
Verdades literarias
Entre todos los escritos que, avalados por mi taller de literatura, tengo que leer pera luego yo pueda hacer un ejercicio está uno que enseguida nombraré. Escribir algo que no me cabe como idea y si lo tengo que hacer, pues no quiero y si no quiero ¿por qué lo tengo que hacer? ¡Ah! porque no quiero que pase aquello que ya pasó y si ya pasó qué necesidad hay de sacarle punta al lápiz, o mejor dicho de gastar el teclado de este aparato que abro y cierro queriendo empezar una tarea que me cuesta trabajo empezar, pero si no empiezo ¿Cómo he de terminarla? Y claro está, vuelvo al principio, me pregunto ¿de qué escribo? ¿De mí? Aburrido, ya bastante sé, o no, tal vez, pero los demás no lo saben ¿y qué si no hablo de esta que soy, pero si digo de los demás?, arde Troya entonces, porque tal vez diga cosas que no agraden. Es difícil escribir mentiras y hacerlas ver como verdades, digo al menos para mí, ahora contar verdades que parezcan mentiras pues aún más le pienso.
La palabra es tan extensa y corta a la vez que diez cuartillas no sé si lleguen a ser, tal vez serian seis si nada más hablase de mí, y eso mucho ha de ser, pues lo menos que se diga es mejor, sin embargo no me gusta pensar cuánto en un escrito me he de llevar si de otros tengo algo que contar, en fin que la pluma elija a dónde va. Intenté leer "El impostor" de Javier Cercas, pero vi la cantidad de páginas, que pensé "¿Cómo no estudié el método de lectura rápida?" Digo, para en un dos por tres haberlo terminado. Lo pasé rápidamente en la pantalla de principio hasta el final esperando captar rápido, pues nada, todo en blanco. "¡Qué ilusa eres!", pensé. Leí las primeras páginas, con el método antiguo, por supuesto, en silencio total, lento pero seguro. Me gustó, pero para ser sincera en eso me quedé, siempre empiezo y no acabo ¿por qué? No sé, el tiempo, el trabajo, los negocios, los viajes.
Me gusta escribir, más muero en el intento cada que empiezo una historia nueva, tengo tantas ideas, pero al final se pierden sin llegar a una sola que me convenza de plasmarla, pero, luego cuando menos lo espero llega esa que no estaba invitada y se queda, es como la colada en las fiestas, nadie sabe de ella pero al final es la que hace la fiesta y otras veces le echan a patadas por meter la pata. Cuando digo esto es por aquello de ese relato, como dije en un principio al maestro, no me late el proyecto, se me hace difícil abrir páginas que no quiero leer pues ya las leí y otras que si las leo por primera vez, no sé qué ha de pasar, si me gusta que bueno y si no, pues no pasa nada, a fin de cuentas de todo se aprende "¿Por qué el contar en un taller de escritura donde todos somos protagonistas?", pensé. Cada uno dirá lo mejor, tal vez. Bueno cuál más cuál menos, todos tenemos los mismos derechos de expresar, con flores y sus espinas según desde mi punto de vista, si queremos.