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Editoriales

José Ángel Ceniceros Andonegui

ENRIQUE ARRIETA SILVA

José Ángel Ceniceros Andonegui adviene a este mundo en nuestra ciudad de Durango en el año de 1900 y fallece en la capital de la República en el año de 1979.

Es profesor normalista y licenciado en derecho por la Escuela Libre de Derecho de la ciudad de México, habiendo sido distinguido por la Universidad Nacional Autónoma de México con el grado de doctor en derecho. En estos dos centros educativos de gran prestigio impartió cátedra.

Según datos que aparecen en Milenios de México, Hoja Casa Editorial México, Tomo I, 1999, páginas 540 y 541, de la autoría de Humberto Musacchio, desde los años veinte participó en la elaboración y redacción de leyes y reglamentos. Fue subprocurador General de la República, subsecretario de Relaciones Exteriores en el gabinete de Lázaro Cárdenas y encargado del despacho en 1935. En el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines (1952..58), se desempeñó como secretario de Educación Pública, siendo los tiempos en los que Ruiz Cortines soltó una fuerte represión contra el movimiento magisterial encabezado por Otón Salazar. Fue también director del periódico “El Nacional” y autor de numerosos ensayos jurídicos, entre los que pueden mencionarse “El Derecho Penal en la Rusia Bolchevique” (1925), “El servicio militar obligatorio” (1933), “La inquietud educativa” (1934), “Discursos” (1935), “La actitud de México en sus relaciones internacionales” (1936) y “Martí: la tragedia como destino glorioso”.

Es de hacerse notar que José Ángel Ceniceros es uno de los durangueños que más ha alcanzado a ocupar puestos muy importante a nivel nacional y que sin embargo durante varios sexenios intentó alcanzar la gubernatura de Durango sin que lo hubiera logrado, por circunstancias que ignoro. Dicho está por José Ortega y Gasset, y está bien dicho: “yo soy yo y mis circunstancias”. Pero que tenía carrera política y la preparación suficiente, aunque no tal vez el arraigo suficiente por haber transcurrido gran parte de su vida en la capital de la República, eso ni quién lo dude.

Su obra jurídica es de la mayor importancia y trascendencia, a tal grado que deja honda huella, tan honda que permanece viva y que viva permanecerá por muchos años. Luis Garrido, al pasar lista de presente a las manifestaciones editoriales sobre Derecho Penal, escribe de José Ángel Ceniceros: “El licenciado José Ángel Ceniceros ha publicado una interesante obra titulada “Trayectoria del Derecho Penal Contemporáneo”, en la que pasa revista a la evolución de los principales principios de la ciencia punitiva, terminando con un acucioso estudio sobre las modalidades del Derecho Mexicano, principalmente por lo que se refiere a las garantías individuales... Sin duda alguna, la conciliación que representa el esfuerzo de Ceniceros entre el pasado y el futuro del Derecho Penal, conforme a un sano concepto evolutivo de las instituciones, es de verdadero valor para el avance gradual de la legislación y la científica aplicación de la ley”. (Notas de un penalista, México, Ediciones Botas, 1947, páginas 119 y 120).

Uno de sus mayores aciertos es haber fundado con otros destacados penalistas la revista Criminalia en el año de 1934, se constituyó como órgano de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, misma que hasta la fecha, es decir, octubre de 2003, sigue editándose con tal carácter, por lo que puede decirse que Criminalia y la Revista Jurídica Veracruzana, que es el órgano de difusión del Poder Judicial de aquel estado, son las revistas jurídicas de mayor existencia en el panorama jurídico mexicano, junto con la Revista de la Facultad de Derecho de México, que arranca desde la Escuela Nacional de Jurisprudencia.

Si José Ángel Ceniceros Andonegui fue el principal animador de la fundación de Criminalia junto con Francisco González de la Vega, y si en una exploración que pude hacer en la colección de Criminalia que existe en la Facultad de Derecho de la UJED (buena, por cierto), lo encuentro figurando como su director en el año de 1938, es muy posible que haya sido su director fundador, pero si tal deducción no fuera correcta, cuando menos puedo afirmar como resultado de la exploración efectuada que José Ángel Ceniceros Andonegui dirigió Criminalia desde 1938 hasta el año de 1971, o sea, por treinta y tres largos años, siendo hasta la fecha quien más se ha identificado con Criminalia y quien más permanecerá identificado, pues esos treinta y tres años son en verdad imposibles de superar.

Por ello no falta a la verdad el jurista uruguayo Dr. Armando Camaño Rosa cuando escribe en el número 4, de abril de 1952, página 232, de Criminalia, que: “Justo es reconocer que si la jerarquía intelectual de esta revista tiene el alto nivel de sus colaboradores, su organización, su vitalidad y su constante superación se deben al esfuerzo de su infatigable director, el doctor José Ángel Ceniceros, recia personalidad que anima y penetra toda la obra. Ceniceros se identifica con “Criminalia”, pero esta hija dilecta de su espíritu sólo refleja una faceta de sus múltiples actividades (abogado, político, diplomático, escritor, penalista, tratadista, profesor, etc,), donde siempre se ha destacado dentro y fuera de fronteras” .

J. J. González Bustamante, en artículo publicado en Criminalia, número 5 del mes de mayo de 1950, página 178, con motivo de las bodas de plata de la recepción profesional de Ceniceros, lo considera entre los primeros juristas de América, por méritos propios, y dice que desde pequeño sintió en sus carnes los punzantes cardos de la incomprensión y de los sinsabores en su provincia lejana de Durango, donde la tierra y la naturaleza se muestran hoscas y poco propicias para entregarse a quien las reclame.

Además de dirigir Criminalia, Ceniceros la nutría con sus artículos y ensayos cuando así era necesario, como en el número 1 de 31 de enero de 1963, en el que publica “Glosas Constitucionales”, “El prevaricato, delito de abolengo”, “Amor y confianza en el azar”, “El turismo y los servidores de Birján” y “La ponografía en la literatura”. Por cierto, ahora que se pretende legalizar los casinos y otra serie de juegos de azar, pertinente consulta, recordar lo que escribe Ceniceros en su artículo “El turismo y los servidores de Birján”: “La psicología del mexicano orientada a buscar en los golpes de fortuna su bienestar económico es de tal manera disolvente que aleja la realización del ideal de que el hombre puede prosperar merced a su esfuerzo continuado y fecundo. El juego y la apuesta fomentan, además, la perversión moral de los individuos, pues sabido es que en los círculos, casinos y carpas donde se juega se alienta la excitación de los jugadores con el gran consumo de bebidas alcohólicas y se les deprava con la lujuria y otros vicios. A veces los juegos ilícitos van acompañados de espectáculos sanguinarios y bárbaros como las peleas de gallos, que minan el sentimiento humanitario del hombre”. (página 21 ).

El caso de Criminalia es excepcional también por otro motivo muy importante. Es el único caso que conozco de una revista que dé a luz a una academia, en este caso a la Academia Mexicana de Ciencias Penales, pues primero se fundó la revista y a los pocos años después la Academia, cuando casi siempre o siempre es al revés: primero se funda una academia y después la revista que será su órgano de difusión.

Si en el caso de Criminalia, la intervención en su creación de Ceniceros y de González de la Vega es fundamental, lo mismo pasa con la fundación de la Academia, en la que ambos figuran como principales animadores al lado de otros juristas de bastante consideración como Alfonso Teja Zabre, Raúl Carrancá y Trujillo, Luis Garrido, Emilio Pardo Aspe, Carlos Franco Sodi, José Ortiz Tirado, Javier Piña y Palacios, Francisco Argüelles (también durangueño), José Gómez Robleda y José Torres Torija. Todos ellos ya se fueron a otras dimensiones, pero no sin antes dejar honda huella en el campo del Derecho Penal mexicano.

No hay que olvidar que en pleno año de 1968, 9 y 23 de septiembre para ser más exactos, tuvo el valor civil de opinar públicamente en “El Universal”, como miembro de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, que debía de derogarse el artículo 145 del Código Penal, que establecía el tan odiado, anticonstitucional y antidemocrático delito de “disolución social”.

Por lo que hace a su tarea como autor de elaboración y redacción de leyes, baste traer a cuento el Código Penal de 1931, en cuya redacción tomó parte principalísima como comisionado del Ejecutivo federal a cargo de Pascual Ortiz Rubio, junto con don Alfonso Teja Zabre y don Carlos L. Ángeles, comisionados ambos por el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal; así como otros comisionados como don Ernesto O. Garza por los jueces penales y don José López Liva por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Es precisamente en esta experiencia redactora que basa su discurso de ingreso con el título de “Doctrina del Código Penal Mexicano”, como Miembro de Número de la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación correspondiente de la de España, el 28 de octubre de 1976, mismo que fue contestado por el Dr. Antonio Carrillo Flores.

Nunca se me presentó la honrosa oportunidad de tratarlo personalmente, pero sí telefónicamente, cuando me dirigí con él para solicitarle su colaboración con un ensayo para la Revista de la Facultad de Derecho de nuestra Universidad Juárez, a lo que accedió gentilmente y de buena gana, enviando precisamente su discurso de ingreso mencionado en el párrafo anterior, el cual recibió su debida divulgación junto con el discurso de Carrillo Flores en el número 4, correspondiente al semestre julio-diciembre de 1976, páginas 141- 167 de nuestra publicación. Sería bueno y deseable que nuestra universidad, a través de la Facultad de Derecho, valiéndose de su colección de Criminalia, editara una recopilación de sus ensayos como homenaje a su memoria y como valiosa herramienta en la formación de nuevos abogados y juristas.

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