
T-MEC e incertidumbre
Para nadie fue sorpresa. Finalmente, el gobierno norteamericano decidió no renovar el tratado comercial con México y Canadá por otros dieciséis años y en cambio entrar a una dinámica de revisiones anuales durante los próximos diez años. Lo bueno: se garantiza permanencia en tratado una década más. Lo malo: las revisiones anuales desalentarán inversiones de amplio aliento.
No esperó Donald Trump a que terminara la tregua no oficial que significó elMundial de futbol. Con la mira puesta en las elecciones de su país del primer martes del mes de noviembre, instruyó a su Representante Comercial, Jamieson Greer, a que durante la reunión virtual que sostuvo con el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, y el ministro canadiense de Comercio, Dominic LeBlanc, el pasado día primero de julio, diera a conocer su decisión de activar la llamada cláusula de extinción (sunset clause) que establece como fecha de caducidad del acuerdo trilateral el 1 de julio de 2036, teniendo exhaustivas revisiones anuales. Un estratégico y escue
Un estratégico y escueto comunicado del gobierno de Trump plasmó narrativas, fijó posturas, para diferentes destinatarios: “Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual. Como resultado, el T-MEC no se renueva”. Esas líneas van dirigidas a su audiencia republicana, en particular a la que forma parte del llamado Rust Belt (Cinturón de óxido), que son los estados donde se llegó a concentrar la industria manufacturera (Michigan, Illinois, Indiana, entre otros) y que hoy “destaca” por sus naves industriales abandonadas.
Por otro lado, en ese mismo comunicado da un matiz para que no se alarmen los mercados y dar tranquilidad a su clase empresarial, “Estados Unidos continuará colaborando con México y Canadá para abordar las deficiencias del Tratado y nuestros déficits comerciales con estos países. Sin embargo, el Tratado permanece en vigor en espera de la resolución de estos asuntos o hasta su terminación”. A pesar de la visión optimista del gobiernomexicano de ver el vasomedio lleno por continuar diez años más en el T-MEC, varios analistas financieros ven cómo se encienden focos amarillos para el tema de la atracción de inversión extranjera directa. Han alertado sobre el prolongado periodo de incertidumbre que provocará que proyectos de relocalización (“nearshoring”) permanezcan pausados o detenidos, inestabilidad regulatoria, lo que llevará a la reducción de atracción de capitales. Difícilmente las grandes compañías querrán comprometer capital de largo plazo cuando las reglas pueden cambiar cada año. Se ha eliminado la ventana de estabilidad que garantizaba el tratado prolongado por otros 16 años.
Será precisamente en las decisiones de inversiones a futuro en donde se verá el impacto más grave. Los inversionistas privilegiarán el estar en una fase de lo que ellos llaman “Wait and see” (esperar y ver). Sobre todo el sector automotriz y de autopartes es el más afectado. Para la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) la revisión anual del tratado daña el proceso de integración económica que los tres países construyeron durante las últimas tres décadas.
Entre la duración del T-MEC, acordada por 10 años con revisiones anuales, y el arancel del 25% de la sección 232, recién se presentó un escenario adverso para el gobierno mexicano. Toyota anunció el traslado de la producción de la pick up Tacoma de Tijuana a San Antonio, Texas. Representará una inversión de 3,600 millones de dólares que irán a Estados Unidos y no se quedan en México.
El gobierno de México, la Secretaría de Economía en este caso, deberán de redoblar esfuerzos por conseguir mejores condiciones para nuestro país de cara al acuerdo trilateral. Es verdad: continúa Estados Unidos formando parte del acuerdo, que ya es ganancia. Pero no es suficiente.