La traición se consuma en el cristiano por el pecado mortal
Todo pecado, incluso el venial, está relacionado íntima y misteriosamente con la Pasión del Señor. Por muy grandes que puedan ser nuestros pecados, Jesús nos espera siempre para perdonarnos en la confesión, y cuenta con nuestra flaqueza, los defectos y las equivocaciones.
Los evangelios
Levantaos, –dice Jesús a los que le acompañan en el huerto de Getsemaní-, ya llega el que me va a entregar. Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce apóstoles, acompañado de un gran gentío con espadas y palos (Mateo 26, 46-47): se consuma la traición. Judas fue elegido y llamado para ser apóstol por el mismo Señor, experimentó la predilección de Jesús, y llegó a ser uno de los Doce más íntimos. Jesús se quedó solo. Los discípulos han ido desapareciendo poco a poco. Pedro le seguía de lejos (Lucas 22, 54).
La oración de Jesús en Getsemaní
Señor, ¿cómo nos quieres tanto? ¿Cómo eres tan divinamente delicado con nosotros? Callas y nos dejas hacer. Nos liberas y nos dejas el campo abierto para que elijamos el camino y para que avancemos en libertad.
Tu lenguaje no es la amenaza sino el amor verdadero y permanente.
Siembras nuestra vida de señales para demostrarnos tu cercanía y nos sigues amando.
Al cabo de los años has acumulado tanto amor en nuestra vida que nos preguntamos anonadados por qué.
¿Cómo te empeñas en ser tan paciente con nosotros?
¿Cómo eres así: tan manirroto, tan derrochador, tan incomprensiblemente fiel?
Tienes las manos agujereadas y no sabes ni puedes retener nada para ti.
Lo tuyo es dar y darte siempre, del todo, con alegría, cada instante.