
Voraces
Muchos le han solicitado a Sheinbaum seleccionar bien a la futura presidenta del INE. Es reveladora la demanda. La Constitución estipula que la responsabilidad es de la Cámara de Diputados.
El proceso es colegiado. Primero, se integra el Comité Técnico de Evaluación, con cinco personas de reconocido prestigio. Tres son designadas por la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de la Cámara de Diputados y dos por la CNDH. Cuando este mecanismo se introdujo en febrero de 2014, el comité tenía siete integrantes, dos más eran nombrados por el IFAI, luego INAI, ya desaparecido. El comité selecciona una quinteta de la cual se elige a uno por mayoría de dos tercios de los diputados. Este barroco procedimiento es para acordar un árbitro técnicamente competente, con buena reputación e imparcial.
El principio constitucional subyacente es que los temas importantes no pueden ser impuestos por el presidente de la República ni por su mayoría.
El INE de Taddei, sin embargo, permitió la sobrerrepresentación de Morena y sus aliados en la Cámara (364 de 500 diputados, 72.8 por ciento, con 54.7 por ciento de los votos).
Morena controla directamente la conformación del Comité a través de la Jucopo, donde el voto es proporcional a los diputados de cada partido, e indirectamente a través de la CNDH, hoy en manos de una incondicional. Se han dedicado a poner a los suyos.
En el proceso para seleccionar consejeros de marzo pasado, una de las dos designadas por la CNDH para integrar el Comité, Irma Ramírez Cruz, era coordinadora en la Secretaría Ejecutiva del INE, subordinada de Taddei. Morena y sus aliados eligieron a consejeros afines, incluido Arturo Chávez, quien ha trabajado para Sheinbaum desde que fuera delegada en Tlalpan. Los nuevos consejeros votaron casi siempre con Taddei, lo esperable por ser todos ellos hechura de Morena.
Hasta ahora, Sheinbaum ha aprovechado todas las oportunidades para eliminar contrapesos. El cambio más dramático, cuyas implicaciones no acabamos de digerir, es un Poder Judicial electo, desde jueces, hasta la Suprema Corte, con un Tribunal de Disciplina Judicial que no vigila el que no haya corrupción (como es en las democracias el papel de este tipo de organismos), sino que las decisiones de los jueces no sean contrarias “a la administración de justicia”. Taddei también validó los acordeones con los que en el gobierno dirigieron el voto hacia sus candidatos, algo prohibido en su flamante reforma constitucional.
A Taddei le debían varios favores.
Le modificaron la ley para concentrar el poder en la presidencia del INE. Eso siempre termina con alguna versión de relación estrecha con los contratistas, algo extendido en este gobierno.
Sheinbaum argumenta que Taddei no era de Morena, sino que su primer nombramiento fue en los años de la presidencia de Lorenzo Córdova. Alguien capaz de argumentar así difícilmente buscará un árbitro imparcial.
Seguramente utilizará su poder para poner a una leal a ella, idealmente que no se robe el dinero, pero sí de ella. Primero pusieron a la corrupta de Taddei y ahora aprovechan la crisis del INE para recortarle el presupuesto.
Si Sheinbaum decidiera buscar una presidenta del INE impoluta, tendría que encontrar una candidata aceptable por la oposición. El procedimiento que está en la Constitución sirve para obtenerlo, pero ya lo colonizaron. Ricardo Monreal, líder de Morena en Diputados, ha dicho que buscará lograr un consenso en la elección de la presidenta del INE, aunque si no se ponen de acuerdo podrían dejar a la presidenta interina, también impuesta por ellos.
En una foto de periódico del 31 de octubre de 1996 que circula en X están las caras de Calderón, Oñate y AMLO, los entonces presidentes del PAN, PRI y PRD. El título dice que tras 12 horas ininterrumpidas de negociación acordaron a Woldenberg como presidente del IFE. Esa es la otra opción, negociar de verdad, algo que Morena no suele hacer.