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Durante años se ha dicho que los imanes decorativos colocados en la puerta del refrigerador pueden aumentar el consumo de energía eléctrica y, por lo tanto, elevar el recibo de luz. Sin embargo, esta creencia popular es más mito que realidad.
Los imanes comunes, como los recuerdos de viaje, figuras decorativas o sujetadores de notas, no tienen la fuerza suficiente para interferir con el funcionamiento del refrigerador, el compresor, los sensores o los circuitos internos del aparato.
Especialistas en consumo y energía han explicado que el campo magnético de estos objetos es demasiado débil para afectar el ciclo de enfriamiento o provocar que el refrigerador trabaje más tiempo. Es decir: tener unos cuantos imanes en la puerta no hará que el recibo de luz llegue más caro.
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Entonces, ¿de dónde salió el mito?
La idea se ha popularizado en redes sociales y conversaciones domésticas, sobre todo con publicaciones que aseguran que retirar los imanes puede ayudar a ahorrar energía. Pero en la práctica, el consumo del refrigerador depende de otros factores mucho más importantes.
Lo que sí puede representar un problema es llenar la puerta con objetos pesados o colocar demasiados adornos. No porque aumenten directamente el gasto de electricidad, sino porque podrían afectar las bisagras, rayar la superficie o dificultar que la puerta cierre correctamente.
Y ahí sí está el verdadero punto: si la puerta no cierra bien, entra aire caliente y el refrigerador debe trabajar más tiempo para mantener la temperatura interna. Eso sí puede traducirse en mayor consumo de energía.
Lo que sí sube el consumo de luz
De acuerdo con recomendaciones de ahorro de energía, los hábitos que más pueden hacer trabajar de más al refrigerador son:
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Abrir la puerta constantemente o dejarla abierta por mucho tiempo.
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Meter alimentos calientes.
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Tener los sellos de la puerta deteriorados.
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Colocar el refrigerador cerca de la estufa, el horno o una ventana con sol directo.
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No dejar espacio suficiente para que ventile.
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Permitir que se acumule demasiada escarcha.
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No limpiar la parte trasera o el condensador del equipo.
El Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica recomienda abrir la puerta del refrigerador lo menos posible, revisar que los sellos cierren correctamente, no introducir alimentos calientes y colocarlo en un sitio ventilado, lejos de fuentes de calor.
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¿Cómo saber si la puerta ya no sella bien?
Una prueba sencilla consiste en colocar una hoja de papel entre la puerta y el refrigerador, cerrarla e intentar jalarla. Si la hoja se desliza con facilidad, el empaque podría estar desgastado y sería necesario revisarlo o cambiarlo.
También puede observarse si hay fugas de aire frío, humedad alrededor de la puerta o si el refrigerador trabaja más tiempo de lo normal.
Entonces, ¿debo quitar los imanes?
No necesariamente. Si son imanes decorativos normales y no impiden que la puerta cierre bien, no representan un riesgo para el consumo eléctrico.
Lo recomendable es evitar sobrecargar la puerta con objetos pesados, limpiar la superficie de vez en cuando para evitar rayones y revisar que el empaque conserve un buen sellado.
Así que la próxima vez que alguien diga que los imanes del refrigerador suben el recibo de luz, la respuesta es clara: el mito no está en los imanes, sino en los malos hábitos de uso.