
Tres meses sin Carlos Emilio: el mensaje de una madre que sigue esperando respuestas
Este 5 de enero se cumplieron tres meses de la desaparición de Carlos Emilio Galván Valenzuela, un periodo que para su familia no se mide en días ni en calendarios, sino en horas de espera, trámites acumulados y una ausencia que no se llena con explicaciones oficiales.
Con este motivo, su madre, Brenda Valenzuela Gil, publicó un mensaje en redes sociales que se convirtió en un testimonio crudo del dolor, el desgaste y la falta de respuestas que enfrentan las familias de personas desaparecidas.
En su texto, la madre rechaza que el paso del tiempo se reduzca a una cifra o estadística y lo describe como “un abismo” que se abrió desde el día en que su hijo desapareció. Habla de expedientes que crecen, de sellos y lenguaje técnico que se acumulan, pero también de una búsqueda que no arroja resultados y de una fe que no se fortalece en las autoridades, sino en la esperanza de volver a abrazar a su hijo.
“No se avanza cuando falta un hijo”, escribe, al tiempo que cuestiona cuántos protocolos, documentos y plazos pesan más que la vida de una persona desaparecida.
Una espera que no se detiene
En su mensaje, Brenda Valenzuela subraya que mientras la vida pública continúa su ritmo, las madres buscadoras quedan “suspendidas en el tiempo”. Cada día sin avances, advierte, expone más a su hijo, lo pone en riesgo y revictimiza a la familia.
El texto también rechaza discursos, explicaciones y plazos, para concentrarse en una sola exigencia: que Carlos Emilio regrese a casa.
Situación del caso
Hasta el momento, las autoridades han señalado que el caso permanece abierto y bajo investigación, sin que se haya informado públicamente de avances sustanciales o resultados concretos. La familia ha reiterado su llamado a que la búsqueda se realice con urgencia y enfoque humano, ante el contexto de desapariciones que persiste en Sinaloa.
Mientras tanto, la madre de Carlos Emilio insiste en que no hay espacio para la resignación: buscar a un hijo, afirma, no permite sentarse a llorar, sino seguir tocando puertas con el dolor a cuestas.
