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OPINIÓN

Que valga la pena contrariar a Trump

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Que valga la pena contrariar a Trump

JORGE G. CASTAÑEDA

México siempre ha tenido que escoger sus batallas con Estados Unidos. Hoy esto es más cierto que nunca. Por un lado, convivimos con un presidente norteamericano que hace caso omiso de todas las reglas, escritas y no escritas, del protocolo, de la diplomacia y de la historia de la relación bilateral. Por el otro, el país se encuentra más vulnerable que nunca, tanto por culpa de la 4T como por sus debilidades intrínsecas.

Por ello, no es seguro que los quince mexicanos muertos en manos de ICE durante el último año puedan constituir un casus belli. Pero tampoco se trata de un asunto que deba permanecer en el ámbito del trámite burocrático de la actual Secretaría de Relaciones Exteriores, que es la misma que hace un par de semanas. El gobierno de Sheinbaum ha enviado notas diplomáticas, ha solicitado investigaciones y explicaciones, ha anunciado un recurso -no entiendo muy bien cuál- ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha declarado que la repetición de casos es "inaceptable", pero nada más. La pregunta es si disponemos de instrumentos para hacer otra cosa.

Que el tema merezca una acción mexicana más enjundiosa parece evidente. Cuando se llegó a un número intolerable de ejecuciones de mexicanos en Estados Unidos, demandamos en 2003 a su gobierno ante la Corte Internacional de Justicia (el Caso Avena), y ganamos. Una victoria pírrica, pero victoria al fin. Cuando la DEA secuestró a Álvarez Machain en 1990, Salinas amenazó con expulsar a la DEA de México. Hasta López Obrador reaccionó con vigor ante la detención de Salvador Cienfuegos en Estados Unidos, e insinuó represalias más serias que aquellas que posteriormente aplicó. El caso de los quince muertos -sin juicio, sin recurso a abogados, sin contacto con los consulados- parece más grave que los mencionados.

¿Qué podríamos hacer? En primer lugar, contrariar a Trump por motivos que valen la pena y que afectan a mexicanos, y no por causas perdidas o nostalgias trasnochadas. Prefiero mil veces que se moleste por alguna reacción mexicana ante quince decesos, que por mandar pañales a Cuba, o por acudir a una cumbre anti-Trump cuyo anfitrión es el principal adversario del presidente norteamericano en su guerra de Irán. Si hay que seleccionar los frentes de batalla, el de los mexicanos fallecidos "mata" a los otros.

Pero, sobre todo, podríamos ejercer represalias en el mismo frente. México ha recibido a un buen número -se ha mencionado la cifra de 6 mil, pero me parece poco- de deportados no mexicanos de Estados Unidos. Desde la época de Peña Nieto, y sobre todo de AMLO, esto nos convirtió en un de facto tercer país seguro. No existe fundamento legal alguno que lo justifique; si ingresaron a Estados Unidos desde México, devolverlos es puro y llano refoulement, algo prohibido por las convenciones internacionales de derecho humanitario y de asilo de las cuales México es parte. Una posible respuesta mexicana consistiría en negarnos a recibir a más cubanos, haitianos, venezolanos o centroamericanos, hasta que no se responsabilice la Casa Blanca de la integridad física de los mexicanos bajo custodia de ICE.

Otra posibilidad yace en dejar de realizar con el mismo empeño el trabajo sucio de Washington en nuestras dos fronteras. Hasta el "Peje" se hizo tonto a finales de 2023 con los flujos migratorios procedentes del sur y encaminados al norte. En diciembre de 2023 fueron "detenidos" más o menos trescientos mil migrantes en la frontera sur de Estados Unidos. México alegó que el presupuesto del INAMI se había agotado; Biden envió a sus secretarios de Estado y de Seguridad el 27 de diciembre a México para resolver el asunto, pero en parte su partido perdió la elección en 2024 por esa razón.

Sheinbaum podría perfectamente retirar a parte de los diez mil efectivos que Trump le obligó a colocar en la frontera norte como protesta por el trato a los mexicanos en los nuevos centros de detención y los decesos ya mencionados. Sin duda el mandatario estadounidense se molestaría, e incluso se vería tentado a algún tipo de represalia. Por Cuba sí se corre ese riesgo, por los mexicanos aún vivos y detenidos ¿no?

Por último, México dispone de la carta de seguridad y de la lucha contra el crimen organizado. Sin saberlo a ciencia cierta, es evidente que este gobierno le ha permitido a Washington acciones en México que nunca antes habían sucedido: sobrevuelos, drones, funcionarios embedded en distintos centros de fusión (cerca de Querétaro), etc. Suspender cualquiera de estos permisos mientras no cambie la situación en los centros de detención, sin ventilarlo públicamente, surtiría tal vez efecto. Los muertos mexicanos merecen por lo menos eso.

Escrito en: opinión mexicanos, México, Estados, centros

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