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Talento verdadero

Juan L. Simental

Fotos: Jorge Valenzuela Favela |

El Siglo de Durango

Entró serio, tímido, con un traje azul y corbata en tono gris, que resaltaban la reserva inicial de su semblante. Tenía frío, trataba de calentarse los dedos juntando las manos junto a la boca; esto provocó la risa de algunos –pocos- de los asistentes, que terminó cuando se escucharon las primeras notas del piano Steinway.

Adrián Franchi, quien ha recorrido cuatro continentes con las notas de su piano a cuestas, llenó el Teatro Victoria la noche del miércoles 17 de diciembre, y 17 son, justamente, los años que tiene apenas, pero son suficientes para dar muestra del arte que lleva en la sangre, por herencia o por un genio particular e íntimo.

Llegó la primera pieza de esa noche y desde el principio se robó la atención de todos. Sus largos dedos, como acariciando las teclas, dieron cuenta de que para hacer el sonido es necesario entregarse con él, pues al que escucha debe llegar lo que el artista es. Al terminar, el aplauso fue unánime, y ya no hubo quien riera por el frío de sus manos.

Enseguida la presentadora hizo la mención especial de uno de los grandes talentos que Durango ha ofrecido al mundo: Claudio Herrera Noriega, pianista y compositor, quien a los casi doce años se entregó todo al instrumento que le llevó al arte y que ha llenado su vida desde entonces.

En esta ocasión acompañó a Adrián la Orquesta dirigida por Rafik Nanian. La música que interpretó el joven maestro es “una fusión del pasado con el presente”, quien, luego de que “ya dominó lo clásico, ahora incursiona en la sofisticación de lo simple y puro”.

Podría haber el riesgo de pensar que la mejor referencia del joven pianista (joven en edad) es el nombre de su padre (Claudio Herrera Noriega), sin embargo, Adrián Franchi demostró que su mejor carta de presentación es el arte que entrega con sus manos; es el sentimiento que vierte en cada nota; él se muestra a sí mismo, como lo hace el artífice que está en el proceso de su propia hechura.

ARQUITECTO

Todas las piezas interpretadas por Adrián son de la autoría del maestro Herrera Noriega, quien transmite también su propia experiencia de la música.

Claudio Herrera estaba por cumplir los doce años cuando llegó a su casa un piano alemán que su madre encontró abandonado en un rancho, y que luego compró. Cuando el joven Claudio lo contempló, perdió hasta el gusto de salir a jugar con sus amigos, además, claro, de ir a la escuela. Fue como el cruce con el destino que eligió; el resto de la historia es de todos conocido.

En la música que ahora entrelaza dos vidas, la del padre y la del hijo, es posible apreciar el gusto personal e íntimo de quien hace de la composición y la interpretación un placer entrañado, y que arriba del escenario cumple con la cuota generosa del artista, de integrar a los oyentes en su experiencia particular.

El pianista “se convierte en un arquitecto del tiempo, que cuenta una historia que inspira a las próximas generaciones y enseña lo sublime de los simple”, manifiestan con acierto las palabras que presenta a Adrián.

DIÁLOGO

¿Qué sucede con el artista al momento de que entrega sus notas como lo hace Adrián?

Se le puede mirar casi ausente, casi suspendido del entorno que le rodea, como el que en la soledad encuentra la musa que da el sentido y abre el cauce a lo que el alma ya no puede aprisionar; en él se llama música, y a través de ella entabla el diálogo mejor con el que es posible conocerle un poco más.

En Adrián Franchi hay mucho de sentimiento, y su personalidad revelada parece la historia de alguien que se hace presente entre los demás, se deja ver, pero siempre a través de su propio sentido interno; es decir, él establece el lenguaje con el cual quiere ser descifrado.

El joven intérprete hace suyas las piezas y el sentimiento que fueron la inspiración del otro, y con ellas destila melancolía y la profundidad de su sentido musical.

El que sabe escuchar hace de la música de Adrián y de Claudio una experiencia vital, y transforma el sonido en el recorrido de quien ha conocido el mundo y sabe de paisajes y los va pintando a través de sus teclas. Esta música es la vida, simplemente, que fluye con la personalidad de quien la hace libre y de todos.

En esa noche otro genio hizo de la ocasión un acontecimiento memorable. El maestro Rafik Nanian llevó a su Orquesta por el mismo andar y estableció el vínculo que construye la armonía.

Fue imposible sustraerse al encanto del toque pausado y sentido del piano, al tiempo que el primer violín y el chelo o la flauta o las cuerdas completas, hablaban con el mismo acento. Quien sabe del disfrute de la música bella –que no es tedio-, encuentra en la feliz unión de un piano y una orquesta un motivo para el goce y, por qué no, para dejarse conmover.

INESTIMABLE

Adrián Franchi, con sus 17 años y su música, dejó constancia de que, por herencia o por su genio particular, el talento que lleva sobre sí hace inestimable su contribución, como la de su padre y la de otros tantos, que han hecho del arte una experiencia universal.

RELACIONADA / DEDICACIÓN

Entre la innovación y la herencia

Adrián Franchi comenzó a estudiar el piano a los cinco años de edad, en el Conservatorio de Troyes, en Francia; a los 11 y 12 años ganó un primer lugar en París.

Posteriormente continuó su estudio y entrenamiento con un excelente músico y compositor de Durango, Claudio Herrera Noriega, su padre.

A los 15 años trae al público una música única, producto de una fusión clásico-pop. Al dominar lo clásico logra romper con la rigidez de esta educación para poder transmitir libremente sus avances como pianista en una música simple y apasionada.

Por su parte, Claudio Herrera Noriega ha estudiado con lo mejores alumnos de los grandes compositores Manuel M. Ponce, Maurice Ravel y Reniga Horowitz, en México, Italia, Francia y Ucrania. En 1991 ganó el Premio Internacional de Piano. (Más información www.adrianfranchi.com).

FICHA TÉCNICA

EVENTO: Recital de piano

INTÉRPRETE: Adrián Franchi

LUGAR: Teatro Victoria

PROGRAMA: “Barroco Íntimo”, “Encanto Sutil”, “Corazón Sensible”, “Canción Dulce”, Balada a la Luna”, Paisaje del Alma”, Adagio de Marcello”, Poema de Recuerdos” y “Sueño Barroco”

COMPOSITOR: Claudio Herrera Noriega

LO DESEABLE: Que la guitarra de Ernesto Reséndiz se hubiera escuchado cuando improvisó junto a Adrián

Escrito en: quien, Herrera, música, Adrián

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