No está usted para saberlo, ni yo para contarlo pero, sin decirle que éramos íntimos amigos, tuve la fortuna de contar con la amistad de Pedro Yerena y Juan Montoya ?que en gloria estén- y actualmente me dispensa la suya Mundo Miranda. Traté también a don Nicandro Mier durante muchos años, director de los Montañeses del Álamo, y a don José González Pérez, guía de los Gorriones del Topo Chico- los últimos también ya se encuentran al lado del Señor-. Ellos fueron los pioneros de la música norteña (creo tener el mejor álbum), y Pedro Yerena, como bien lo dice mi buen amigo Beto Flores García, es al bolero norteño lo que Javier Solís fue al bolero ranchero.
Los Montañeses del Álamo empezaron a grabar en la entonces Columbia, luego CBS y después Sony en el año de 1949. Los Gorriones del Topo Chico realizaron sus primeras grabaciones con RCA Víctor, en 1955 y en la misma fecha Pedro Yerena con la propia RCA. En los sesenta, bajo licencia de discos Del Valle, Juan Montoya apareció en los catálogos de Peerles, y lo mismo sucedió con Juan Salazar, que junto con los primeros están considerados los tres grandes del norte, cada uno con su peculiar estilo, pero todos, fieles intérpretes de esa música regional. Los discos de Pedro Yerena en RCA Víctor, se vendieron como ?pan caliente? en Colombia, Perú y Chile.
En virtud de que todos ellos eran muy solicitados en el norte de la República y el sur de Estados Unidos, estaban considerados los amos y señores, en forma tal que sus ingresos, comparados con los de los discos, eran altísimos. Por tanto, las grabaciones económicamente hablando eran secundarias, por lo que empezaron a trabajar en diferentes firmas, particularmente de Estados Unidos, y si buscáramos en los anales de la industria del acetato, tal vez fueron los primeros ?vetados? por CBS y RCA Víctor, en virtud de que dichas disqueras los consideraban exclusivos y fue así como desaparecieron del elenco de los monstruos del disco, no obstante que sus productos eran y siguen siendo un cheque al portador.
La cuna de la música norteña fue Monterrey y ahí se fundó y creció la más grande empresa del norte de la República: Discos DLV, con elementos de la altura de Ramón Ayala, Lorenzo de Monteclaro, Los Rancheritos del Topo Chico, don Rogelio Gutiérrez y Mario Saucedo, entre muchos otros. Continuó DISA, que fue más versátil en su repertorio. Desafortunadamente, a las dos las absorbieron los pulpos trasnacionales: DLV por EMI y DISA por Univisión, pero dejaron un legado que, como bien lo dice don Chava Rodríguez Remy, experto en el tema, les dejan mucho más sus éxitos originales, que los de ahora que se escuchan por unas semanas y no los vuelven a pedir.
Pero -y esto es el meollo de mi entrega de este día- a los regiomontanos ?no se les duerme?, y las figuras habidas en los sesenta en la Sultana del Norte se unieron: Pedro Yerena, Juan Montoya, Víctor y Fina, Homero Prado, Arnulfo ?El Coyote? Blanco, Los Gorriones del Topo Chico, Los Hermanos Prado, etc., y fundaron una sociedad cooperativa de producción, creando la marca ?norteño?, que atesoró lo que fue la época de oro de ese género. Sin embargo, pocos años después desapareció. Los mismos componentes se reagruparon y crearon el sello Del Bravo, que hasta la fecha explota Poncho Villagómez, uno de sus fundadores.
Le he platicado todo lo anterior, por la actitud que han asumido muchos artistas del momento, que ante los contratos leoninos de los emporios extranjeros, que les imponen un sinfín de condiciones, han optado por producir y comercializar sus propios discos, toda vez que sus contratantes les exigen hasta la manera en que deben peinarse, so pena de eliminarlos de presentaciones y promociones en canales televisivos y estaciones radiofónicas, y como todos son lo mismo, al cantante no le queda más que bailar ?al son que le toquen?, en detrimento hasta de su propio estilo, pues como bien decía Pedro Yerena: ?Yo canto lo que quiero y como lo quiero, y no ?La Cucaracha? en bolero, porque así me lo exige la compañía?.
Por tanto, la asociación de artistas, como lo hicieron aquellos a que me he referido, puede ser una buena alternativa para los jóvenes que apenas empiezan, especialmente los talentosos, que con autenticidad, pugnan por que no muera la música mexicana; que tratan de rescatarla para que no sucumba ante los corridos en voces engoladas que de lo único que hablan es de ?hierba, polvo y plomo? de ?Camelia la texana?, del ?pata de palo? y tanto mugrero, que lo único que hace es degradar al mexicano y empujarlos por los caminos de la delincuencia, en vez del romanticismo de nuestros compositores, orillando a los jóvenes, en tratándose de amores que se lleven a la novia a caballo o en una ?troca? (como dicen los chicanos) al estilo de Juan Charrasqueado; en vez de conquistarla con una bella serenata y con una canción de Ricardo Palmerín o Consuelito Velásquez.