“Para conocernos a nosotros mismos no hay necesidad de conocer la verdad o lo que no es la verdad.”.
Krishnamurti
ué es lo que busca la mayoria de nosotros? ¿Qué es lo que cada uno de nosotros quiere? Sobre todo en este mundo de desasosiego, en el que todos andamos en procurar encontrar la felicidad, alguna clase de paz. En este mundo sacudido por guerras, contiendas, luchas, no sin dejar de lado las necesidades cotidianas, la falta de empleo, la inseguridad y bueno ahora hasta la política se volvió un problema en lugar de ser el camino hacia la solución de los mismos. De esta manera, estamos en una permanente lucha por encontrar la solución a tanto problema que se nos presenta. Conocernos a nosotros mismos es una tarea que muy poco nos gusta, nadie desea conocerse a sí mismo, pues ello implica dolor; mas sin embargo, lo necesario y más importante es comprendernos. ¿Cómo comprendo a los demás si yo mismo no me comprendo?
Es esta búsqueda la que debemos estudiar cada uno en su interior, además, comprender nuestros deseos que con frecuencia nos traen las sensaciones por conducto de la mente, pues la mente sólo es ideas; el pensador es el pensamiento. Si soy mis pensamientos, y mis pensamientos no son diferentes a mí mismo, entonces no existe el que hace el esfuerzo por buscar y encontrar solución a tanto problema; simplemente hay que encarar el problema sin recurrir a la mente. Lo observamos, lo comprendemos y "los dejamos; ¡no"hay tal problema!
Otro problema para llegar a comprenderse uno mismo es el del dominio y la sumisión ¿Por qué es que dominamos, consciente o inconscientemente: el hombre a la mujer, la mujer al hombre, etc.? Hay dominación en formas diferentes y no sólo en la vida privada, también se da en los gobiernos. ¿Por qué inconscientemente deseamos dominar? Probablemente la mayoría de nosotros no nos damos cuenta de que dominamos en distintos niveles, no sólo en la familia, sino asimismo a nivel verbal; y también existe ese deseo íntimo de buscar poder, de buscar él éxito, todo lo cual es indicio de dominación. Esto sucede casi el ciento por ciento de nuestro tiempo pues permanentemente nuestra vida se desarrolla en relación con los demás. Lo que denominamos convivencia no es otra cosa que el deseo de dominar o someternos; entonces, la vida en relación es vivir en aislamiento, pues tanto el que domina como el sometido viven aislados; de esto nos damos cuenta sólo cuando estamos alerta.
¿El proceso de dominar no es, pues, un proceso de aislamiento? ¿Y no es esto lo que casi todos deseamos? La mayoría de nosotros cultivamos esto asiduamente. Porque estar abierto a la convivencia es doloroso, requiere inteligencia, honestidad y adaptabilidad extraordinarias, viveza, comprensión; y cuando no se da esto, tratamos de aislarnos. ¿Y no es el proceso de dominio un proceso de aislamiento? Evidentemente lo es, pues es un proceso de encierro en uno mismo. Y cuando estoy encerrado, encasillado en mi propia opinión, en mis propios deseos, en mis propias ambiciones, en mi afán de dominar, ¿hago acaso vida en relación? Así pues, nuestro deseo inconsciente en la vida de relación es buscar seguridad, no sufrir daño, encontrar refugio; y cuando eso se desbarata, nuestro anhelo no se cumple, entonces empezamos a aislarnos. Y este temor que lleva al aislamiento asume también otra forma, pues no sólo existe el deseo de afirmar, de dominar o de ser sumiso, sino que en este proceso de aislamiento existe también la conciencia de estar solo, de ser solitario.
Casi todos estamos aislados, vivimos en nuestro propio mundo, aun cuando estemos relacionados. Es más, estando casados y teniendo hijos, vivimos en nuestro propio mundo. Y ése es un mundo muy solitario. Es un mundo doloroso, con ocasionales destellos de alegría y diversión, felicidad y otras cosas: pero es un mundo solitario. Para escapar a eso, tratamos de ser algo, tratamos de afirmarnos, de dominar. De ahí que, para esquivar lo que somos, la dominación se convierte en un medio por el cual podemos huir de nosotros mismos.
Si podemos observar este proceso en nosotros, no con ánimo condenatorio, sino comprendiendo por qué tenemos ese extraordinario deseo de dominar o de volvemos muy sumisos: si podemos damos cuenta de ello sin sentido alguno de hacer lo opuesto es posible que experimentemos de un modo real ese estado de aislamiento del cual tratamos de huir: y entonces podremos resolverlo. Es decir, cuando comprendemos algo, nos liberamos de ello. Solamente cuando no comprendemos es que hay temor. Debemos, pues, simplemente observar, vigilar silenciosamente este proceso que opera dentro de nosotros, Observemos con desenvolvimiento todo el fenómeno, encontraremos que cuando no hay condenación, cuando no emitimos juicios, ni justificación para nuestro dominio, el fenómeno empieza a resolverse sin obstáculos. Así, empezamos a ver todo lo que implica no sólo la dominación personal, de un grupo, sino también 1a de carácter público, la dominación de un partido-ideología y así sucesivamente. El conocimiento de uno mismo es esencial para cualquier clase de comprensión.
Nuestro compromiso con los vecinos del fraccionamiento Aztlán no concluirá hasta que se pavimente la calle Florida ¡Cientos de familias se lo agradecerán, Señor Presidente Municipal! Agradecerá sus comentarios a: [email protected]