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OPINIÓN

Yo no fui…

Yo no fui…

Yo no fui…

JOSÉ NARRO ROBLES

En nuestra sociedad, antes y después de la Independencia, la Revolución o el PRI, esto es, casi siempre, hemos tenido una tendencia, muy frecuente, a negar la realidad, a desconocer nuestras obligaciones y a señalar a otros como responsables. Esto se acentúa en la política y toma tintes intensos en la cúspide del poder. Claro que en esto último hay excepciones; sin embargo, se compensan con aquellos que sienten que todo lo malo que pasa en sus gobiernos es a causa de lo que otros hicieron o dejaron de hacer.

Esto ha involucrado lo mismo actores internacionales que nacionales. En los últimos ocho años, este defecto se ha acentuado y recrudecido. En el ámbito exterior lo mismo se ha buscado culpables cinco siglos atrás, como Cortés, que recientemente a Trump y los Estados Unidos, a quienes se hace responsables de utilizar “acusaciones por narco para debilitar gobiernos”, en lugar de reconocer que tenemos un grave problema por la colusión de personajes mayores de la escena nacional con el crimen organizado y proceder con las investigaciones, de hacerlo a fondo y oportunamente, de evitar la impunidad, de imponer castigos ejemplares y de combatir la corrupción.

“La honestidad valiente” se evaporó y transformó en “corrupción consentida” en su doble sentido. Si el asunto solo fueran el de Sinaloa y Rocha se podrían poner en duda los señalamientos de narcogobierno que, por cierto, surgieron en parte del grito de veintenas de miles en el Zócalo capitalino, durante las manifestaciones cuatro años atrás. Sin embargo, los hechos se han multiplicado y alcanzan a otras entidades federativas, a numerosos personajes en innumerables asuntos que también tienen que ver con la mentira, el despilfarro y los errores.

Los mayores daños del periodo, por lo hecho y lo que se ha dejado de hacer como nunca antes, han sido el enfrentamiento, la polarización y las fracturas sociales ocasionadas. Lo peor es que esto ha repercutido en cientos de miles de fallecimientos que no debieron registrarse. Como si esto fuera insuficiente, no se acepta responsabilidad alguna y se culpa a otros: Calderón y García Luna se convirtieron en los “villanos favoritos”.

Ahora como antes, el problema no radica solo en las estructuras gubernamentales. Muchos son los relacionados. En primer lugar, la clase política que, salvo algunas excepciones, ha dejado mucho que desear. Incluyo aquí por supuesto a los partidos políticos y sus “dueños” vitalicios, todos con más de diez años de propiedad y algunos con siete lustros de antigüedad, por igual a los que, por mucho tiempo, han poseído la franquicia correspondiente.

Este no es un tema exclusivo de la clase política y sus estructuras. Es de la sociedad entera que, por desgracia, también ha tenido una actuación fallida. En particular algunos sectores no han estado a la altura de lo requerido. Pienso en algunos de los grupos y sectores que debieron hacer mucho más en defensa de la Patria. Por supuesto no se trata de todos, pero sí de algunos empresarios, sindicatos, periodistas, medios de comunicación, académicos y, sin duda alguna, del cuarenta por ciento de los ciudadanos que han fallado a la hora de las votaciones.

La marcha del país es asunto del que nadie está exento. La construcción del futuro nacional nos incumbe a todos y en su definición debiéramos participar igualmente todos. Para ello se deben generar las mejores condiciones y se debe actuar con solvencia moral y determinación. Se podrá decir “yo no fui”, pero será imposible escapar del “fuimos todos”. En 2027 debe iniciar el cambio.

@JoseNarroR

Escrito en: Editoriales que,, esto, mucho, política

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