Para Mayela del Carmen
El edificio que ocupa actualmente la Comandancia General de la Décima Zona Militar en Durango es uno de los inmuebles más antiguos que se conservan en la ciudad.
El inicio de su construcción, aunque imprecisa la fecha, se cree que data de los últimos años del siglo XVII.
El predio ubicado entonces en las orillas de la ciudad era propiedad del arcediano Francisco de los Ríos, quien lo heredó a los padres de la Compañía de Jesús. Éstos a su vez, en el año de 1702, lo entregaron al Cabildo Eclesiástico en pago de los diezmos acumulados que desde fines del siglo XVII tenían los padres jesuitas con la Diócesis de Durango en toda la Nueva Vizcaya.
En 1705 se inauguró el Colegio Seminario de San Pedro, para 1706 se encontraba ya construida la capilla, el refectorio y tres salones generales para la lectura de Teología Moral y Gramática, así como los demás espacios necesarios para el funcionamiento de la institución. El edificio era de una planta y sobre su puerta principal se había colocado el escudo real.
Para fines del siglo XVIII ya había sido terminado y adquirido la forma actual del edificio e, incluso, se describe como una casa toda de altos, marcos, arquerías y escaleras de cal y piedra.
En el edificio se contaba con aulas suficientes tanto para los estudiantes como para los maestros. Algunas accesorias de la planta baja se encontraban en arrendamiento y ayudan aún al sostenimiento del inmueble. Además, tenía una bien dotada y amplia huerta grande, con parras y árboles frutales.
COLEGIO DE SAN LUIS
Tras la expulsión de los jesuitas, en 1767, se dispuso que el Seminario operara en el edificio del Colegio de la Compañía de Jesús, por lo que no se conoce con precisión cuál fue la suerte del edificio del Seminario Tridentino, aunque es posible que ahí funcionara el desde entonces llamado Seminario Menor.
En noviembre de 1817, el señor obispo Juan Francisco de Castañiza Larrea y González Agüero dispuso que se creara el Colegio de San Luis, por lo que se destinó el edificio del Seminario Tridentino para tal fin.
Cuando en 1860, tras las leyes de Reforma, el Colegio Seminario fue transformado en el Colegio Civil del Estado y suprimida la formación sacerdotal, al pasar el inmueble a la administración del Gobierno, la Diócesis dispuso que los colegiales y sus maestros se concentraran en el Colegio de San Luis, para que de nueva cuenta, luego de 93 años, el edificio se destinara a la formación sacerdotal.
CUARTEL
En 1926, tras el estallido de la rebelión cristera y una vez ordenado por el Gobierno Federal el cierre de los inmuebles religiosos, el edificio fue ocupado por el Ejército, estableciendo allí uno de sus cuarteles en la ciudad de Durango.
Al término del conflicto, en 1929 y tras la reapertura de los templos, este edificio continuó en poder de las fuerzas armadas.
El arzobispo, Dr. José María González y Valencia, realizó de manera infructuosa numerosas acciones para lograr la restitución de este inmueble al clero de Durango, lo que no se logró debido, fundamentalmente, al estallido de nuevos levantamientos armados cristeros en el territorio de la diócesis.
En diciembre de 1962, por gestiones del arzobispo Antonio López Aviña, fue posible que la antigua capilla del Seminario fuera devuelta al culto católico. Hubo entonces que realizar algunos trabajos de albañilería para cambiar la puerta de acceso que se encontraba hacia el interior del cuartel, para trasladar la entrada hacia la calle de Independencia.
Se tuvieron que reparar los interiores que se encontraban sumamente dañados y, finalmente, el 18 de febrero de 1964, hace cuarenta años, se abrió de nuevo al culto bajo la advocación del santo dominico San Martín de Porres.
En 1990, bajo la dirección del presbítero Jesús Manuel Pérez Rivas, se continuaron los trabajos de hermoseamiento del templo.
FORMACIÓN SACERDOTAL
Uno de los principales problemas que enfrentaba la Iglesia secular en el norte de la Nueva España era justamente la falta de sacerdotes que pudieran ir atendiendo las diversas parroquias y templos que los misioneros franciscanos y jesuitas iban dejando, al concluir sus trabajos de evangelización de los naturales.
El Obispado de la Nueva Vizcaya no tenía la capacidad de atender las principales poblaciones ya evangelizadas y debidamente establecidas con colonos españoles y mestizos, por la falta de sacerdotes que se hicieran cargo de ellas. De allí que, una vez lograda la pacificación del territorio a fines del siglo XVII, se hizo más urgente la necesidad de contar con clérigos suficientes.
En 1702, el décimo obispo de la Nueva Vizcaya, don Manuel de Escalante Colombres y Mendoza, intentó fundar el Colegio Seminario de Durango, mismo que se pretendía instalar en la propiedad que la Compañía de Jesús había entregado ese mismo año, e incluso se designó como rector al Dr. D. Antonio García de Valdés.
El proyecto no prosperó debido a que no fue posible reunir a los maestros necesarios, ni los recursos para el sostenimiento de los estudiantes.
Unos meses después, en junio de 1703, el señor Obispo fue promovido a la diócesis de Michoacán y el proyecto fue abandonado, e incluso el propio Dr. García de Valdés acompañó al obispo Escalante a la ciudad de Morelia.
Don Ignacio Diez de la Barrera fue promovido como onceavo Obispo de la Nueva Vizcaya por SS Clemente XI. Aunque tomó posesión del mismo en mayo de 1705, su arribo se había realizado desde el mes de marzo y una de las primeras acciones que realizó, comprendiendo la problemática que significaba la falta de sacerdotes, fue reactivar el abandonado intento de establecer un seminario. Hizo levantar el acta correspondiente en la que se establecía con precisión el inicio de las actividades respectivas el 5 de abril de 1705, Domingo de Ramos.
Designó al Lic. José de Covarrubias como Rector del Colegio Seminario de San Pedro, como originariamente se le llamó, y en la fecha señalada fueron presentados los cuatro primeros alumnos de la naciente institución.
Los primeros años de funcionamiento fueron difíciles, y la construcción del edificio y a la manutención de los colegiales cada vez significaron una inversión mayor para el gobierno de la Diócesis, por lo que el Rey aprobó que aquél se anexara al Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús, lo que se hizo de manera formal hasta el 12 de noviembre de 1720; entonces se designó al edificio como Seminario Tridentino.
Aunque era operado por los padres jesuitas, éstos siempre mantuvieron separada la administración que correspondía al propio Colegio de la Compañía y a la formación de sacerdotes para la diócesis, e incluso durante el siglo XVIII mientras se concluía la construcción del Colegio Nuevo de la Compañía, se reunieron en el edificio del Seminario Tridentino todos los alumnos bajo la enseñanza de los jesuitas.
LA NUEVA CAPILLA
A fines del siglo XIX se determinó construir una nueva capilla para el Colegio Seminario, por lo que se encargó el proyecto al maestro cantero Benigno Montoya Muñoz.
Así se abocó a la construcción de este nuevo espacio en la parte posterior del segundo claustro del Colegio, construyendo una puerta de acceso del más puro estilo neogótico, que presagiaba la riqueza ornamental del templo. En 1898, el templo estuvo concluido y de inmediato fue abierto al servicio de los seminaristas.
Cuando el edificio fue cerrado unos años después, en el fragor de las luchas posrevolucionarias, pronto fue ocupado por el Ejército, con lo que la capilla quedó fuera de servicio y prácticamente en el abandono. Los usos a los que se destinó como bodega, dormitorio e incluso caballeriza, favorecieron que el edificio se deteriorara severamente.
A principios de los años sesenta, el entonces arzobispo de Durango, Dr. Antonio López Aviña, realizó gestiones para que esa parte del edifico fuera devuelta a los feligreses católicos y poder abrir un nuevo templo en la ciudad.
Los trámites finalmente fueron acogidos y se autorizó la devolución de este espacio a la feligresía, para lo que se tuvo que clausurar el acceso del edificio al interior del entonces cuartel y trasladar la puerta, con su fabuloso marco de cantera, para convertirla en la puerta de acceso por la calle Independencia.
Los trabajos de remozamiento y adecuación del templo se llevaron varios meses y, finalmente, el 18 de febrero de 1964 abrió de nuevo sus puertas a la comunidad la restaurada y rescatada capilla del Seminario, ahora convertida en el Templo de San Martín de Porres, quien recientemente había sido canonizado.
Los trabajos de restauración y rescate que se lograron hacer del templo permitieron que éste conservara el esplendor de la capilla neogótica, con sus característicos detalles en forma de flor de lis, que se repiten de manera continua. Se logró además recuperar el esbelto ciprés del altar mayor y todos sus detalles neogóticos que la caracterizan.
QUÉ VER
El Tempo de San Martín es una auténtica joya de la arquitectura neogótica en Durango. Se encuentra perfectamente integrado tanto en los detalles de carácter arquitectónico, como en su mobiliario.
A partir de 1990, el maestro ebanista Saúl García Franco empezó a elaborar el mobiliario de todo el templo, de acuerdo con un programa en seis fases diseñado por el Pbro. Jesús Manuel Pérez Rivas.
Así se unificaron los diseños de puertas, balaustrada, coro, cancel, candeleros, jardineras, reclinatorios, confesionario, repisas, hornacinas, sillas, bancos, escritorios, cómodas, e incluso los marcos de las imágenes expuestas. Todo fue realizado en finas caobas, lo que hace resaltar aún más los trabajos realizados.
Si visita el tempo en horas de oficina, pida permiso para tener acceso a este espacio, perfectamente integrado en el mismo estilo neogótico de todo el templo.
DATOS ÚTILES
El edificio del Antiguo Seminario no es posible visitarlo, debido a razones de seguridad, ya que en él operan actualmente las oficinas de la Comandancia General de la Décima Zona Militar, por lo que solamente es posible admirarlo por su exterior y no se permite fotografiarlo.
La Capilla del Seminario, convertida en el actual Templo de San Martín de Porres, se puede visitar diariamente de 9:00 a 13:00 horas, y de 17:00 a 20:00 horas. Con el debido respeto al espacio religioso es posible realizar fotografías.
CÓMO LLEGAR
El edificio del Antiguo Seminario Conciliar de Durango se encuentra ubicado en pleno Centro Histórico, en el crucero de las calles Aquiles Serdán e Hidalgo.
La capilla del Seminario, convertida ahora en Templo de San Martín de Porres, tiene su acceso por la calle de Independencia, en el número 105 Sur.
Para llegar desde la Plaza de Armas, siga hacia el poniente tres cuadras hasta llegar al Templo de San Agustín, y dé vuelta a la derecha dos cuadras más para llegar al antiguo Seminario.
MISIONEROS
La Compañía en México
La Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1534 y aprobada por el papa Paulo III en 1540.
Con su lema “Ad Majorem Dei Gloriam”, la orden se dedica a la propagación de la fe y a la enseñanza de la juventud. Sus miembros poseen una sólida formación académica y una férrea disciplina intelectual, basada en los Ejercicios Espirituales, escritos por el fundador.
Llegaron a la Nueva España en 1572, hasta 1588 se dedicaron principalmente a crear colegios; en 1589 inició su aventura misionera. Fueron elegidos por sus cualidades de hablar y aprender lenguas indígenas, tenacidad y abnegación, para catequizar a los nativos más belicosos del reino.
En 1767, después de residir 195 años en México, los jesuitas fueron expulsados de la Nueva España. El motivo: el temor y envidia que causaban a los gobiernos católicos de Europa por su poder, que se basaba en sus riquezas, conocimientos y perfecta organización. Carlos III, rey de España, los expulsó de todos los dominios españoles, incluido México.