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La figura del notario en la literatura universal

Eduardo Campos Rodríguez

Desde la escuela primaria hasta el final de nuestros estudios profesionales, al recordar a nuestros maestros espontáneamente lo hacemos con un sentido de retribución; por hoy la referencia específica es para quienes nos impartieron las clases de literatura, en las que tuvimos buenos maestros tales como el PROFESOR (así con mayúsculas) Rutilio Martínez Rodríguez y los Licenciados Agustín Ruiz Soto y Fernando Sonora Ríos. Del primero en mención, normalista y universitario, su sapiencia, aparejada con la sencillez que lo caracterizó, han sido plenamente reconocidas y justamente valoradas de acuerdo con su dimensión de hombre culto, en la acepción integral de esta palabra tantas veces mal aplicada. De Agustín Ruiz Soto, inolvidables serán sus cátedras cargadas de motivación elocuente, propias de todo un señor de la oratoria; breve se nos hacía el tiempo escuchando la grandeza de las letras españolas en la retórica vehemente de este maestro. Del Licenciado Fernando Sonora Ríos conservamos el recuerdo de su amplio conocimiento de la Literatura Universal, materia que impartía con enérgico proceder para que nosotros como alumnos aplicáramos nuestro mayor esfuerzo en asimilar el contenido de la misma; justo es recordar que el Licenciado Sonora, entonces Director de Turismo en la época que gobernaba el Maestro Francisco González de la Vega, nos obsequiaba boletos para asistir a los eventos artísticos y culturales de los cuales en el ejercicio de su encargo le correspondía realizar (obras de teatro, conciertos, espectáculos de ballet, opera, etcétera) y de nuestra parte teníamos la obligación de hacer una breve reseña de los mismos que nos servía para mejorar nuestras calificaciones. Era nuestro libro “Historia de la Literatura Universal” del autor Francisco Montes de Oca; el valor de este texto se sintetiza en que lo publica una de las empresas más prestigiadas del ramo editorial y que desde el año de 1959 va en su trigésima novena edición, dato este que ahorra extendernos en cualquier elogio a su contenido. Los comentarios antecedentes que en principio pudieran aparecer fuera de contexto del título de esta colaboración obedecen precisamente a que ha sido la literatura quien ha recogido la figura emblemática del notario público y no la historia que solamente nos revela antecedentes desde el momento en que comienza a surgir como figura jurídica. Nos preguntamos, así, ¿quien ha sido en el ámbito de la mitología el notario más antiguo de la humanidad? La respuesta la encontramos entre los documentos literarios más significativos del viejo Egipto; sobre esto Francisco Montes de Oca nos informa en las “Máximas de Ptahotep”, obra conocida como el libro más antiguo del mundo que, “al exhalar el hombre su último suspiro, se escapaba su doble hacia un misterioso mundo subterráneo, al que se llegaba tras un largo viaje lleno de peligros y asechanzas. Si acertaba a sortearlos, comparecía ante el supremo juez, Osiris, en cuya presencia tenía que justificarse. Thot, el escriba de los dioses, pesaba en una balanza el corazón del difunto junto con una pluma, símbolo de la justicia, pero el resultado pendía tanto del género de vida que aquél hubiese llevado, como de la exacta aplicación de fórmulas mágicas. El libro de los muertos era el código que contenía esas fórmulas y las preces que había de necesitar el alma en su vida de ultratumba hasta alcanzar un lugar en la existencia inmortal.” Thot daba fe de los hechos, como primer escriba de la humanidad. Otra referencia a la figura del notario la encontramos en la gran epopeya escrita por Homero en “La Iliada” en cuya obra se atestigua que, según el Génesis, Abraham compró a Efrón una sepultura para enterrar a Sara, cuya compra se realizó actuando como fedatario una parte del pueblo reunido en asamblea, datos que nos revela Froylán Bañuelos Sánchez, en su libro “Historia y fundamentos del Derecho Notarial.” Con lo anterior queda una vez más demostrado que la figura del notario es no solamente milenaria sino también universal, datos que significan un compromiso mayor para quienes actualmente ejercen esta profesión profundamente humanista y cuyas raíces se insertan en la mitología ancestral.

Escrito en: figura, notario, libro, cuya

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