
¿Sirve la CNDH?
La CNDH de Rosario Piedra Ibarra ha sido irrelevante para defender derechos violados, pero su Recomendación del 2 de julio sobre el caso Ayotzinapa es perversa por la manera como exonera a las Fuerzas Armadas.
Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia en diciembre de 2018 estaba decidido a dar verdad y justicia a las víctimas heredadas y nombró a Alejandro Encinas subsecretario de Gobernación para que supervisara el trabajo de tres comisiones: una para la Guerra Sucia, otra para la búsqueda de personas desaparecidas y la dedicada a Ayotzinapa. Encinas llegó hasta donde lo dejaron.
Rosario Piedra Ibarra fue elegida presidenta de la CNDH en noviembre de 2019 y a las pocas semanas se reunió con las madres y padres de los normalistas desaparecidos. En octubre de 2021 anunció que el organismo revisaría nuevamente los hechos. Le interesaba, supongo, hacerse un lugar en las reuniones entre el presidente y las familias; debe ser humillante ser la ombudswoman nacional porque nunca fue requerida para estar en las 36 reuniones que tuvo López Obrador con las familias, o en las siete que lleva Claudia Sheinbaum.
En todo caso, cuando López Obrador se distanció de las familias para privilegiar su alianza con las Fuerzas Armadas, Piedra Ibarra dejó de reunirse con ellas (la última vez que lo hizo fue el 25 de marzo de 2022). Para reivindicarse o vengarse se propuso hacer una “investigación exhaustiva” sobre Ayotzinapa.
Su equipo revisó “toda la documentación posible” y el expresidente López Obrador le abrió las puertas a todo tipo de acervos. El 9 de julio pasado hicieron públicos sus hallazgos.
La Recomendación tiene una enorme cantidad de información opacada por la intencionalidad política de exonerar al Ejército y al expresidente López Obrador y de enlodar a las instituciones mexicanas y extranjeras que han acompañado a las víctimas.
Su tirria alcanza niveles patológicos cuando habla del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Las acusa de orquestar una campaña para “desacreditar [y socavar] a los “gobernantes latinoamericanos de izquierda”, siguiendo las directrices de “agendas extra nacionales”.
El lenguaje de Piedra Ibarra se azucara cuando habla del “profundo dolor” de las víctimas a las que lanza una y mil alabanzas y cortejos. Debe haberle dolido la respuesta de los padres y madres a su Recomendación: califican de traidora a la CNDH porque “no busca esclarecer la verdad, sino exonerar a la institución militar de sus responsabilidades”, defienden a los organismos internacionales y a las OSC nacionales que fueron descalificados, y tachan a Piedra Ibarra de cínica y descarada.
La Recomendación de la CNDH confirma la lealtad de Piedra Ibarra hacia López Obrador (menciona en 76 ocasiones el apellido), la distancia que pone hacia Sheinbaum (la menciona en una sola ocasión) y reconfirma el miedo que fluye por las venas de Morena cuando invocan a Estados Unidos.
En una de sus partes descalifica a la CIDH señalándola como un “instrumento más del intervencionismo norteamericano”, pero solo menciona en una ocasión el apellido Trump al cual defiende recuperando una frase lanzada por López Obrador en una mañanera de 2024: sin dar evidencia aseguró que el presidente Trump “no se enteró” del plan para detener en 2020 al general Salvador Cienfuegos; toda la responsabilidad era de “los de la DEA”.
La presidenta Sheinbaum ha intentado mejorar la relación con las familias de los normalistas. Se ha reunido en siete ocasiones con ellas, pero ha rechazado dos de las tres prioridades de las víctimas: la entrega de los 853 folios del Centro Regional de Fusión de Inteligencia (Cerfi) en poder de la Sedena y volver a invitar a uno o dos integrantes del GIEI. Se ha comprometido, eso sí, a buscar la extradición de Tomás Zerón, excomisionado de la Agencia de Investigación Criminal, que se encuentra en Israel.
Desconozco el desenlace, pero hay tendencias muy claras: la irrelevancia de la CNDH de Piedra Ibarra, el fracaso de la 4T para averiguar lo que pasó en Ayotzinapa en 2014, el enorme poder del ejército y la determinación de las víctimas y sus aliados de seguir luchando por la verdad y la justicia.
@sergioaguayo Colaboró Elena Simón Hernández