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Sin fractura aparente

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Sin fractura aparente

Sin fractura aparente

GERARDO HERNÁNDEZ

Dos movimientos de la presidenta Claudia Sheinbaum dieron pábulo a unas oposiciones colapsadas y a una «comentocracia» igualmente desnortada para dar por sentada -«ahora sí»- la ruptura entre ella y su predecesor. El interés no es tanto que la presidenta suelte lastre y se libere del pasado, sino los efectos que un cisma en Morena pudiera tener en el electorado y en el Gobierno federal. La primera jugada consistió en poner sobre la mesa el tema de la explotación de gas mediante la técnica de fracturación hidráulica (fracking), que Andrés Manuel López Obrador prohibió durante su sexenio, y que Sheinbaum había descartado por su impacto ambiental.

El segundo movimiento es la incorporación de María Luisa Alcalde al gabinete como titular de la Consejería Jurídica. Ariadna Montiel, su reemplazo en la Presidencia de Morena, se desempeñó como secretaria de Bienestar en los Gobiernos de AMLO y Sheinbaum. Maestra en derecho por la Universidad de Berkeley, California, y exdiputada por Movimiento Ciudadano, en el cual no militó, Alcalde es una de las figuras centrales del obradorismo. A los 31 años ocupó la Secretaría del Trabajo y a los 34, la de Gobernación.

Sheinbaum declaró en la rueda de prensa del 15 de abril que durante muchos años ella misma dijo: «el fracking no». Explicó que el cambio de postura para considerar la explotación de gas de lutitas se debe a la alta dependencia energética de nuestro país y a las tecnologías avanzadas que incorporan químicos biodegradables y el reciclamiento de agua. La decisión no se ha tomado. El grupo de expertos en hidrología, medio ambiente, cambio climático y otras disciplinas, que asesora al Gobierno, tiene la tarea de ubicar las reservas, determinar si es factible su aprovechamiento, y en qué condiciones.

La presidenta citó a Coahuila como una de las zonas de fracking por su cercanía a una cuenca de Estados Unidos donde se extrae gas no convencional a una profundidad de tres mil metros. Si la explotación resulta viable -aseguró- la población será informada de los impactos, de cómo será incorporada y de cuáles serían los beneficios para decir si está o no de acuerdo. «No vamos a hacer nada en contra de una comunidad. No somos (los) gobiernos de antes que olvidaban (...) y no las incorporaban en la toma de decisiones».

Sheinbaum argumenta: «(...) cuando veo las nuevas tecnologías, la situación del país en términos de dependencia (el 75 % del gas no convencional consumido en México procede de Estados Unidos), lo peor que podemos decir es solo "no", sino, a ver, vamos a averiguar si, en efecto, hay (...) menos impactos ambientales». México no apuesta al fracking, apunta, «hay muchos otros desarrollos tecnológicos que se llaman "tecnologías verdes" o "renovables" (...) el objetivo es orientarse también a ellas». Frente a la creciente dependencia de gas del exterior, la presidenta advierte que no cerrará la puerta al futuro de México ni a una decisión soberana.

La reforma energética de Peña Nieto, revertida por AMLO, favoreció intereses nacionales y extranjeros. Si la fracturación hidráulica finalmente se aprueba será bajo otras reglas: tecnologías de bajo impacto, consenso comunitario y control del Estado sobre los recursos naturales. También se limitará la inversión privada: contratos temporales en lugar de concesiones. El fracking y el cambio en la dirigencia de Morena quizá no tendrán los efectos políticos que las oposiciones y los grupos de presión esperaban.

Escrito en: opinión presidenta, fracking, explotación, México

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