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EL SIGLO DE DURANGO
dom 16 dic 2018, 10:58am 3 de 3

Indivisa Manent…. ¡Resurge!

La banda de guerra, el tono formal a todas las ceremonias.


SIGLOS DE HISTORIA

Me gradué de secundaria del Instituto Francés de La Laguna en… 1975. Llegué de tan sólo seis años a la primaria en 1966, recién salido del kínder, y aún recuerdo la sensación de libertad e independencia que sentí al abordar el autobús escolar que nos recogía en "la parada", sitio convenido entre los casi diez vecinos que abordábamos "el camión" para trasladarme durante 45 minutos, dos veces al día, hasta las instalaciones de mi "colegio".

El olor de hule nuevo de los cuadernos recién forrados donde estrené mis lápices afilados y la textura y dibujos de los libros gratuitos en donde aprendí el enorme valor de las letras y la potente combinación de palabras que estas pueden forjar, imprimieron los primeros momentos de felicidad en una noble institución de la que guardo los más gratos recuerdos.

Una multitud de compañeros que intentábamos todo tipo de juegos inundaba el enorme patio de nuestro recreo, desde jugar basquetbol, beisbol, futbol, canicas, trompo, balero, hasta la práctica relampagueante del arte de las trompadas antes de que un hermano llegara a separarnos.

Como la Escuela "La Salle", gratuita, para niños en desventaja económica, estaba dentro de nuestro colegio y compartíamos el patio y no pocos juegos, tuve la fortuna de recibir una enorme lección de inclusión social a tan temprana edad que hasta ahora atesoro con sabia satisfacción.

Ahí, en el Francés, aprendí que todos somos iguales, que si en algo hemos de distinguirnos en la vida es por nuestro esfuerzo y por el buen encauzamiento de nuestro talento siempre en colaboración con nuestro semejante. Para triunfar, hay que transformar el individualista yo en un sólido nosotros.

Los Hermanos Lasallistas siempre tuvieron una muy firme convicción Cristiana que nos inculcaron en nuestra formación, pero a la vez, una sana apertura al mundo que no inhibía nuestro crecimiento, esa es la imagen que yo recuerdo. Piedad, devoción y, a la vez, apertura.

Recuerdo con mucho entusiasmo que todos, absolutamente todos, hacíamos deporte y participábamos en alguna actividad artística. Algunos nos iniciamos ahí en una actividad que nos ha acompañado por la vida, yo en lo personal, en 1970 participé en el IFL en mi primera obra de teatro, justo cuando cursaba el 5º de primaria.

La marcialidad de las ceremonias cívicas, deportivas y religiosas, la elegancia nada pretenciosa de las instalaciones y la prestancia de sus protocolos, te hacían sentir que estabas enrolado en una institución que podría despertar tu talento para que te impulsaras hacia tu plenitud.

Cuando cursaba la secundaria, noté un cierto deterioro no sólo en las instalaciones que lucían faltas de mantenimiento y que se percibía la falta de nuevos proyectos que impulsaran la causa, sino en un soterrado declive en el ánimo de los Hermanos. Alguna crisis le pegó a tan venerable organización religiosa que algunos se retiraron de ella reincorporándose a la vida secular, algunos de ellos muy queridos. Pero como en toda caída, lo que está bien fundamentado, lo que tiene su sólido anclaje en el espíritu de un hombre o una mujer que la Iglesia no tuvo más remedio que concederle el título de Santo, los Hermanos de las Escuelas Cristianas inspirados en la vida y en la obra de Juan Bautista, señor de La Salle, Santo francés de la Iglesia Católica, los Hermanos Lasallistas retomaron el impulso perdido y recuperaron no sólo el ánimo, sino la apostura, la gallardía y la enjundia que les ha llevado a tener "el Francés" como en sus mejores tiempos.

Realmente, los Lasallistas están resurgiendo en La Laguna. Primero, recuperaron el brillo y la prestancia del IFL y luego recibieron una muy noble institución, el ISCYTAC, que transformaron en la Universidad La Salle, la ULSA, que ha logrado labrarse un firme nombre propio en nuestra Comarca. Ahora, ya fortalecidos, animados, más seguros de su importantísima y noble misión, están construyendo un nuevo y enorme campus en el complejo residencial Altozano que vendrá a situarlos en la vanguardia educativa que por derecho y tradición les corresponde.

Como toda organización formada por seres humanos, los hermanos lasallistas han enfrentado, y seguramente seguirán enfrentando, situaciones difíciles, algunas extremadamente difíciles, que habrá que resolver con justicia y legalidad. Tienen el corazón, la mente y la voluntad de hacerlo, y sé que lo harán.

En 1975, hice un alto para observar por última vez, como alumno, el colegio en donde fragüé mi carácter, en donde alimenté mi intelecto, en donde hice mis amigos, una profunda emoción me inspiró y me llenó de ánimo. En ese momento, me di cuenta de que nunca me iba a alejar de mi querido Francés, que por donde anduviese en el mundo, me iba a topar a un viejo maestro o a un fraterno compañero, seguiríamos hablando de nuestra escuela y planeando actividades. Generaciones anteriores y posteriores de alumnos me sirven de referencia cada vez que reconozco uno de sus logros. Sin duda, los Lasallistas han desempeñado una gran labor como educadores.

Me siento emocionado, pues como cada año, el primer sábado de diciembre, nos hemos reunido los compañeros, mis amigos. No sólo mantenemos el afecto, sino que lo renovamos. Las amistades de la infancia y adolescencia son para siempre,

Indivisa Manent, permanezcamos siempre unidos y celebremos el resurgimiento del movimiento lasallista en La Laguna

fsaenznegrete@hotmail.com

La dirección siempre tuvo la puerta abierta.
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