estalló en febrero de 1988 durante la campaña de Carlos Salinas de Gortari. En San Pedro y Francisco I. Madero, ejidatarios y vecinos lanzaron piedras, palos y otros objetos contra el candidato presidencial y su comitiva. Cuatro años después, Salinas reformó el artículo 27 constitucional para desaparecer el ejido y privatizar las tierras. La presión obligó al Gobierno federal a implementar un programa de obras y acciones necesarias, pero insuficientes, denominado Nueva Laguna. El cambio de modelo demandaba un plan de reconversión productiva, pero nunca llegó.
Los alcaldes de Torreón, en el sexenio de Mendoza Berrueto, fueron Heriberto Ramos Salas, amigo del gobernador; y Carlos Román Cepeda, quien marcó un cambio generacional en la política local. Líderes del sector privado con acceso al presidente Salinas encabezaron un movimiento para forzar la renuncia de Ramos, pero el gobernador lo impidió. Mendoza dio un trato especial a La Laguna. En Torreón abrió la Casa de Gobierno, donde despachaba y residía temporalmente. La iniciativa privada lagunera fue la primera en apoyar el Impuesto Sobre Nóminas.
En Saltillo, Mendoza Berrueto no pudo sostener al alcalde Eleazar Galindo Vara, quien, acosado por las élites,dejó el cargo. En la siguiente elección, el PRI perdió por primera vez la presidencia capitalina. En la administración mendocista también renunció el alcalde de Piedras Negras, Santiago Elías Castro. El propio gobernador afrontó presiones del Gobierno federal, pero logró concluir su periodo, cosa que en el sexenio de Salinas de Gortari no pudieron conseguir 18 ejecutivos estatales.
En la sucesión de 1993, La Laguna resultó clave para Rogelio Montemayor, cuyo competidor por la candidatura al Gobierno era el exalcalde de Saltillo, Enrique Martínez. Una vez en el poder, Montemayor impulsó a políticos de la comarca e incorporó a su gabinete a Antonio Juan Marcos Issa, en Finanzas, y a José Antonio Murra Giacomán, en Fomento Económico. También nombró a laguneros en puestos intermedios de la administración, creó patronatos y estrechó vínculos con grupos económicos y líderes religiosos como el obispo Luis Morales Reyes. La estrategia funcionó, pues no afrontó conflictos graves en Torreón, pero sí las primeras manifestaciones contra la inseguridad pública y la impunidad, organizadas por Julio Rodríguez y otros líderes sociales. Con todo, el balance de su Gobierno en La Laguna es positivo.