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Urgen liderazgos en San Isidro

Mirador

ENRIQUE IRAZOQUI MORALES

 E L Club San Isidro fue fundado en 1948 como una institución deportiva y social que buscaba ofrecer espacios de convivencia y práctica de diversas disciplinas a las familias de La Laguna. Desde sus primeras décadas se convirtió en un referente regional, pues sus canchas fueron incluso sedes de partidos de futbol profesional en su legendario estadio conocido como La Herradura, casa del desaparecido equipo de la Ola Verde del Laguna.

Con más de siete décadas de trayectoria, el club ha sido punto de encuentro intergeneracional, donde se fomenta la competencia deportiva y la vida comunitaria ha sido moneda común en su habitual devenir.

Como prueba un botón. En los últimos años, el prestigio del club se ha visto opacado por conflictos internos. Los propios socios inconformes han denunciado que quienes estacionalmente detentan el poder, han aplicado a los considerados disidentes sanciones como: suspensiones arbitrarias sin notificación formal; procesos electorales cuestionados con señalamientos de favoritismo y falta de transparencia así como opacidad en el manejo financiero, lo que ha generado desconfianza en la administración actual.

Estas inconformidades han escalado hasta convertirse en un tema de debate público, que ahora ya salen de las paredes de la institución. La controversia es, pues, pública, debido en parte a que San Isidro trasciende de lo deportivo y forma parte del tejido social lagunero.

El club no es solo un espacio de convivencia, es también un semillero de atletas. Su composición social, que incluye tanto clases altas como medias, ha permitido que sea competitivo en múltiples disciplinas. En raquetbol, por ejemplo, se han formado campeones nacionales que han dado prestigio al club y a la región.

Otro de sus grandes aportes es el equipo de futbol americano Vikingos de San Isidro, considerado un pilar en la historia deportiva lagunera. Los Vikingos marcaron época y contribuyeron a popularizar este deporte en la Comarca Lagunera, dejando huella en generaciones de jóvenes. Hoy Vikingos también está en conflicto, pero con su liga, donde compite. Eso seguro es un lastre a la historia de la franela púrpura que visten. Ojalá pronto se arregle eso también.

Ayer fue su asamblea anual. Antes de que iniciara, un quejoso del momento, de nombre Sergio Gómez Pérez, en entrevista con varios medios deportivos de la Comarca Lagunera, indicó que es uno de los tantos afectados por decisiones arbitrarias de los actuales dirigentes del club deportivo y social.

Con documentos en mano y varios expedientes, habló acerca de las anomalías del actual comité en San Isidro. Fue suspendido hace un año por señalar a uno de los socios por robo, pero no fue notificado por la supuesta falta que cometió. Nunca dejó de pagar su mensualidad para evitar ser dado de baja.

Estas quejas como las del señor Gómez constituyen un capítulo más en la senda de los conflictos que, aunque ya tienen capítulos anteriores, suelen verse con más frecuencia.

Por ello, como es claro que el Club San Isidro representa tradición, deporte y comunidad, los conflictos internos amenazan con debilitar su papel histórico. La institución es demasiado valiosa para La Laguna como para verse fracturada por divisiones administrativas. La transparencia y la unidad son esenciales para preservar un legado que ha dado identidad y orgullo a la región durante más de siete décadas.

Es tiempo en realidad que quizás emerjan liderazgos de mayor calado, que le regresen a San Isidro la paz y las condiciones que permitan que nuevamente la competencia deportiva y social prevalezca. Obvio no desaparecerán los intereses económicos propios de una actividad de tantas familias, pero lo mejor es que sean normados con equidad, para que esa institución lagunera siga siendo un referente más de la comunidad lagunera.

Jean Cusset, ateo con excepción de las veces que escucha el Adagio de Albinoni, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó:

-Hay quienes dicen que Dios está en la naturaleza. Yo pienso, como Spinoza, que Dios es la naturaleza. Hay más de Dios en una brizna de hierba que en toda la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Dios está en todas partes, incluso en los templos, pero muchas veces los predicadores no nos dejan verlo.

Siguió diciendo Jean Cusset:

-Es absurdo pensar que a Dios lo podemos sobornar con rezos o con ritos, y menos aún con limosnas. Sólo por medio del amor nos será posible acercarnos a él, que es el amor. Busquemos a Dios en la naturaleza y en nosotros mismos. Ahí lo encontraremos.

Así dijo Jean Cusset, y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Dios, Isidro, club, deportiva

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