El filósofo y pensador italiano Nicolás Maquiavelo, nacido el 3 de mayo de 1469, fue autor de la obra mundialmente conocida y traducida a mas de 50 idiomas, El Príncipe, el cual es un tratado sobre cómo gobernar, es más vigente en nuestros dias y para muchos, encierra los secretos del arte de mantener el liderazgo.
Hijo de Bernardo dei Niccolo Macchiavelli, jurisconsulto, y de Bartolommea dei Nelli, una dama muy bella e instruida, Niccolo Macchiavelli, su verdadero nombre, nació en Florencia, Italia, en una época en la que su país era una de las potencias más poderosas bajo el mandato de Lorenzo de Medici.
Tras la caída de dicho gobernante en 1494, Nicolás se integró al servicio público para desempeñarse como oficial de la República Libre de Florencia, para después de cuatro años de servicio ser nombrado canciller y secretario de la Segunda Cancillería.
Fue en este periodo que Maquiavelo jugó un rol importante en los asuntos de la República; su primera misión en 1499 fue para Catherina Sforza, dama de cuya conducta y suerte, él extrajo la moraleja de que es mejor ganar la confianza de la gente que confiar en la fuerza, concepto importante para el filósofo.
En 1500 fue enviado a Francia para convencer a Luis XII de continuar la guerra con Pissa, soberano que en su política con respecto a Italia cometió los cinco errores capitales del poder, después resumidos en su obra El Príncipe.
A la muerte del papa Pio III, en 1503, Maquiavelo es enviado a observar la elección del sucesor, momento en el que advirtió las maniobras de César Borgia para forzar la elección del papa Julio II, uno de los cardenales que más temían al duque.
Al comentar sobre la elección, Maquiavelo afirmó que quién pensara que los favores harían que los grandes personajes olviden ofensas pasadas, se engañan a sí mismos: Julio no descansó hasta ver a César en la ruina.
Otros personajes que el filósofo estudió fueron Fernando II de Aragón, a quien concibió como el hombre que conseguía grandes conquistas bajo el manto protector de la religión, pero que en realidad desconocía los principios de la piedad y la humanidad.
Distinguido también como tratadista y crítico militar, público obras muy notables de este carácter como El Arte de la Guerra, Ordenanza de la Infantería y Ordenanza de la Caballería; también destaca su Discurso sobre las Décadas de Tito Libio.
Su obra fundamental, que además ha perdurado a través del tiempo, dando siempre lugar a las más encontradas opiniones, es El Príncipe, libro que encierra un cuanto de filosofia práctica y reglas de gobierno que podría apetecer cualquier jefe de Estado.
Dicha obra ha tenido apologistas entusiastas, como Gentile, Alfieri, Wicouefort, Gobineau y Nietzsche, y detractores implacables, a cuyo frente se hallan hombres como Saavedra, Fajardo, Voltaire, Federico de Prusia, Macaulay, Castelar y León Tolstoi.