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Vigencia de Polk

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CARLOS CASTAÑÓN CUADROS

Llegó a la presidencia de los Estados Unidos casi como un desconocido. No era el candidato favorito, ni tampoco el más inteligente o preparado. Cual caballo negro, dio la sorpresa en las elecciones de 1844. Derrotó a Henry Clay, más refinado y entendido. Como político sus ideas fueron sencillas pero claras: ganar territorio y hacer de Estados Unidos una potencia continental. En ese año, el nuevo presidente James K. Polk se propuso hacer realidad la doctrina Monroe. Sus diarios, escritos de puño y letra, dan cuenta de la personalidad y sobre todo, de su obsesión por ganar territorio a México. Léase literalemnte: robarle, arrebatarle.

Polk fue un presidente desagradable, racista, esclavista. Así lo refrendó en los hechos. El mismo poseía una gran plantación de algodón en Misisipi con esclavos. En su periodo como presidente también utilizó esclavos en la Casa Blanca. Para no extrañarnos, no hizo nada distinto a los padres fundadores. Como presidente, no soportó las críticas e incluso le molestaron las negociaciones que conlleva el poder con el Congreso. Por lo mismo, no tomó en cuenta a los opositores en el Congreso, simplemente los saltó. En la presidencia se asumió dueño de la verdad. Incluso consideró que quienes lo criticaron no son patriotas. Cualquier similitud con el presente no es casualidad, sino causalidad.

Polk dejó testimonio en sus extensos diarios donde buscó al principio la anexión de Texas y California, pero después agregó otras pretensiones en el camino, como el libre tránsito por el Istmo de Tehuantepec. Más delante se le ocurrió que el puerto de Tampico también sería un lugar estratégico para las ambiciones estadounidenses. Ya entrado en gastos, escribió en su diario ¿Y por qué no ocupamos todo el territorio mexicano?

Al principio, Polk mandó emisarios para realizar ofertas a fin de comprar California y Nuevo México, pero ante las negativas del modesto gobierno mexicano, el mandatario declarar la guerra a México. A fin de lograr el objetivo de ganar territorio, Polk no dudó en promover afirmaciones falsas como decir que Texas es parte de Lousiana. Pero la más grave y desgraciada para los mexicanos, fue afirmar que México les declaró la guerra, no obstante que fue al revés. En ese sentido, no importó la verdad, sino lo que declaró como "verdadero". Esta afirmación absolutamente falsa se convirtió en una auténtica pieza de propaganda para los estadounidenses. Sin embargo, en el Congreso hubo excepciones. Tal fue el caso de Abraham Lincoln, quien en su calidad de congresista, exigió saber el lugar exacto donde se había derramado sangre estadounidense, dudando de la justificación del conflicto. Por su parte, el héroe nacional Ulysses S. Grant, calificó la invasión a México como una de las guerras más injustas.

La invasión comenzó en 1846 y se prolongó hasta 1848. El 2 de febrero de ese último año se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Sin embargo, el operador gringo del tratado, Nicholas Trist, reconoció la tremenda injusticia y el abuso de su gobierno contra México. En sus adentros se sintió profundamente avergonzado y el gobierno de Polk lo consideró un traidor. Aun así, se llevaron la mitad del territorio nacional, ahora poblado por cientos de miles de migrantes mexicanos. Pese a las políticas racistas, punitivas o asesinas del ICE, no hay marcha atrás para la presencia de México en los Estados Unidos. Como signo de los tiempos y sin ningún ocultamiento, el magnate devenido a presidente celebró el 178 aniversario del Tratado de Guadalupe Hidalgo como un triunfo de los Estados Unidos: "una de las primeras demostraciones de poderío militar de nuestra nación" bajo la doctrina del Destino Manifiesto. Según el político, Estados Unidos "reafirmó su soberanía y amplió la promesa de la independencia estadounidense en todo nuestro majestuoso continente".

En el momento actual, resulta increíble que entre los mexicanos algunos se demuestren partidarios de Polk. Ahí no existe la historia ni el mínimo sentido patrio.

Escrito en: OPINIÓN EDITORIALES Polk, Estados, presidente, territorio

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