“Mano Mingo” llegaron a llamar sus hombres a mi padre, que es apócope de “Hermano Domingo”, porque fue en todo momento un jefe que supo ser hermano de ellos y que supo siempre conducirlos a la victoria final en contra del porfirismo, del huertismo y del villismo.
Hoy martes 18 de noviembre de 2003, al cumplirse el cuadragésimo primer aniversario del fallecimiento de mi padre, quien se fue de esta vida terrena el 18 de noviembre de 1962, aproximadamente a las cinco de la madrugada, con plena tranquilidad de conciencia, porque habiendo participado en una de las etapas más violentas de México no fue bandido, saqueador, violador ni asesino. Supo además irse a tiempo, pues no hubiera soportado la serie de desviaciones graves que se le han impuesto a lo que queda de la Revolución Mexicana, he querido rendirle homenaje filial, recordando a la División de Durango, cuerpo de ejército revolucionario que hizo la Revolución en Durango, Coahuila, Zacatecas, Sinaloa y territorio de Tepic, bajo sus órdenes directas.
Recuerdo muy bien que los héroes favoritos de mi padre eran Hidalgo, Morelos, Narciso Mendoza “El Niño Artillero”, Vicente Guerreo, Nicolás Bravo, Benito Juárez, y en sumo grado Guadalupe Victoria, sin duda por su valía histórica y además por la proximidad de sus cunas, pues mi padre era nativo de Canelas y el gran insurgente de la cercana Tamazula.
Tal admiración se refleja en los nombres de las brigadas y regimientos que integraron la División de Durango, y en el nombre del regimiento que jefaturó mi padre al triunfo del maderismo con el nombre de Regimiento Auxiliar de Caballería “Guadalupe Victoria”, con el que guarneció con éxito el estado de Durango, al combatir a los grupos rebeldes de reyistas y orozquistas que merodeaban por tierras durangueñas.
Por esa misma devoción hacia Guadalupe Victoria, en la etapa revolucionaria constitucionalista, formo la Brigada “Guadalupe Victoria” que se cubrió de gloria entre otros lugares en la toma de Zacatecas de 24 de junio de 1914, y que fue el pie veterano de la División de Durango, cuya estructura y mando hoy puedo dar a conocer, gracias a los valiosos datos que generosamente me fueron proporcionados por la señora Treviño, poseedora del muy interesante archivo de su abuelo, el general Enrique R. Nájera, destacado integrante que fue de la División de Durango. He aquí su estructura y mando:
“3a. Brigada”, al mando del general Mariano Arrieta León; Brigada “Lares”, al mando del general Ismael Lares; Brigada “Morales”, al mando del general Nicolás Morales; Brigada “Zaragoza”, al mando del general Pablo A. Serrano; Brigada “A. Arrieta”, al mando del general Andrés Arrieta; Brigada “Gamboa”, al mando del general Manuel Gamboa; Brigada “Aquiles Serdán”, al mando del general Félix Durón; Brigada “Miguel Hidalgo”, al mando del general Porfirio Martínez; Brigada “José María Morelos”, al mando del general Daniel Sánchez; Regimiento “González”, al mando del coronel Emilio González; Regimiento “Canales”, al mando del coronel Arturo Canales; Regimiento “Cangas”, al mando del teniente coronel Félix Cangas; Regimiento “Allende”, al mando del coronel Teodoro Arreola; Regimiento “Galeana”, al mando del coronel P. Gómez; Regimiento “Tejamen”, al mando del general Julio Ibarra; “22 Regimiento”, al mando del general T. Herrera; Brigada “Guanajuato”, al mando del general Maclovio García;Corporación “Tamazula”, al mando del coronel Francisco Arrieta Ayala; Estado Mayor de mi padre; Escolta de mi padre; Plana Mayor de mi padre; Regimiento de Ametralladoras.
Tal era la situación de la División de Durango el 16 de junio de 1916, jefaturada por mi padre desde el primero de agosto de 1914 hasta el 5 de marzo de 1917, misma que contaba para esa fecha con 273 jefes, 1,347 oficiales y 1,949 elementos de tropa. Cabe considerar que mi padre me platicaba que sus tropas llegaron a estar formadas por diez mil hombres, sobre todo cuando el año de 1916 salió de Durango a Chihuahua a combatir el avance norteamericano.
“Mano Mingo” llegaron a llamar sus hombres a mi padre, que es apócope de “Hermano Domingo”, porque fue en todo momento un jefe que supo ser hermano de ellos y que supo siempre conducirlos a la victoria final en contra del porfirismo, del huertismo y del villismo. Hoy 18 de noviembre de 2003, he querido rendir homenaje a la memoria de todos los jefes, oficiales y tropa de la División de Durango, y desde luego que a la memoria de mi padre. ¡Gloria y honor a los que en buena hora ciñeron espada, pistola y fusil en la filas de la División de Durango!