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¡Aparece el legendario Toro!

Por Alberto Ballesteros Cárdenas

La activación de un explosivo permitió la devastación casi total de un extremo del Cerro de Mercado, pero además, dejó al descubierto evidencias que revelan que el mito transformado en la conocida leyenda de “El toro del Cerro de Mercado” podría estar basado en muchos más datos reales de lo que se cree.

Todo inició en una jornada normal en que ingenieros y obreros que laboran en la industria que tiene en este momento el derecho de explotación del mineral que abunda en este lugar, dirigían maniobras para la devastación de un montículo que a su vez representaba el extremo poniente del Cerro: se dispusieron los elementos técnicos necesarios para tal fin y todos, como sucede siempre en este momento culminante, aguardaron a escuchar la terrible explosión.

Pasada ésta y después de que la enorme y densa nube de polvo y tierra levantada violentamente con la explosión se disipo en el aire, fue entonces cuando los presentes pudieron apreciar una conformación ósea incrustada en las rocas del suelo, prácticamente integrado a la piedra: “Es muy clara la figura que se dibuja en esa superficie”, dijo el Ing. Severino Arreola. “Sin duda es animal y sin duda se trata de un toro, un toro de proporciones extraordinarias y al parecer de hábitos también extraordinarios, esto por los elementos encontrados junto a esta figura”, continuó diciendo el Ingeniero.

De acuerdo con los datos proporcionados por el entrevistado y por otras personas que no sólo atestiguaron este hallazgo, sino que participaron en el registro de la experiencia para la bitácora de la propia empresa, lo que se encontró fue una enorme figura de toro de 3.7 metros de largo: desde el nacimiento del rabo hasta la punta de la nariz y 1.8 de altura, sin incluir los cuernos. De entrada, se trata de un ejemplar de dimensiones singulares que difícilmente se pueden explicar.

Otro dato fue aportado por el Dr. Campuzano, especialista en el tema, quien después de valorar la morfología del dibujo óseo definió al toro entre los tipos “enmorrillado” y “calgueño”. Él explicó las razones para sustentar tal afirmación en términos de la forma y proporciones que guardan los diferentes constituyentes anatómicos del animal entre sí: cabeza, patas, barriga, cuello, lomo, etc. Claro que esta definición no dice mucho a quienes reconocemos los toros a nivel genérico, pero servirán para rastrear los orígenes de este caso.

Pero la sorpresa completa de ese día no incluía solamente la figura del toro incrustada en la roca, sino que adicionalmente se descubrió otro elemento que agrega sorpresa y misterio a la leyenda. Una leyenda que le otorga propiedades sobrenaturales y hasta demoniacas a esta bestia. Un toro negro que representa a la entidad maligna, al Diablo.

Este otro elemento lo constituye el hallazgo de la cueva que, de acuerdo con las características del lugar preciso en que se encontró, este toro sí habitó y que pudo ponerse al descubierto al remover los escombros y sobre todo la enorme plancha de roca en que se hizo el hallazgo.

Hasta ahora se puede tener certeza de que un gran toro habitó una cueva en el Cerro de Mercado. Quedaría pendiente -con relación a la leyenda-, demostrar que fue completamente negro, que echaba fuego por los ojos, que tenía los cuernos de oro y que cuidaba celosamente un vasto tesoro colocado en el interior de su cueva.

De cualquier manera la investigación continuará aportando resultados, que a decir verdad no preocupa mucho si la leyenda es completamente cierta porque de hecho ninguna lo es; al contrario, pareciera que es una interesante versión durangueña de aquel mito en que Pasífae hizo que Dédalo construyera una vaca en la que se introdujo para colmar sus deseos de ser poseída por el toro. De su cópula nació el Minotauro, señor del laberinto. Al parecer el laberinto es esa cueva de la que apenas se sabe la entrada pero que aún no se conocen los misterios ni las sorpresas que encierra, porque además, estaría también pendiente tener la certeza de que esas propiedades cuasihumanas de que habla la leyenda: salvaguardar la cueva y el tesoro y para ello ahuyentar a los intrusos arrojando volutas de fuego y chispas, no acercan a esta bestia más a un minotauro que a un simple toro enfurecido.

Escrito en: toro, cueva, enorme, leyenda

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