
Recuerdos de Pueblo Nuevo
Nunca me agradó la palabra explotación. Creo que se identifica con abuso, exceso, maltrato y otros calificativos no menos dolorosos. Así se le llamaba en el pasado al trabajo de extracción forestal. Quizá nuestra inconformidad al respecto entre mi compañero investigador y yo, dio lugar a buscar la solución para transformar ese malentendido concepto de "explotación forestal" en aprovechamiento forestal, con todo lo que conlleva en la práctica. Conocimiento profundo del recurso, mesura en su manejo, planeación, integración hombre-bosque-industria. Lo que actualmente se conoce como proyecto sustentable y sostenible.
Trabajaba quien esto escribe en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales en la ciudad de México, cuando conjuntamente con otro investigador formamos a la investigación "Análisis de la eficiencia de las operaciones de abastecimiento de trocería y leñas" en el ejido Pueblo Nuevo, Durango. Luego de recibir la autorización de la dirección correspondiente el plan se realizó en el año de 1979, contando con el apoyo en Durango del Centro de Investigaciones Forestales del Norte. El principal criterio que utilizamos fue que "el proyecto solamente sería valiosos si aportaba utilidad práctica".
Los investigadores teníamos la formación forestal, la experiencia en la industria maderera y también en la formulación de tareas de investigación. Todo el trabajo se desarrolló mediante la observación directa en campamentos, en centros de industrialización y en las oficinas de los administradores del recurso forestal, dependiente de la SARH. Se entrevistaron y consultaron a obreros de nivel básico, a técnicos y directores de la empresa e instituciones relacionadas.
La selección del área de estudio, Pueblo Nuevo, se debió a su potencial, historia y tradición maderera y por ser el ejido forestal más grande de México. Y por supuesto, por estar ubicado dentro de Durango, desde entonces la primera entidad forestal del país.
La región de Pueblo Nuevo fue la primera con actividad maderera en México, a principios del siglo pasado. Se trabajó bajo una concesión de "explotación" a una empresa inglesa. Se extraía la trocería por ferrocarril de vapor y abastecía a un enorme aserradero que operaba también con calderas de vapor, instalado en El Salto. Conocí dichas instalaciones cuando acudí a hacer las prácticas de mi escuela. Era un verdadero "monstruo" que mantenía una gran producción que jamás ha sido igualada después por ningún otro aserradero en Durango. Sólo un incendio terminó con ese gigante.
A través de los años el manejo y la extracción forestal quedaron rezagados en relación a la industria y al mercado. Se perdió de vista que la madera es resultado de una integración de sistemas, desde el cultivo del bosque hasta el aprovechamiento total del recurso forestal. El resultado de este trabajo puso de manifiesto la deficiencia de cada uno de los sistemas forestales en Durango.
Al final, este proyecto generó la edición de un libro que fue pionero en México en el tema. Incluso se ha utilizado en la enseñanza en escuelas forestales, además de haber sido fundamento para llevar a cabo otras investigaciones y publicaciones. La investigación obtuvo el Premio Nacional Forestal en 1980 y fue publicada luego por los Talleres Gráficos de la Nación en 1980.