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Durango

Con 300 años de sacerdocio

Luciano Valenzuela García | EL SIGLO DE DURANGO

A trescientos años de distancia, el Seminario Mayor Conciliar de Durango no sólo se ha consolidado como un semillero de sacerdotes diocesanos, sino que adicionalmente por sus aulas pasaron quince seminaristas que a la postre se convirtieron en obispos de la Iglesia Católica en México.

En tres centenarios, el Seminario sorteó el devenir de cada época histórica del país y del estado. Enfrentó las circunstancias políticas de la Independencia, la Reforma juarista, el porfiriato, la Revolución y la persecución religiosa de Plutarco Elías Calles.

Pero una procesión con los primeros cinco seminaristas –con sus mantas y becas-, un 5 de abril, que era Domingo de Ramos de 1705, había marcado la historia sacerdotal en la Arquidiócesis de Durango.

Datos históricos revelan que el obispo de la Nueva Vizcaya, como se conocía en ese entonces a la jurisdicción eclesial de esta localidad, Manuel Escalante Colombres y Mendoza, inició en 1703 el proceso de fundación del Seminario.

Pero, dos años después, el obispo Ignacio Diez de la Barrera y Bastida de Bonilla concretó la fundación de lo que en ese entonces se conoció como el Colegio del Seminario.

La administración y formación del Seminario pasó a cuidados de la Compañía de Jesús y para 1720 la institución ya contaba con cátedras de Teología Moral y Lengua Mexicana.

La administración jesuita duró 46 años, luego de que el rey Carlos III determinó la expulsión de la Compañía, lo que generó un colapso en el proceso de formación; dejo de ser llamado Colegio del Seminario y sólo quedó en Seminario.

Para ese entonces, la institución formadora de sacerdotes estaba ubicada en lo que actualmente se conoce como el Edificio Central de la Universidad Juárez del Estado de Durango y la capilla de los seminaristas se localizaba en el Templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.

CIRCUNSTANCIAS POLÍTICAS

En el tiempo de la Independencia, las circunstancias políticas del momento imprimían riesgos; incluso, el 9 de septiembre de 1824, el Seminario tuvo que prestar un juramento para reconocer la soberanía y la independencia del estado de Durango.

Los gobiernos del México independiente buscaron un acuerdo con la Iglesia Católica, de tal suerte que hubo algunos beneficios que redundaron en mejorar los niveles académicos y culturales.

Sin embargo, llegaba un revés. En 1861, en pleno auge de la Reforma juarista, el inmueble del Seminario –hoy Casa Central de la UJED- fue quitado por el Gobierno del Estado. Nunca más sería recuperado.

Para el periodo revolucionario, el instituto formador de sacerdotes diocesanos se ubicaba en la calle Francisco Sarabia y Analco; en esta época estuvo el padre Nicolás Hernández, un sacerdote reconocido por sus aportaciones a la Iglesia, así como el presbítero Antonio Delgado, entre otros.

LA PERSECUCIÓN

Hacia el año 1922, las cosas parecían cambiar y el Seminario fue establecido en la esquina de Aquiles Serdán e Hidalgo, donde actualmente se localizan las oficinas de la Comandancia de la Décima Zona Militar.

Entonces llegaba la época de la persecución religiosa, y para 1926, los seminaristas tuvieron que emigrar a México; tales son los testimonios de los padres Juan Alcázar, Antonio Delgado, Nicolás Hernández y otros.

Un año después, en 1927, algunos seminaristas fueron enviados a continuar con sus estudios en España, entre los cuales figuraron Francisco Ferreira, Luis Solís y Buenaventura, mientras que otros fueron a Roma, como Felipe Pérez Gavilán, Manuel Ferreira, Nicolás Hernández y Ángel Andrade.

Para 1929, el Seminario funcionaba en la calle Independencia número 132 sur; después, en 1931, pasó a la casa que en ese entonces se conocía como La Trinidad, ubicada en Fanny Anitúa, y allí permaneció hasta 1934.

Entre la década de los treinta a los sesenta, continuaron diversos acontecimientos; sin embargo, el más significativo fue el Concilio Ecuménico Vaticano II, que a final de cuentas fue un parteaguas en el proceso de formación sacerdotal.

NUEVA SEDE

En medio de las expectativas del Concilio Vaticano II, se puso en marcha la nueva sede del Seminario Conciliar de Durango, ubicado por la carretera a Torreón –hoy bulevar Francisco Villa-. Éstas eran las épocas del gobierno eclesiástico del arzobispo Antonio López Aviña.

Actualmente el inmueble tiene dormitorios debidamente acondicionados para los seminaristas y algunos catedráticos; el anterior arzobispo, José Trinidad Medel Pérez, habilitó la sala audivisual y hay una biblioteca en proceso de mejoramiento.

Además hay canchas deportivas y el comedor donde se lleva a cabo la convivencia cotidiana de los estudiantes.

En estos momentos, existen alrededor de 220 sacerdotes diocesanos que ejercen su ministerios y que han salido de las aulas del Seminario Mayor, mientras que cinco decenas de estudiantes aún cursan su proceso de formación.

AÑO JUBILAR

El arzobispo Héctor González Martínez dijo que el Seminario ha entregado a la Arquidiócesis de Durango y a la sociedad sacerdotes edificantes en el saber, en la santidad y en el ministerio.

Los ministerios de Juan Manuel Ferreira, Nicolás Hernández Izurieta, Casiano Fernández, destacados por su sabiduría, son botones de ejemplo de la aportación del Seminario.

Los padres Luis Bátiz, Mateo Correa, Apolinar Ruiz, Margarito Barraza, Luciano Ravelo y Emilio González sobresalieron por su valor en la época de la persecución religiosa.

Desde el 25 de diciembre, el arzobispo González Martínez emitió un decreto episcopal con el cual se promulgó la celebración del jubileo del Seminario, mediante el cual se ha invitado a todos los fieles católicos a revivir la memoria histórica de esta institución.

El jerarca católico destacó que el Seminario no es una isla dentro de la vida eclesial de Durango, sino que es el corazón, es la raíz que sostiene a la Iglesia particular.

SEMILLERO --- anexo ---

Galería de obispos

Desde su fundación, a pesar de las diversas circunstancias y épocas políticas que se han presentado en los últimos 300 años, la formación seminarista continúa, y ha formado a varios obispos.

q José de Jesús Guzmán.

q Nicolás Pérez Gavilán.

q Filemón Fierro Terán.

q Francisco Uranga Sáenz.

q Ignacio Valdespino y Díaz.

q Jesús Villarreal.

q Francisco Ferrerira y Fierro.

q Miguel García Franco.

q José de la Soledad Torres Castañeda.

q Antonio López Aviña.

FUENTE: Biblioteca del Seminario Mayor.

RECUENTO --- relacionada ---

Ex alumnos del Seminario

Seis obispos de la Iglesia Católica mexicana hicieron sus estudios en el Seminario Conciliar de Durango.

Nombre Responsabilidad

Norberto Rivera Carrera Cardenal y Arzobispo Primado de México.

Rafael Barraza Obispo de Mazatlán.

Manuel Mireles Vaquera Obispo de la Prelatura de El Salto.

Andrés Corral Obispo de Parral.

Juan de Dios Caballero Obispo Auxiliar de Durango.

Héctor González Martínez Arzobispo de Durango.

FUENTE: Investigación de El Siglo de Durango.

TESTIMONIO --- relacionada ----

Testigo de fe

Rezaba el rosario y fue sorprendido por soldados callistas que ejecutaban las órdenes de la persecución. Era año de 1926 y el seminarista Antonio Delgado Medina fue llevado prisionero a la Ciudad de México.

El padre Toñito, como era conocido, quien vivió en carne propia la persecución religiosa, fue un ejemplo del celo sacerdotal y un auténtico defensor de la fe.

Datos recopilados revelan que el padre Toñito, cuando era seminarista en lo que hoy son las oficinas de la Décima Zona Militar, fue detenido por soldados de ese entonces.

Y nunca desistió de su vocación. Tras su aprehensión y por las condiciones políticas del país, continuó sus estudios de seminarista en España y el 18 de agosto de 1929 fue ordenado sacerdote.

Hay una anécdota: en su primera canta-misa celebrada en Río Grande, Zacatecas, un acolito declamó una poesía. Se trababa de un niño de nombre José de la Soledad Torres Castañeda, quien posteriormente ingresó al Seminario de Durango y ahora está considerado como un obispo mártir.

El padre Delgado Medina murió el 10 de febrero del 2004, a la edad de 99 años y casi 75 años de vida sacerdotal.

Escrito en: Seminario, seminaristas, proceso, sacerdotes

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