
Soy la protagonista de mi propio karaoke
¿Alguna vez te has encontrado en la ducha, con el shampoo como micrófono, mientras das un concierto digno de La Voz? Bueno, déjame decirte que me pasa… ¡más seguido de lo que admito! Y es que, cantar es uno de esos placeres universales que hacen que la vida sea mucho más divertida.
Las personas que me conocen saben lo que me gusta cantar. ¡Si me conoces, sabes que me encanta cantar (y a todo pulmón)!… Si hay algo que mis amigos, familiares y hasta el perro del vecino saben de mí, es que cuando me entra la inspiración… ¡nada ni nadie me para! las personas que me conocen bien saben que tengo un repertorio musical tan diverso como el menú de un restaurante chino.
Mi lista de grandes éxitos incluye: Pop de los 80’s para liberar mi diva interior y lograr que los vecinos piensen que estoy adicionando para un reality.
Baladas épicas que convierten mi sala en un estadio lleno de fans... aunque, para ser sincera, el único que me aplaude es mi perro, mi más fiel seguidor, solo bosteza de vez en cuando...
Cuando suenan las baladas, me convierto en el Alejandro Sanz de la colonia me encanta cantar “Corazón Partío”, como si me pagaran por ello cuando suenan las rancheras, esas desgarradoras que sirven para desahogar el corazón y ponerle feeling a la vida (¡ay, ay, ay!). Me sale la Paquita la del Barrio que llevo dentro con su famoso “Cheque en Blanco”.
Cuando suena la salsa sabrosona, olvídense de todo, me hace menear las caderas como si no hubiera un mañana.… “Idilio” de mi Willie Colón es una joya de la salsa romántica, es una de esas canciones que no solo se escuchan, se sienten en el pecho, te hacen vibrar y me hace relucir los mejores pasos de mi clase de baile.
Y no es que cante ni baile bonito (aunque a veces me lo creo), es lo hago con alma, pasión y sin vergüenza. Porque las personas que me conocen saben que, para mí, la vida sin música sería como una fiesta sin pastel: ¡incompleta y aburrida! Desde que abro los ojos, ya estoy poniendo la banda sonora de mi día, desde que me levanto, le doy play a la alegría.
Lo mejor de todo esto no es sólo el canto, sino la sensación de libertad que te da. Porque cuando canto, me importa un pepino si las notas se van a la luna, o si se van volando como mariposas, me creo un pop star, aunque mi voz no sea la de un ángel, siempre le pongo corazón. Y lo más importante: ¡soy feliz!
Así que si me ves por ahí, con un micrófono improvisado en mano con un cucharón de cocina, no me juzgues. Tal vez lo que canto no sea de oro… ¡pero la felicidad que me da vale oro puro!
Si me escuchas cantar en la ducha, en la cocina, en el carro, en la fila del banco o mientras barro la casa… ¡no te sorprendas! Porque para mí, cada día es un escenario y cada momento es una oportunidad de ser feliz cantando lo que me gusta. Y a ti ¿Qué te gusta cantar?