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Vamos a rezar

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Como resultado de las acciones emprendidas por el Gobierno Federal en contra de la llamada delincuencia organizada, el temor entre la población civil es evidente y la realidad es que no es para menos, luego de ver los enfrentamientos entre bandas rivales de delincuentes, de éstas contra fuerzas del orden de los tres niveles de Gobierno y, lo peor de todo, que han tomado a todo el territorio nacional como área para dirimir sus diferencias.

No importa que sea la zona rural, la zona serrana o la mancha urbana de cualquier estado del país; dondequiera se tienen enfrentamientos, ajusticiamientos, decapitados, secuestrados, “levantados”, venganzas y ajustes de cuentas. El común denominador, es la pérdida de vidas.

Ante ello, algunos sectores productivos y sociales han tratado de elevar su voz en son de protesta o pidiendo mayor ingerencia y determinación por parte de los cuerpos policiacos y de los gobiernos Federal, Estatal y Municipales, pero lo hacen en voz baja, como queriendo que no se sepa quién es el que se queja, lo que demuestra el temor que priva en todos los sectores de la población.

Con referencia a otros temas, se ha escuchado a la iniciativa privada en diversas ocasiones exigir soluciones, se han manifestado los empresarios como férreos defensores de los derechos de sus agremiados y hacen bien.

Los comerciantes e industriales, lo mismo que los clubes de servicio, las mujeres profesionistas y otras agrupaciones de la sociedad civil, se han desgarrado las vestiduras en innumerables ocasiones cuando se trata de defender sus derechos y los de los suyos; hacen bien, para eso están.

Pero en el caso de la delincuencia organizada y las miles de víctimas que la lucha contra ese ente criminal ha arrojado, son pocos los que hablan. Tiene miedo la mayoría de los ciudadanos.

Y es que “delincuencia organizada” todo el mundo sabe qué hace, pero nadie sabe quién es y por ello el temor a abordar el tema, porque nadie sabe con quién esté platicando de ese difícil y peligroso episodio que en estos días se padece a nivel nacional.

El estado de Durango se encuentra en el entorno nacional y por ende no podía quedar fuera del escabroso tema, desgraciadamente las calles de esta ciudad capital, las carreteras que la unen con otros municipios, varias poblaciones en diferentes partes del estado, la Zona Sierra y los Valles, han sido escenarios de cruentos enfrentamientos que han enlutado a decenas de familias, al grado que hay municipios donde se han autoimpuesto el toque de queda.

Pero hasta el momento nadie se había atrevido a manifestarse abierta y masivamente en pro de la paz y la tranquilidad de las familias durangueses. Ahora lo hizo la Iglesia.

Sí, fue la Iglesia, que entre sus preceptos tiene el velar por el bienestar de la familia, de la seguridad, la justicia y la paz. Es un buen gesto el asumido por monseñor Héctor González Martínez al organizar y llevar a cabo hoy una procesión contra la violencia, sin duda que la respuesta que tendrá el Arzobispo de Durango a su llamado será significativa, ya que todos los durangueses que quieren vivir en paz y con seguridad solamente esperaban un llamado a manifestarse y qué mejor que sea el pastor de la grey católica en Durango el que lo haga.

Otro punto a favor de esta procesión es la forma en que se hace el llamado; no es de protesta, no es de dolor, no es en contra del Gobierno o de los organismos policiacos o del Ejército; bueno, no es ni siquiera en contra de los integrantes de las bandas que integran la llamada delincuencia organizada. Es una invitación a rezar; a rezar por la paz y la tranquilidad de las familias duranguenses. ¿Sería usted capaz de no atender esta invitación?

Escrito en: nadie, delincuencia, quién, sabe

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