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Víboras y diamantes

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Víboras y diamantes

Víboras y diamantes

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR

El oficio de la traducción rara vez es sencillo. Los traductores se enfrentan constantemente a dilemas que no siempre tienen una solución perfecta, de ahí que Umberto Eco, uno de los grandes lingüistas contemporáneos, titulara su célebre obra sobre teoría de la traducción Decir casi lo mismo, con lo que subraya que la equivalencia absoluta entre lenguas es, en muchos casos, imposible. 

Un ejemplo ilustrativo lo encontramos en el nombre de un equipo de béisbol de las Grandes Ligas: los Arizona Diamondbacks. Este conjunto pertenece a la División Oeste de la Liga Nacional, tiene su sede en Phoenix y disputa sus partidos en el Chase Field. En el año 2001 alcanzó la gloria al vencer a los Yanquis de Nueva York en la Serie Mundial. 

Si intentáramos traducir el nombre de manera inmediata y literal, obtendríamos “Espaldas de diamante”, una expresión que tiene muy poco sentido para entender el efecto que esta palabra tiene cuando los hablantes de lengua inglesa escuchan o leen el vocablo. Para desentrañar el enigma debemos examinar con cuidado los componentes del término. 

Para empezar, la palabra Diamond significa, en efecto, diamante, pero también puede referirse a un apellido o a la figura geométrica de cuatro lados, cuyos ángulos no son rectos, es decir, el rombo. En el ámbito deportivo, se llama diamante al infield o cuadro interior de un campo de béisbol, precisamente por su forma romboidal, aunque en este caso los ángulos sí son rectos. Así, Diamond puede equivaler a rombo, una traducción poco común en el español de México 

La polisemia no es exclusiva del inglés, pues Diamante en lengua española también designa, entre otras cosas, la punta de las brocas de los taladros. 

El problema se complica al añadir back. Traducirlo como espalda o lomo nos llevaría a expresiones aún más desconcertantes: “espaldas romboides” o “lomos de diamante”, ininteligibles para los aficionados de habla española. Sin embargo, el sentido real apunta hacia otra dirección. Back alude aquí al dorso de un animal cuyo diseño o patrón en la piel presenta figuras romboidales. 

Ese animal existe y es bien conocido en los desiertos del suroeste de Estados Unidos y el norte de México: la víbora de cascabel occidental, cuyo nombre científico es Crotalus atrox. Se trata de una serpiente larga y peligrosa, que ostenta un dibujo característico de rombos en la piel, y tiene un cascabel sonoro que advierte su presencia. Prefiere los suelos áridos y pedregosos, y su mordedura puede ser mortal. Ante una de ellas, lo más prudente es alejarse de inmediato. Es común en los alrededores de Phoenix, Arizona; por eso, el equipo adoptó ese nombre y, con él, a su mascota. 

De este modo comprendemos que el nombre de la novena no alude a piedras preciosas, sino a una serpiente atroz. Durante años, en Latinoamérica y en España, algunos cronistas deportivos tradujeron erróneamente el nombre del equipo como Los Diamantes de Arizona, pero la referencia correcta es zoológica, no mineralógica. 

Surge entonces la pregunta: ¿cómo llamar en español a los Diamondbacks? Una opción sería Las Víboras de Cascabel, aunque resulta demasiado larga para corearla en un estadio. La organización estadounidense de las Grandes Ligas de Béisbol los denomina oficialmente Los Cascabeles, pero esta traducción no ha tenido gran difusión entre los aficionados hispanohablantes. Además, la palabra Cascabel evoca un instrumento musical alegre, más que una serpiente peligrosa. 

Algunos han propuesto Los Crótalos de Arizona, término científicamente exacto, pues un crótalo es precisamente una víbora, pero no cualquiera, pues no llamamos crótalos a las boas ni a las cobras, sino solamente a las víboras de cascabel. Sin embargo, su uso se da casi exclusivamente en ámbitos académicos. Imaginar a un aficionado gritando “¡Arriba los Crótalos!” en medio del estadio provoca más risa que entusiasmo. La corrección lingüística no siempre garantiza eficacia comunicativa. 

Así, el dilema permanece abierto. La traducción literal conduce al absurdo, la científica al ridículo, y la oficial no traduce con propiedad el nombre. El caso de los Diamondbacks muestra con claridad la dificultad de trasladar nombres propios entre lenguas y culturas. Traducir no es solo pasar palabras de un idioma a otro: es interpretar símbolos, contextos y resonancias. Y en ese proceso, como decía Eco, lo máximo que podemos lograr es decir casi lo mismo.

Escrito en: OPINIÓN nombre, traducción, tiene, casi

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