Un día como hoy
AGENCIAS
sáb 11 may 2019, 2:08pm 3 de 4

1935: Se extingue la vida de Edward Herbert Thompson, reputado arqueólogo y diplomático estadounidense



UN DÍA COMO HOY...

Reconocido por sus exploraciones y descubrimientos de la cultura Maya, a la que dedicó 40 años de estudios, el antropólogo Edward Herbert Thompson es recordado a 84 años de su muerte, que se cumplen este sábado.

El especialista estadounidense nació el 28 de septiembre de 1856 en Worcester, Massachusetts, y empezó a trabajar como antropólogo en 1879; a los 22 años publicó un artículo en la revista Popular Science Monthly.

En este artículo aventuraba, a partir de sus lecturas y sus observaciones de los monumentos mayas que había visto en fotografías, que el lenguaje arquitectónico de ésta cultura era la prueba de la existencia remota del continente perdido de la Atlántida.

Fue nombrado vicecónsul en Yucatán en 1885, gracias a que el entonces senador por Massachussetts, George Frisbie Hoar, lo recomendó para el cargo, de acuerdo con datos de su vida publicados por la Revista Yucatán.

Fue así que tuvo su primer acercamiento con la cultura Maya, a la que dedicó 40 años estudiando las ruinas y la forma de vida de los descendientes de esa civilización, con los que convivió para aprender su lengua, tradiciones y formas religiosas.

En 1894 adquirió la hacienda de Chichén Itzá, que incluía las poco estudiadas ruinas mayas del lugar -hoy una de las siete maravillas del mundo moderno- y su cenote sagrado, al que se abocó a explorar después de estudiar los textos de evangelización en la época colonial.

El estudioso aprendió a bucear y diseñó una grúa para bajar hasta el cenote para extraer las piezas que guardaba el cuerpo de agua y que había sido utilizado por los mayas como lugar de sacrificios y de lanzamiento de ofrendas.

Fue así como extrajo innumerables reliquias mayas, que después fueron vendidas al Museo Peabody de Estados Unidos, hecho por el que posteriormente sería acusado de saqueamiento arqueológico, caso que le seguiría hasta la muerte, aunque después se reabrió en contra de su viuda y única albacea.

Para 1910 finalizó sus exploraciones y entonces se descubrió la venta de las ruinas mayas al referido museo o que Thompson regaló parte a gente cercana, por lo que el gobierno mexicano clausuró la hacienda, expulsó al explorador y lo acusó de tráfico de piezas arqueológicas.

De las ruinas que sacó del cenote de 60 metros de ancho y 20 de profundidad sobresalen por su valor arqueológico la Venus Maya, el Templo de las Columnas Pintadas y el Mausoleo del Gran Sacerdote.

El especialista regresó a su país, donde escribió sus memorias y finalmente murió el 11 de mayo de 1935.

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