
¿Valentía, negocio o… locura?
"¿No sabes tú que no es valentía la temeridad?" Cervantes
La aurora de México, nuevo bastión de libertad hoy amenazada. Paradoja: la terrible amenaza al orden mundial de hoy, tiene una versión noble. Cervantes imaginó a un personaje, abrazado por cierta locura, dispuesto a dejar la vida por perseguir ideales, una locura bondadosa. Pero la historia denuncia otra lectura: los horrores que la locura ha traído al mundo. La RAE no hace concesiones, define locura como "privación del juicio o uso de la razón (sinónimo de demencia, enajenación, insania)…Despropósito …fanatismo extremo…". Pero el uso social es muy tolerante: "está loco por su mujer", "es un loco adorable". Concedemos a la locura la posibilidad de que sea benéfica. Pero esa laxitud no debe trasladarse a los gobernantes. De ellos debemos exigir cordura, sin margen: "…Cualidad de ser cuerdo, es decir tener prudencia, sensatez y buen juicio", justo lo opuesto a la locura. Gobernantes dominados por la locura ha habido y muchos. Pensar "fuera de la caja" genera ilusiones que los sensatos no lanzan. La locura es popular. Milei, uno de los casos más recientes.
A los locos no todo les sale mal, no están condenados al fracaso, ahí el riesgo. Cierta dosis de locura amplía el espectro de las ideas. Pero, queda claro, esos "éxitos" son sólo de corto plazo. La insensatez no trae beneficios perdurables. ¿Entonces, cuál es el límite? Hitler, Mussolini, Stalin, Pol-Pot, Franco o Perón y muchos más, llevaron a sus naciones al abismo. Pero en democracia esa posibilidad, un gobernante, está incluida.
En los últimos días el mundo es testigo de actos que desnudan la insensatez que gobierna a EUA: decapitación en Venezuela violando todas las normas y recibe aplauso; amenazas a la Unión Europea y Rusia, a Irán con ataques "como nunca antes"; a Cuba; a México por tierra; Groenlandia "por la buena o por la mala"; captura o destrucción de barcos en aguas internacionales. Pero quizá la acción menos espectacular, pero más dañina para la humanidad, sea el retiro de Estados Unidos de muy diversos programas con visión global -alrededor de 60- del sistema de la ONU. Desde la atención a niños con riesgo de VIH, hasta cambio climático. El argumento central, los costos: todo el sistema demanda de Estados Unidos alrededor de 20 000 mdd. El gasto militar en Estados Unidos en 2026 será de alrededor 900 000 mdd., o sea 45 veces más.
A Estados Unidos lo gobierna un demente que está poniendo en riesgo el orden mundial. Los contrapesos de una de las grandes democracias no están funcionando. Los riesgos de la insensatez incluyen a su propio país. Un ejemplo, si no somos capaces de detener el calentamiento global, las consecuencias para las dos costas serán devastadoras. Lo mismo con la posibilidad de nuevos tipos de pandemias. Cortar los apoyos a las universidades y centros de investigación con la mayor potencia en capacidades humanas en esas labores, es suicida. ¿De qué sirve ser muy rico, si no se puede salir a la calle, o ver amigos o se teme por la vida?
La locura de Trump, ha quedado al desnudo. Aunque algunas de sus acciones en el corto plazo le traigan aplausos, está condenando a su país a vivir en un mundo inestable y hostil. Mal negocio. La comparación es inevitable, cómo es posible que una de las naciones más educadas del mundo -Alemania llevó a Hitler al poder- es hoy prisionera de la locura: "Mi propia moralidad. Mi propia conciencia. Es lo único que puede detenerme". Un autorretrato dramático para la historia. El ICE incendiando decenas de ciudades. Pedirle a Corina Machado que le ceda el Nobel. Locuras con consecuencias: la persecución de migrantes ya encarece los alimentos. Los odios que está desatando, pueden provocar actos terroristas, poner en peligro a los pasajeros de aviones, barcos, o trenes subterráneos de Estados Unidos. También agresiones a sus ciudadanos en el mundo.
Trump no es valiente, es temerario y el mundo se sacude.