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La función de la autoridad

enrique arrieta silva

Desde que existieron dos seres sobre la Tierra y uno de ellos quiso imponer su voluntad sobre el otro, nació el fenómeno del poder para convertirse en un elemento esencial de la vida social. Desde que el mundo es mundo, hay quien o quienes quieren conquistar el poder, conservarlo o acrecentarlo, llámese rey, zar, papa, primer ministro, presidente o partido político.

De ahí que los pensadores de todos los tiempos y latitudes se hayan ocupado del poder y que la principal preocupación del constitucionalismo sea cómo limitar y equilibrar el poder en beneficio de la libertad humana, cuestión nada fácil pues la historia del poder es una historia de intrigas, traiciones, muertes y excesos.

Si el poder es fuente de preocupación constante, nada de extraño tiene entonces que la misma Biblia se ocupe de él, como así lo hacen ver los dos libros de Samuel, que se preocupan de manera principal por evaluar la autoridad política, resaltando la necesidad del poder, pero también lo peligroso que puede resultar para el pueblo.

La elaboración de los dos libros de Samuel data de 586-538 a C., no obstante lo cual son actuales, como actual es el poder y sus variadas manifestaciones, siendo en todo caso cuestión de adecuar sus reflexiones a los tiempos presentes y de esta manera tomar una posición crítica hacia la política y los políticos, que nos gobiernan o desgobiernan.Así por ejemplo, dice Samuel que la autoridad es una mediación colocada entre Dios y el pueblo y su papel es hacer visible a Dios y su acción, pero la autoridad puede olvidarse de que es una mediación y oprimir al pueblo en lugar de servirlo y guiarlo hacia la realización de su proyecto histórico. Extrapolando esto al presente, puede decirse que la autoridad es una mediadora entre la democracia que todos declaran perseguir y el pueblo. Sin embargo, por igual puede embriagarse, y oprimir y explotar al pueblo al erigirse en absoluto, olvidándose de la democracia, como los reyes se olvidaban con frecuencia de Dios, a quien decían representar o mediar.

Los seres humanos estamos rodeados de tentaciones. Más todavía quienes tiene en sus manos el poder. No es malo tener tentaciones. Lo malo es ceder a ellas. No hay más que recordar a Sócrates, cuando un filósofo, queriendo molestarlo, le dijo que tenía la cara de todos los vicios, y él sin alterarse en lo más mínimo le contestó que sí, pero que él dominaba los vicios y no los vicios a él.

La primera tentación del poder político es la de brincarse las trancas y convertirse en absoluto o déspota, olvidándose de que en un sistema democrático, mandatario no es el que manda, sino el que obedece los mandatos del pueblo. La segunda tentación del poder político es la codicia, manifestada en la acumulación de riquezas, a veces disfrazada de motivos laudatorios, como sucedió con Saúl, primer rey de Israel, que se apropió de ovejas diciendo que eran para ofrecer sacrificios a Yavé, sólo que las ovejas eran demasiadas y constituían una fuente de riqueza. De esta clase de codicia, que acumula ranchos, playas, edificios y terrenos urbanos, sabemos demasiado los mexicanos. El poder, dice Samuel, es algo codiciado. Quien lo posee busca mantenerlo y quien no lo posee hace la lucha por conquistarlo. Samuel deja claro que la función de la autoridad es externa e interna. La externa es la función de organizar al pueblo para que defienda sus fronteras geográficas y preserve su identidad social, cultural y religiosa, para que no pierda su cuerpo ni su alma. Esta amenaza se extiende para nosotros los mexicanos, a lo largo de más de tres mil kilómetros de frontera norte.

La interna tiene que ver con la organización del pueblo para la promoción de la vida social de acuerdo con la justicia y al derecho.Finalmente toda autoridad política está frente a una disyuntiva: o está al lado del pueblo y sus necesidades y anhelos, o está al lado de los grupos poderosos para proteger sus intereses y sus privilegios.

O sea no hay más que dos sopas, y el pueblo puede ver fácilmente cuál sopa prefiere la autoridad en su función. Y no es que uno sea radical, sino que gobierno que no es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no es democrático; así de sencillo, así de fácil, así de claro, pues como también lo dice Samuel, cuando el poder se emplea para servir a los propios intereses, el poder se hace perverso; en cambio, cuando se utiliza en beneficio del pueblo, no sólo es instrumento de la democracia, sino también de Dios.

Estrados: Desde hace más de un lustro, nuestra autoridades civiles y militares están reprobadas en civismo, pues obran de esta manera tratándose de ceremonias cívicas. Se informan si asistirá el Gobernador o no; en caso de que así sea, asisten presurosos, planchaditos, peinaditos, es decir, emperifollados; de no ser así, envían en su representación a un funcionario de segunda, tercera, cuarta o quinta categoría, gordo y desabotonado. De seguir así, no me cabe la menor duda, terminarán enviando a un intendente y a un sargento, que chulos se verán en las estatuas de Miguel Hidalgo, Guadalupe Victoria y Juárez.

Escrito en: poder, pueblo, autoridad, Desde

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